Los hermanos sean unidos: ¿es así?

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
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19 de abril de 2018  • 01:45

La relación con nuestros hermanos, los que tenemos el privilegio de tenerlos, es sin duda muy especial y con características únicas que la diferencian de otras relaciones. La mayoría de los hermanos compiten y dicha competencia se produce a fin de ocupar un lugar.

La competencia puede ser:

  • a. Entre ellos.
  • b. Ellos con sus padres.

La relación entre hermanos es una especie de laboratorio para aprender a resolver diferencias y conflictos. Algunos pueden pelearse sin "separarse para siempre", es decir, sin terminar la relación. Somos nosotros, los papás, quienes necesitamos marcar la forma en que se van a relacionar los hermanos entre sí y con nosotros. Por lo general, el modo en que se relacionan los hermanos tiene que ver con la conducta de los padres y se comienza a diseñar desde la infancia.

Toda pelea entre hermanos es por el amor de mamá y de papá.

¿Cómo compiten los hermanos por ese lugar entre ellos y con los padres? Veamos algunas variables:

  • Hermanos que se llevan bien entre sí.
  • Hermanos que se pelean, lo cual no implica que haya un quiebre en su relación.
  • Hermanos que se llevan bien cuando los padres están presentes y se llevan mal cuando están solos. En este caso aun no han podido construir un vínculo entre ellos.
  • Hermanos que se llevan mal cuando los padres están presentes.

Los padres son los encargados de administrar estos diferentes tipos de relaciones para que la convivencia entre todos pueda darse en un clima ameno y de paz. La competencia tiene que ser saldada.

¿Qué pueden hacer los padres para ayudar a los hijos en su relación de hermanos?

1.Desarrollar el espacio de cada hijo

Es decir, brindarles singularidad. A veces, los padres deciden que los hijos hagan todo juntos por comodidad. Por ejemplo, si un hijo estudia guitarra, los cuatro hermanos van a estudiar guitarra también. Lo ideal sería que cada uno elija la actividad que le gusta. De esa manera, se diferencian sus vocaciones y anhelos. Los padres necesitamos escuchar a un hijo por vez y, en lo posible, respetar ese espacio de cada uno.

2.Procurar que cada uno tenga sus momentos con los padres

Por ejemplo, ahora mamá o papá juega con este hijo y más tarde juega con el otro. Es saludable poder brindarles un tiempo determinado a todos por igual. Esto evitará que uno de los hijos se sienta menos querido o menos importante, lo cual no beneficia en absoluto la relación entre ellos. Los hermanos pelean con fuerza porque están en busca de ese espacio de diferenciación (que deben tener), incluso cuando no pelean. Todas las personas buscamos tener un espacio y un rol dentro del ambiente en donde nos desempeñamos. Esta realidad no escapa a la vida de una familia.

¿Cómo deberían los padres administrar los conflictos?

  • a. Permitir que la pelea sea expresada sanamente
  • b. Evaluar cómo es la pelea

No intentar que no peleen sino administrar las peleas, en las cuales no debe haber sarcasmo, ni insultos, ni golpes. Los hijos pueden pelear pero la función de los padres es intervenir y permitir que haya ganadores y perdedores pero no, lastimados. Por ejemplo, pueden pedirle al hermano menor que le haga caso al mayor y les avisen si hay un abuso de autoridad por parte de uno de ellos. En este caso, el más grande maneja esa situación circunstancialmente. Es importante que haya reglas claras de justicia.

¿Por qué se produce a veces el distanciamiento de los hermanos?

Por el mal manejo de los padres de estas dos cuestiones:

  • "No puedo ver a mi hermano porque lo odio" (por un sentimiento de enojo hacia un hermano).
  • "No quiero ver a mi hermano" (por un sentimiento de indiferencia hacia el otro).

En ambas situaciones, hay un manejo equivocado de ese espacio que no les permitió establecer un vínculo más sólido entre ellos.

Los hermanos quieren sentirse unidos y separados a la vez. Quieren sentir que tienen un mundo para compartir pero a la vez que son distintos. Desean tener su identidad, su espacio, sus pertenencias. Porque cada hijo es distinto, aun cuando compartan los mismos padres. Los adultos deberían evitar los favoritismos y las comparaciones. Es bueno, de vez en cuando, permitir que el mayor sea el pequeño y el menor sea el grande.

Como padres, tenemos que valorar las características singulares de cada hijo, sin compararlos ni avergonzarlos. Tal vez uno sobresale en el deporte y el otro, en el estudio, lo cual no lo hace más inteligente. Los seres humanos somos únicos y podemos hacer muchas cosas de diversas maneras. Estimulemos a nuestros hijos a hacer cosas distintas para que no se encasillen en una única actividad. Y sobre todo, a llevarse bien entre ellos con la seguridad de que mamá y papá los aman a todos por igual.

Para concluir, los hermanos:

  • Nos enseñan a negociar y a compartir.
  • Nos enseñan sobre la vida.
  • Completan nuestra historia porque cada uno la vive de una manera particular.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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