Banfield-Godoy Cruz, Superliga: el escolta del torneo empató con el Taladro y no pudo ejercer más presión a Boca

Argentina Superliga
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Banfield

Banfield

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Godoy Cruz

Godoy Cruz

  • Victorio Ramis
Ariel Ruya
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22 de abril de 2018  • 11:58

Godoy Cruz igualó 1-1 con Banfield y no pudo ejercer más presión a Boca, que lleva una ventaja de 3 puntos antes del partido que tiene este domingo con Newell's en la Bombonera.

El equipo mendocino es un intruso, uno de esos invitados inesperados, que se presentan cuando empieza a definirse la celebración. No lo esperaba nadie: casi, casi, ni su propia fe, esperanzada tal vez en un cupo para la Copa Sudamericana o, si soñaba un poco más, para la Libertadores. Godoy Cruz vio luz y subió, en silencio, como en otras temporadas en las que supo ser una referencia de buen juego y admiración, también, detrás de escena.

Las cuentas suelen cerrarle en los escritorios y, otra vez, en el campo de juego. Lo felicitan todos, menos Boca, que siente que le respira en la nuca, ya que está a tres puntos, con un partido más. Lo celebran todos, con la excepción del equipo xeneize, el arrogante e interminable líder que se va quedando sin aire. Tiene el tanque semivacío y lo apremia la angustia de saber que su principal adversario es un conjunto noble, de la cabeza a los pies.

Sin embargo, el equipo mendocino cortó una serie de seis victorias; el 1 a 1 contra Banfield, en el Sur, le deja gusto a poco. Casi lo gana. Casi. Es un recién llegado, que se quiere llevar el mundo por delante.

Diego Dabove creó una estructura lógica: se trata de marcar, sudar, correr, jugar y volar. El contraataque es una especialidad: parece que lee el manual de la velocidad y la precisión mientras se aproxima al área. Nombres desconocidos para el gran público, como lo es el entrenador. Un huracán que llega desde la cordillera con la ambición de conseguir por primera vez la mejor recompensa. Tiene lo que hay que tener: unas ganas extraordinarias. A Pol Fernández, un cerebro con sentido de pertenencia. Y al Morro García, el irreverente goleador del torneo. Y lo más valioso: una identidad.

Su estirpe se consolidó durante el verano, luego de la salida de Mauricio Larriera. El 2018 es un festín de buenos resultados y un funcionamiento eficaz, sin excesos. Suele hacer lo que enseña la jugada: hasta un puntinazo al cielo, si es necesario. Y una gambeta en el área, si se lo propone. Todo empezó en un partido estival frente a... Boca. Un 3 a 2 que le provocó, casi sin proponérselo, un shock de confianza.

En la Superliga, más tarde, edificó una seguidilla de buenas sensaciones: 9 triunfos, 3 empates y una derrota, contra Racing.

Sufrió con un remate de Dátolo, que contuvo el arquero. Se sintió incómodo, sin lucidez, frente a un adversario tácticamente lúcido. Banfield lo maniató mucho antes que entrara el cabezazo de Kalinski tras un córner de Mouche. Y Arboleda lo sostuvo en los apremios. Hasta que surgió el golazo de Ramis. En el final, casi lo gana. Casi, casi... Boca respira.

Por: Ariel Ruya

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