Maniquíes en espera

Diana Fernández Irusta
Fuente: Reuters - Crédito: Ali Hashisho
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20 de abril de 2018  

Hay un niño que se asoma al balcón de un negocio, nos informa el epígrafe que acompaña la foto. Un puesto de venta de ropa, nos permiten deducir los maniquíes. Remeras y jeans como los de cualquier ciudad del mundo por cuyas avenidas hayamos alguna vez andado. Maniquíes de rostros extrañamente amputados; resultado de un gesto que tal vez se pretendió disruptivo o audaz; sin duda, enigmático.

Las paredes que asoman tras el cuarteto de muñecos hablan del barrio de una ciudad que podría ser antigua. Quizás algo desvaída. Una ciudad cuyas señas de identidad se esfuman en lo masivo de las remeras, en lo lejanamente familiar del rostro del chico.

La ciudad se llama Damasco. La imagen fue tomada días después del bombardeo ordenado por Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña. Si algo hay de universal aquí, es la tozuda capacidad de los seres humanos por aferrarse a la vida. Ocurra esta en las condiciones que sean.

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