Acertada adaptación de un clásico sobre la moral

Juan Leyrado y Raúl Rizzo
Juan Leyrado y Raúl Rizzo Crédito: Carlos Furman
Carlos Pacheco
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21 de abril de 2018  

Un enemigo del pueblo. Autor: Henrik Ibsen. Adaptación, traducción, música original y dirección: Lisandro Fiks. Intérpretes: Juan Leyrado, Raúl Rizzo, Edgardo Moreira, Viviana Puerta, Bruno Pedicone, Romina Fernandes. Escenografía y vestuario: Micaela Sleigh. Iluminación: Agnese Lozupone. Teatro: Regio, Córdoba 6056. Funciones: jueves a sábados, a las 20.30; domingos, a las 20. Duración: 100 minutos. Nuestra opinión: muy buena

Una nueva versión del clásico de Henrik Ibsen acaba de darse a conocer en el teatro Regio. La obra, que en Buenos Aires ha tenido múltiples reposiciones y todas ellas muy diversas, inclusive fue protagonizada por Virginia Lago bajo la dirección de Omar Grasso en los años 80, llega en un momento social y político muy particular de la Argentina. Eso hace que el material adquiera unas connotaciones especiales y se nota en las reacciones de una platea que sigue con sumo interés la trama.

Así como en la década del 50 Arthur Miller realizó una versión en la que corrigió muchos de los aspectos de la conducta de uno de los protagonistas, el Dr. Stockmann, Lisandro Fiks hace lo propio a la hora de trasladar la historia a nuestro país, en este 2018.

El adaptador y director ubica la acción en una ciudad de provincia, reemplaza el balneario, espacio que desata el conflicto de la pieza, por un ámbito de aguas termales; condensa todo tipo de cuestiones relacionadas con ciertas reflexiones filosóficas ibsenianas y presenta una especie de comedia dramática costumbrista de los años 60, a la que no le faltan ciertos destellos de grotesco.

La experiencia funciona notablemente. Los diálogos fluyen con una naturalidad extrema. Los personajes se plantan en escena con solidez y la línea argumental avanza a buen ritmo generando la expectativa lógica entre los espectadores. La disputa entre los hermanos Tomas (el médico) y Pedro Stockmann (el intendente del lugar) pronto convergerá en una asamblea popular donde aquí el público será, además, protagonista.

Es en ese momento donde se reconoce que Lisandro Fiks no pinta al doctor Stockmann como lo hizo Henrik Ibsen en el original escrito en 1882, un hombre que descree del sistema democrático y considera que solo unos pocos elegidos tienen la capacidad de llegar al poder. Tampoco es el hombre justiciero que delineó Miller. Fiks es piadoso con este hombre. Su discurso sobre las mayorías, los políticos y la manera en que enfrenta a ese mundo corrupto conformado por empresarios, periodistas y funcionarios municipales, lo terminan exponiendo como un triste libre pensador cuyas ideas caen en saco roto porque no hay forma de romper el engranaje al que se enfrenta. Pero aun así su pensamiento - que resulta envejecido aunque tiene resabios que pueden conmover y convencer- y su accionar provocan muchas contradicciones en quien lo observa y lo escucha. Tantas, que hay parlamentos que se aplauden porque suenan bien, pero en verdad exigen un momento de mayor atención.

Lo interesante es que a la hora de las conclusiones, el espectador tendrá un abanico muy amplio de posibilidades para reflexionar y tomar partido ante estos sucesos que en nuestra realidad repercuten con fuerza.

La dirección del espectáculo es sumamente ajustada. Los intérpretes se desplazan con mucha tranquilidad y seguridad por ese ámbito provinciano que, por otro lado, tan bien define desde la escenografía y el vestuario Micaela Sleigh. Juan Leyrado (el médico) y Raúl Rizzo (el intendente) recrean con elocuencia a esos seres enfrentados que se mueven entre el campo ético y científico y un mundo político oscuro, nefasto. Hay mucha verdad en el accionar de cada uno y sus cruces en escena demuestran un severo compromiso actoral. Sus cuerpos están al servicio de unos textos a los que ambos aportan mucha vitalidad.

Por su parte, Edgardo Moreira, Viviana Puerta, Bruno Pedicone y Romina Fernandes se integran muy bien al juego que propone Fiks. Sus criaturas exponen un sinnúmero de contradicciones que los intérpretes expresan, también, con mucha convicción. Entre todos hacen crecer esta propuesta que atrapa por sus condimentos dramáticos y que resulta una calificada expresión de teatro muy popular.

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