La suba de tarifas permite al Estado no solo gastar menos, sino recaudar más

Fuente: Archivo
Con un mayor precio a los servicios de gas y energía mejora la caja y, a su vez, crece la recaudación a través de impuestos
Diego Cabot
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21 de abril de 2018  

Las tarifas, primero por bajas y después por caras, jamás salieron del debate público por lo menos en los últimos 10 años de la vida pública argentina.

Desde la caída de la convertibilidad que la energía se subsidia. En materia eléctrica, la tarifa está subsidiada, en promedio, en un 32% del total. De ese monto general, por cada 100 pesos de consumo de quienes pagan tarifa social, el Estado aporta 72 y el beneficiario, 28 pesos. En el otro extremo, los grandes usuarios tienen subsidio de 9 pesos por cada 100.

La evolución del subsidio al gas se puede ver en algunos datos del presupuesto. El Fondo Fiduciario para Subsidios de Consumos Residenciales de GLP de Sectores de Bajos Recursos y para la Expansión de Redes de Gas Natural utilizó en el primer trimestre $327 millones, 42% más que en el mismo período de 2017, es decir, $98 millones más.

Ahora bien, qué hay detrás de la factura de energía que llega mensualmente a los hogares argentinos. El precio de energía mayorista (el producto en sí) está fijado por la Nación, puntualmente por el Ministerio de Energía, al igual que el costo del transporte. Tanto en el gas como en la electricidad, los dos importes los fija la Casa Rosada. Ese es el componente que ahora está en discusión en las tarifas de gas.

Pero una de las implicancias de la suba de tarifas es el doble efecto de cobrar más. Por un lado, mejora la caja ya que lo que se vende (la energía) tiene un mejor precio. Por el otro, al cobrarse a un valor más alto, los impuestos proporcionales que se incluyen crecen, y mejoran la recaudación.

Y allí hay intereses variados. En la electricidad se fija el llamado Valor Agregado de Distribución que es lo que cobran las distribuidoras (Edenor, Edelap, Edesur o las cooperativas, por caso), que es un cargo que fijan las provincias, y en el caso de la zona metropolitana, la Nación. Además, se suman tasas e impuestos, muchos de ellos no solo nacionales, como el IVA, sino provinciales o municipales, como los impuestos a los ingresos brutos o las tasas municipales que se adicionan a las facturas de gas.

Antes de abordar el mecanismo de fijación de precio, cabe una aclaración importante: el precio de generación no necesariamente coincide con el precio estacional (de energía y potencia).

El costo de generar la energía eléctrica depende de muchas variables, la mayoría de las cuales son exógenas y fijadas en dólares, por ejemplo, la compra de gas importado. Cuando se prende una luz en un hogar o una línea de producción en una industria, se paga ese costo de generación. Solo para ilustrar y a grandes rasgos, del total de gas que se consume en el país alrededor de un tercio se lo lleva la industria, un tercio el consumo residencial y el restante, las generadoras eléctricas. El resto se va en el despacho de gas natural comprimido (GNC). De ahí que cuando se discute el precio de la electricidad se habla, indirectamente, del gas también. O a la inversa.

Actualmente, el costo de generación de energía eléctrica para marzo 2018 fue de 1467,4 pesos por MWh.

El debate de la tarifa de gas creció cuando se conoció que iba a aumentar 24% en promedio. Según el Ministerio de Energía, 71% de los usuarios paga menos de 500 pesos y el 51% estará por debajo de los 250 pesos. Las modificaciones en el cuadro tarifario incluyen una suba del precio de gas natural en boca de pozo, que pasará de 3,42 dólares a 3,77. Según la cartera que conduce Juan José Aranguren, esa tarifa permite bajar los subsidios en cinco puntos.

Ahora nada se ha modificado. Apenas, un plan de pagos. Pero el precio, no cambió.

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