Sergio Ramírez, en el umbral del Cervantes

El autor nicaragüense en el Museo del Escritor en Madrid.
El autor nicaragüense en el Museo del Escritor en Madrid. Fuente: Archivo
Laura Ventura
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21 de abril de 2018  • 15:57

El autor nicaragüense en el Museo del Escritor en Madrid.
El autor nicaragüense en el Museo del Escritor en Madrid. Fuente: Archivo

MADRID.- Cuando recibió aquel rompecabezas en su casa de Managua, Sergio Ramírez pasó la noche en vela en busca de pistas esclarecedoras. Era 1985 y con esa tecnología eficaz se animaría a escribir su próxima ficción. Un amigo le había aconsejado sobre las bondades de la computadora y allí, en diskettes, guardó las distintas versiones de Castigo divino. Ambientado en León, este relato elogiado por Carlos Fuentes obtuvo el premio internacional Dashiell Hammett. Esas reliquias, objetos casi arqueológicos en el siglo XXI, integran el tesoro del Centro de Arte Moderno, donde funciona el Museo del Escritor, espacios que en Madrid dirigen los argentinos Claudio Pérez Míguez y Raúl Manrique Girón. Novelista, cuentista y ensayista, Ramírez, quien también fuera vicepresidente de Nicaragua, visitó hoy esa institución, en vísperas del acto de entrega del galardón, y dialogó con LA NACION.

El lunes recibirá el premio Cervantes, la máxima distinción de las Letras españolas en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares (ciudad natal del autor del Quijote), en un acto presidido por los Reyes y pronunciará el discurso de aceptación: "Ya lo he abandonado, lo he dejado cerrado desde que vine de Managua. No quiero seguir metiéndole más mano", confesó sobre el texto que tanta curiosidad suscita. El escritor adelantó que en el discurso abordará los motivos por los cuales se convirtió en escritor, cómo ingresó "en el mundo de Cervantes", y, en particular, en "la capital relación" entre el célebre escritor español y su compatriota Rubén Darío.

"Castigo divino", del diskette al papel
"Castigo divino", del diskette al papel

"Abundante, cambiante y de calidad". Así resumió Ramírez el escenario literario hispanoamericano actual. "Nunca antes se había visto un fenómeno así, que se abrieran tantos caminos, tantos estilos diferentes dentro de la narrativa, libros que antes no estaban en nuestro panorama como son los libros de narrativa periodística. Hay una experimentación con la palabra que realizan los muchachos nacidos en los ochenta y en los noventa. Estamos en buenas manos", opina Ramírez.

Cuando Ramírez era joven fue la literatura de Julio Cortázar la que lo marcó a fuego. " Rayuela fue la novela de mi generación. Fue la novela que deconstruyó el mundo y nos enseñó el sentido de la rebeldía, a no ser como los demás eran. Esa fue la Biblia de mi generación", señala Ramírez, quien luego conoció al escritor argentino en Costa Rica en 1976 y pronto se hicieron amigos. Entre ambos nació una relación que tras el triunfo de la revolución en Nicaragua se hizo más fluida, ya que Cortázar viajó varias veces con su mujer Carol Dunlop. Mientras recuerda aquellos años y a su amigo, Ramírez acaricia "un librito", como él lo llama de modo cariñoso, que escribió sobre aquel momento: Estás en Nicaragua.

Cada ganador del premio Cervantes comienza sus actividades antes del día 23 de abril, el Día de la Lengua Española y también el Día del Libro (en conmemoración de la fecha del fallecimiento del autor del Quijote). La maratón de eventos de Ramírez comenzó hace unos días, en Nueva York, donde el autor se presentó en la sede del Instituto Cervantes de Manhattan, y al día siguiente en la Universidad de Fordham. Ayer, ya en España, fue recibido con un almuerzo oficiado por los Reyes y participó en un homenaje a la editora Isabel Polanco, junto a Pilar del Río, presidenta de la Fundación José Saramago, y del editor Juan Cruz Ruiz. También, como parte de la tradición de este galardón, depositó en la denominada Caja de las Letras en la sede madrileña del Instituto Cervantes -una caja de seguridad donde cada ganador dona objetos a la institución- una carta original de Rubén Darío y otra misiva del líder revolucionario Augusto César Sandino ("legado que me trasciende a mí y a los instrumentos de mi oficio: su puño y letra", publicó en su cuenta de Twitter).

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