Divididos por Siria, el Consejo de Seguridad hace un "retiro espiritual"

La embajadora norteamericana, Nikk Haley (izquierda) junto al embajador de Kazajstan, Kairat Umarov, en el "retiro espiritual"
La embajadora norteamericana, Nikk Haley (izquierda) junto al embajador de Kazajstan, Kairat Umarov, en el "retiro espiritual" Fuente: AFP
Luisa Corradini
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21 de abril de 2018  • 15:32

PARÍS.- Después de una semana de amenazas, denuncias y enfrentamientos por la cuestión siria, los embajadores de los 15 países miembros de Consejo de Seguridad se reunieron este fin de semana en una granja en el sur de Suecia. Objetivo de ese insólito "retiro informal": llegar a una posición común para salir de la parálisis y poner fin a esa guerra que provocó más de 350.000 muertos en siete años.

"Se trata de volver a crear el diálogo, relanzar una dinámica con humildad y paciencia", explicó el embajador adjunto sueco ante la ONU, Carl Skau. "El sitio se presta para quitarnos el saco, arremangarnos y producir ideas para avanzar, que tengan sentido", agregó.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, así como la embajadora de Estados Unidos, Nikki Haley, y su homólogo ruso, Vassily Nebenzia, llegaron anteayer a esa inusual reunión que debe durar hasta hoy (domingo) por la tarde. El cónclave, que algunos definen con ironía como un "retiro espiritual", se realiza en Backåkra, la residencia de campo que poseía Dag Hammarskjöld, segundo secretario general en la historia de Naciones Unidas, fallecido en 1961 en un sospechoso accidente de avión en África, que nunca fue dilucidado.

Nadie ignora que la reunión no será fácil, pues se produce en uno de los periodos de mayor división de la organización internacional con tres de los cinco miembros permanentes del Consejo -Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña- enfrentados con Rusia por el ataque con armas químicas perpetrado por el régimen de Bashar Al-Assad contra la población civil en la Duma, y que provocó una respuesta militar de los tres aliados occidentales contra Siria.

"Seguimos enfrentándonos a una profunda división sobre la cuestión siria. Es indispensable que podamos hallar una solución para evitar las reiteradas violaciones del derecho internacional que constituye la utilización de armas químicas. Su uso es un crimen de guerra", declaró Guterres cuando llegó al sitio del retiro, que normalmente se lleva a cabo cada año en las afueras de Nueva York.

Pero el anfitrión tiene esperanzas de que los tres días en ese sitio paradisiaco y aislado de Suecia porten sus frutos.

"No hay que subestimar jamás el hecho de viajar juntos. Uno aprende a conocerse mejor", reflexionó con optimismo Stefan Lofven, el primer ministro sueco.

En el corazón de una reserva natural a dos pasos del mar Báltico, en el extremo sur del país, la propiedad pintada de cal blanca fue completamente renovada en los últimos años. A miles de kilómetros de Nueva York y de Damasco, los 15 miembros del Consejo deben debatir sobre las misiones de mantenimiento de paz de la ONU.

La jefa de la diplomacia sueca, Margot Wallstrom, se congratuló de la inusual decisión del Consejo de Seguridad de trasladarse a Suecia, país miembro no permanente, pero que "tiene una larga tradición de prevención y resolución pacífica de conflictos".

Wallstrom advirtió, sin embargo, que no había que hacerse demasiadas ilusiones sobre la posibilidad de que la problemática siria sea resuelta en estos tres días.

"Es posible que haya nuevas ideas sobre la mesa sobre la situación humanitaria o las armas químicas", dijo. Pero "ni siquiera los sitios paradisíacos como este pueden resolver todos los problemas", agregó la ministra.

Para Nikki Haley, "los retiros como este son importantes para salir de Nueva York de tanto en tanto, hablar de los temas importantes y tratar seriamente de hallar una solución". Pero la embajadora volvió a lamentar "la parálisis" en la que se encuentra el Consejo de Seguridad sobre la cuestión siria .

"Estamos determinados a hallar soluciones eficaces", aseguró por su parte la embajadora británica, Karen Pierce, al llegar a Backåkra.

Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña bombardearon el 14 de abril tres sitios que, según afirmaron, se utilizan para llevar adelante el programa ilegal de armamento químico de Bashar Al-Assad, acusado de atacar el 7 de abril con gases tóxicos (sarín y cloro) la región de Duma, último bastión rebelde en los suburbios de Damasco.

El régimen sirio y su aliado ruso negaron toda responsabilidad en ese ataque que, según los socorristas, provocó la muerte de más de 40 personas. Para los occidentales, Al-Assad cruzó "la línea roja", violando por segunda vez el tratado de prohibición de utilización de armas químicas respetado por la comunidad internacional desde el fin de la Primera Guerra Mundial.

Los bombardeos occidentales, decididos sin una resolución del Consejo de Seguridad, aumentaron las tensiones con Rusia, también miembro permanente del organismo.

En un contexto de extrema tensión provocado por la guerra en Siria, Moscú utilizó 12 veces su derecho a veto desde 2011.

Según la diplomacia del Kremlin, una misión de la Organización de Prohibición de Armas Químicas (OIAC) pudo entrar ayer en la ciudad de Duma. Los científicos, sin embargo, estuvieron bloqueados en la capital siria desde el 14 de abril.

Pero este "retiro informal" no es visto con buenos ojos por todos en Naciones Unidas. Muchos países no miembros del Consejo critican el viaje. Con todos los conflictos graves en curso, sobre todo el de Siria, es anormal que todos los miembros del organismo partan tan lejos, denuncia un embajador.

"¿Qué pasará si se produce algo grave?", se alarmó.

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