Godoy Cruz, Talleres y Defensa y Justicia, proyectos alternativos que impulsan nuevos aires al fútbol argentino

La ocasión perdida del Morro García ante Banfield en el final del partido ante Banfield Crédito: Santiago Filipuzzi
21 de abril de 2018  • 22:47

Leía días pasados a Xavi Hernández, el excepcional mediocampista del mejor Barcelona, y decía que el futuro del fútbol solo puede pasar por el desarrollo del talento porque en lo atlético se podrá correr y saltar un poquito más, pero eso ya no agregará ni quitará nada a las cuestiones básicas del juego.

Tiene razón, y su reflexión me llevó a pensar en lo que está sucediendo entre nosotros, en la saludable transformación que se está gestando en el fútbol argentino y que tiene sus ejemplos más válidos en Godoy Cruz, Talleres, Defensa y Justicia o Atlético Tucumán.

Es verdad que, por lo menos en esta temporada y salvo en el caso de los tucumanos, todos ellos tienen a su favor la frescura que les brinda no verse sometidos a la doble competencia que sí tienen casi todos los equipos grandes. No es lo mismo preparar un partido durante una semana entera que exponerse al desgaste mental y físico que implica enfrentarse a un rival calificado entre un domingo y el siguiente.

Pero por encima de esto hay un evidente cambio conceptual en el mundo del fútbol. Durante demasiado tiempo, ya sea por pereza, mezquindad o falta de inquietudes, por un lado los equipos chicos se acomodaron a una especie de encierro de sus posibilidades tácticas, a jugar con determinado orden y no preocuparse por nada más; y por el otro, al jugador discreto se lo convencía de que era así y no tenía solución. Por fortuna, estas cosas han cambiado.

Los futbolistas ya saben lo que sucede y demandan de sus técnicos los conocimientos para que los ayuden a crecer. Y por otra parte, el entrenamiento dejó de estar orientado a formar atletas y se preocupa por cada vez más por fomentar el aprendizaje de la esencia del juego. Encapsulado durante muchas décadas, el fútbol nunca podría mejorar a partir de los dibujos tácticos, sino animando a sus protagonistas a evolucionar y a tener coraje para exponer en la cancha lo que saben.

La audacia ayuda a expresar cualidades dormidas, predispone e impulsa la mente para desplegar la creatividad y esta alienta la toma de decisiones. Que el entrenador le dé la dimensión justa a los riesgos estimula la audacia del futbolista. Pero además, el coraje le infunde temor al rival. Cuando un jugador de equipo grande percibe que tiene enfrente un adversario inhibido acentúa su sensación de inferioridad; en cambio, enfrentarse a un equipo sin complejos puede hacerlo dudar.

En este punto llegamos a la clave para entender lo que está pasando en nuestro fútbol: cada vez más equipos pierden esas inhibiciones, esos complejos. No me refiero necesariamente a ganar campeonatos, porque a largo plazo los equipos modestos no suelen contar con planteles numerosos o con la jerarquía suficiente como para pelear los títulos, pero lo que tienen les vale para ir a determinados escenarios -el Monumental o la Bombonera, por ejemplo- con la intención de ganar y no solo de sufrir y esperar a ver qué pasa.

El fútbol argentino no tiene muchos componentes para atraer la atención de los hinchas, más allá de la pasión por la camiseta. El juego está lejos de ser atractivo, los escenarios y los espectáculos no siempre son los más adecuados, la calidad escasea... Nos queda la incertidumbre de que la aparición de esos equipos, y de otros que empiezan a transitar esa vía, tiende a multiplicarse.

Su actualidad tiene también otras explicaciones. Ha sido posible gracias a un comportamiento coherente, a la búsqueda de entrenadores que mantengan una misma idea de base y una buena dosis de paciencia. No es casual que varios de estos proyectos alternativos sucedan en clubes del interior. Cuanto más pacífico y con menos urgencias es el entorno, el entrenador sabe que cuenta con el indispensable aliado del tiempo de maduración que hace falta para que una idea florezca o un jugador crezca.

Las diferencias en las posibilidades económicas son cada vez más ostensibles en el fútbol argentino. Sin embargo, hoy los técnicos tienen recursos para equiparar las opciones. Formar mejores jugadores estimula el desenfado y el atrevimiento, permite plantear modelos de juego diferentes y pensar en equilibrios más ofensivos que defensivos. En definitiva, salir a discutir de igual a igual un partido contra quien sea y adonde sea.

Por eso hoy hablamos de Godoy Cruz, de Talleres, de Defensa y Justicia, de Atlético Tucumán, ejemplos claros de un camino que afortunadamente me parece solo de ida, de reproducción permanente. Ya no hay marcha atrás.

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