Qué es el Chat de Google, por qué sería bueno que funcione, por qué es poco probable que lo haga

Está basando en el estándar RCS, que lleva casi una década intentando sumar adeptos
Está basando en el estándar RCS, que lleva casi una década intentando sumar adeptos
Ricardo Sametband
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23 de abril de 2018  • 11:30

La semana última The Verge publicó que Google planea un nuevo mensajero instantáneo, Chat, como una forma de competir contra Whatsapp y Telegram y, de paso, darle una nueva vida al SMS. La aplicación no está lista todavía, ni se sabe exactamente cómo será, pero sí se conocen sus funciones básicas: será un mensajero instantáneo móvil moderno (como Whatsapp y sus competidores) capaz de enviar mensajes, audios, fotos, archivos, etcétera; usará la conexión de datos del teléfono, es decir, no se cobrará por mensaje (lo que hace que con Wi-Fi sea gratis, etcétera); y será compatible con el SMS: será posible enviarle un mensaje a un usuario de un teléfono celular que no tenga la aplicación instalada y éste lo recibirá como un mensaje de texto idéntico al que usa el mundo desde 1992.

Viejos conocidos

¿No suena conocido esto? Claro: así funciona iMessage, el mensajero de Apple, que también se basa en el SMS para llegar más allá del iPhone y está en uso desde 2011. ¿Pero no había algo así para el resto del mundo? Claro que sí: un protocolo llamado RCS (servicios de comunicación enriquecidos, por sus siglas en inglés), que desarrollaron varias operadoras y fabricantes de todo el mundo como un estándar GSM a fines de la década pasada, pero que recién en 2012 tuvo su primera versión oficial, Joyn, que en teoría usarían todas las operadoras, pero no tuvo éxito. Por ese entonces Whatsapp orillaba los 200 millones de usuarios; hoy tiene 1500 millones.

La gracia de la versión de RCS que usará Google es que cualquier compañía puede crear un cliente (una aplicación para usarlo), como sucede con el correo electrónico, por nombrar un solo ejemplo. En 2016 Google y la GSMA anunciaron su intención de llevar al RCS a lo más alto de la mensajería mundial, pero por ahora no sucedió, aunque hoy tiene el apoyo de 55 operadoras en todo el mundo, 11 fabricantes de dispositivos, además de Google y Microsoft.

Para los interesados en lo técnico: la tecnología fue definida en 2016, y se llama Perfil Universal de RCS.

Quién tiene la sartén por el mango

¿Por qué es importante que Chat (o mejor, RCS) tenga éxito? En principio, porque es un estándar abierto, como el SMS, como el e-mail, como el XMPP (el protocolo abierto y descentralizado de chat en el que se basó Whatsapp). Lo desarrolla una asociación, no una única empresa. Hoy el caudal de información que procesan unas pocas compañías (Facebook con Whatsapp, Apple con iMessage, Tencent con WeChat, Telegram, Line, etcétera) es descomunal. Aunque prometen defender los intereses de sus usuarios, siguen siendo empresas, y su principal preocupación es el negocio.

Mis chats de Whatsapp son míos, pero no puedo llevarlos a otra aplicación (sí puedo exportarlos como texto o e-mail, pero no es lo mismo). Whatsapp, en particular, es un cuello de botella para cualquiera que quiera generar una alternativa al iPhone o a Android. Pasó con Firefox OS: no tener un cliente propio de Whatsapp fue un freno importante -aunque no el único- para su éxito. Sí, tenía un cliente compatible hecho por terceros, hasta que Whatsapp lo frenó. Ninguna compañía debería tener semejante poder para validar o no una plataforma móvil nueva.

De la sartén al fuego

A la vez, la probabilidad de que el RCS se transforme en algo realmente popular como para desafiar a Whatsapp, WeChat o iMessage es muy improbable: requiere un esfuerzo mancomunado de todos los usuarios, gobernado por la ley de Metcalfe; y la laboriosa migración al RCS sería para tener algo que es igual que Whatsapp, en el mejor de los casos.

Ya está Signal ahí, que es de código abierto y encima está encriptado, algo que el RCS que proponen las operadoras no incorpora por ahora; ya está Telegram, que ofrece algo similar y sigue sumando adeptos, pero a un ritmo lento (y está peléandose con el gobierno ruso por el acceso a los mensajes, como antes lo hizo Whatsapp en Brasil).

Y el RCS tampoco es la panacea: aún si sumara encripción, sigue la duda de quién defiende más la privacidad de los usuarios, y quién estará más interesado en sumar nuevas herramientas a este servicio: la misma GSM que dejó el SMS intacto por un cuarto de siglo (pero que parece haber aprendido de sus errores), y en la que tercian compañías de todas partes del mundo, con presiones económicas y políticas diversas; o una empresa cuyo modelo de negocio está en mejorar una aplicación específica para atraer más usuarios, pero cuyo funcionamiento es una caja negra.

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