Máximos honores para una rama esencial del árbol literario con raíz cervantina

Los reyes se lo entregaron a Sergio Ramírez, que en su discurso se refirió a la crisis de Nicaragua, su país
Los reyes se lo entregaron a Sergio Ramírez, que en su discurso se refirió a la crisis de Nicaragua, su país Fuente: Reuters
Laura Ventura
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24 de abril de 2018  

ALCALÁ DE HENARES.- "Una novela es una conspiración permanente contra las verdades absolutas", pronunció ayer Sergio Ramírez en la ciudad que vio nacer a Cervantes. El autor nicaragüense recibió el premio más prestigioso de las letras hispánicas en un acto donde leyó un extenso discurso, generoso en destacar virtudes y legados de colegas clásicos y contemporáneos.

El cuadro mayor del poder español se hizo presente en la centenaria Universidad de Alcalá de Henares. El rey Felipe VI; la reina Letizia; el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y la presidenta de la comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, oficiaron como anfitriones de la ceremonia. Sergio Ramírez había adelantado el sábado a LA NACION que su discurso de aceptación del Premio Cervantes ya estaba cerrado, sin embargo, agregó un breve prólogo para referirse a la crítica situación que atraviesa Nicaragua, poblada de protestas contra las reformas sociales que impulsaba Daniel Ortega, quien luego las revocó, y que han cobrado 27 muertes y 100 heridos. Expresidente, Ramírez, quien fue consejo y compañero de fórmula de Ortega para luego convertirse en su detractor, expresó su deseo de que Nicaragua vuelva pronto a ser una república.

"Vengo de un pequeño país que erige su cordillera de volcanes a mitad del ardiente paisaje centroamericano, al que Neruda llamó en una de las estancias del Canto General 'la dulce cintura de América'. Una cintura explosiva. 'Balcanes y volcanes' puse por título a un ensayo de mis años juveniles donde trataba de explicar la naturaleza cultural de esa región marcada a hierro ardiente en su historia por los cataclismos, las tiranías reiteradas, las rebeliones y las pendencias, pero en lo que hace a Nicaragua, también por la poesía. Todos somos poetas de nacimiento, salvo prueba en contrario", comenzó Ramírez, quien luego prosiguió con un recorrido por la influencia que "la sombra tutelar" de Rubén Darío en él ejerció y también en su país. "Curioso que una nación americana haya sido fundada por un poeta con las palabras, y no por un general a caballo con la espada al aire", dijo del poeta y cronista a quien Jorge Luis Borges llamó "el Libertador".

Ramírez se refirió también a su otro gran referente literario: Cervantes, a quien calificó de autor "caribeño", capaz de descoyuntar lo real y encontrar las claves de lo maravilloso. Entre citas de José Saramago, el recuerdo a su mentor y amigo Carlos Fuentes, así como también a Claribel Alegría, el espacio que dedicó a cada uno de los autores del boom, la mención a Francis Scott Fitzgerald y la mención de los exponentes del Siglo de Oro español construyeron un discurso rico y coherente a la hora de derrumbar muros y prejuicios.

El autor de Margarita, está linda la mar y Adiós muchachos se refirió a su abuelo Teófilo Mercado, de quien recibió el primer ejemplar del Quijote. "Era agricultor, agrimensor, constructor de pozos artesianos y ebanista. La mesa donde escribo salió de sus manos. Y entre sus libros de medicina, agronomía y geodesia, y manuales de geometría plana y álgebra elemental, estaba el Quijote". También se refirió a su abuelo músico: "Siento que soy la síntesis de mis dos abuelos, el músico y el ebanista, el que pulsa el arco y el que empuña la gubia, a medias el compositor que llenaba con sus signos melódicos la hoja de papel pautado y a medias el artesano que nunca estuvo conforme con un mueble de gavetas desencajadas cuyas junturas dejaran luces".

Novelista, cuentista, poeta, ensayista, Ramírez consideró en su discurso: "Escribo entre cuatro paredes, pero con las ventanas abiertas, porque como novelista no puedo ignorar la anormalidad constante de las ocurrencias de la realidad en que vivo, tan desconcertantes y tornadizas, y no pocas veces tan trágicas pero siempre seductoras. Mi América, nuestra América, como solía decir Martí. La Homérica Latina, como la bautizó Marta Traba".

El rey Felipe VI, responsable de iniciar la sesión, pronunció el último discurso de la gala de premiación. "Sergio Ramírez es una rama esencial de ese árbol que es la literatura de raíz cervantina (...) La vida ha puesto a nuestro autor muchas veces en una encrucijada: o asumir un compromiso político activo o dedicarse a la literatura (...) La historia podría haber sido diferente. Y ciertamente ese fue su temor, cuando vio cómo las tareas como vicepresidente de su país a mediados de los ochenta, y bajo el embate de un conflicto cruento, comprometían su tiempo completo y sus energías. Pero en lugar de resignarse, el escritor decidió robarle tiempo a la madrugada y escribir al menos dos horas cada día antes de volver a vestir la camisa de líder político. Fue en ese tiempo de sacrificios cuando engendró su novela más querida: Castigo divino".

Además del prestigio que ubica a los autores en un podio de la Letras, el Premio Miguel de Cervantes está dotado con 125.000 euros.

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