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El ingreso universal, una utopía hasta para Finlandia: dan de baja el proyecto

El gobierno suspendió un experimento social que había puesto en marcha a fines de 2016 por sus altos costos; buscarán "otras formas" de bienestar
El gobierno suspendió un experimento social que había puesto en marcha a fines de 2016 por sus altos costos; buscarán "otras formas" de bienestar Fuente: Reuters
Luisa Corradini
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24 de abril de 2018  • 13:05

PARÍS.- Finlandia , el país más feliz del mundo, decidió poner fin a una de las medidas que hacen soñar a los hombres desde hace más de cinco siglos: experimentado desde 2017, el ingreso universal, que debería haber sido ampliado a otras categorías de ciudadanos, desaparecerá a fines de 2019. Así lo anunció esta semana el gobierno de Juha Sipila, a pesar de haber sido uno de sus ardientes defensores.

Es verdad que el experimento finlandés tenía aún un largo -y costoso- camino para recorrer antes de ser un auténtico "ingreso universal". A fines de 2016, dos mil desempleados recibieron en sus buzones una divina sorpresa: a partir de 2017 recibirían 560 euros por mes durante dos años, sin ninguna contrapartida. Todos acababan de ser seleccionados para una prueba sobre la eficacia de ese sistema considerado una panacea social.

"El gobierno busca la forma de promover el empleo y motivar a los desempleados a ser más activos, simplificando al mismo tiempo las reglas burocráticas y evitando los efectos perversos del sistema de protección social, que alientan la pasividad", decía la carta.

Los felices escogidos, todos entre los 25 y los 58 años, seleccionados a través de un sorteo nacional, recibieron durante la experiencia un ingreso correspondiente al mínimo vital previsto por los servicios sociales de Finlandia.

El proyecto debía durar dos años con un presupuesto de 20 millones de euros. Pero el gobierno decidió esta semana no esperar hasta entonces para anunciar que no extenderá los beneficios a los empleados en 2018 y que, incluso, terminará con la totalidad del programa.

El problema es que ningún presupuesto parece haber sido previsto para llevarlo hasta el final. Extender el ingreso universal a toda la población habría costado 15.000 millones de euros, en un país con 5,5 millones de habitantes.

El gobierno finlandés anunció entonces que buscará "otras formas de alentar la prosperidad".

Es más, todo parece indicar que el equipo del primer ministro Sipila quisiera recorrer el camino inverso. El gobierno presentó una ley que aumentará el control de los desempleados, que deberán haber trabajado un mínimo de 18 horas o haber hecho una formación de cinco días en el curso de los últimos tres meses, si no quieren ver sus beneficios sociales disminuir en 4,6% cada mes.

La ley, que fue aprobada por el Parlamento y significa de facto una reducción del monto del seguro de desempleo, permitirá economías del orden de 53.000 millones de euros por año. Pero, en uno de los países con mejor salud económica de la zona euro, la decisión gubernamental ha provocado violentas reacciones, huelgas y manifestaciones.

Una idea recurrente

La idea de un ingreso universal no es nueva. Desde hace siglos ha contado con la adhesión de socialistas, libertarios e incluso militantes de extrema derecha. El primero en imaginarla fue el escritor inglés Tomás Moro. En su libro Utopía, publicado en 1516, habla de una isla donde los habitantes tendrían sus necesidades aseguradas, sin depender del trabajo.

La idea fue retomada en 1797 por el intelectual británico Thomas Paine en un panfleto titulado Justicia agraria. Paine argumentaba que, llegado a la mayoría de edad, todo ciudadano debía recibir una misma cantidad de dinero, un "ingreso básico" pagado por el Estado, sin condiciones, para que lo utilizara como quisiera.

En 1848, el belga Joseph Charlier, jurista y primer defensor de un ingreso universal, expuso una versión elaborada en su libro Solución al problema social.

En la década de 1970 hubo experiencias similares en Estados Unidos, bajo la influencia de Milton Friedman, que conceptualizó el "impuesto negativo" en Capitalismo y libertad. Otros lo imitaron en Canadá, Namibia e incluso recientemente en el estado indio de Madhya Pradesh.

Brasil inscribió en su Constitución el ingreso básico como ideal a alcanzar, y el nuevo gobierno finlandés se había comprometió a concretizarlo.

Durante más de 500 años, la idea reapareció periódicamente e incluso fue probada en pequeñas localidades a través del mundo. Pero fue Finlandia que, como había prometido, decidió por primera vez experimentarla a nivel nacional.

Las claves del experimento

  • 2000 beneficiarios: A fines de 2016, Kela, el instituto finlandés de seguridad social, escogió al azar a 2000 ciudadanos de entre 25 y 58 años que de una manera u otra ya recibían algún tipo de seguro de desempleo. El ingreso se les ofreció a personas que estaban desempleadas desde hacía más de un año, o que tenían menos de seis meses de experiencia laboral
  • 560 euros mensuales: Los participantes de la prueba recibirían unos 560 euros mensuales desde enero de 2017 hasta diciembre de 2018, consiguiesen ingresos adicionales o no durante ese período
  • 31,2% gasto social: El gasto social en Finlandia (sanidad, discapacidad, jubilación, ayuda familiar, desempleo, vivienda y reinserción) es del 31,2% del PBI, uno de los más altos de Europa

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