Mohamed Salah: el Lionel Messi egipcio, que brilla en Liverpool y es la carta ganadora de Héctor Cúper

Ariel Ruya
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24 de abril de 2018  • 17:59

Es una hoguera Anfield, el mítico escenario de Liverpool , un gigante del fútbol mundial, que recupera su mística, su estirpe guerrera. Unos 7 grados y una leve llovizna no erizan la piel de los 55.000 espectadores, que como es habitual, entonan el himno de su historia, ese que dicta que nunca va a caminar solo ("You'll never walk alone"), el fanático de los Reds. El frío se transforma en una temperatura sofocante, por el calor del juego abrumador del conjunto que dirige Jürgen Klopp , que ataca con furia y defiende con ligereza, mientras espía la final de la Champions League , prevista para el 26 del mes próximo, en Kiev. El 5 a 2 ante Roma, en el primer encuentro de las semifinales, es un festín grupal. Y una clase a cielo abierto de un elegido.

El líder de la sinfonía es un Faraón. Mohamed Salah , un egipcio que lo tiene todo -le pega con las dos piernas, gambetea, asiste, es veloz y entretiene- marca dos golazos -el primero, al ángulo, el segundo, de salón- y brinda dos asistencias, en una noche en la que tímidamente amenaza el reinado de Leo Messi y Cristiano Ronaldo. Es la bandera de Héctor Cúper, el entrenador de Egipto y un dolor de cabeza para el Maestro Tabárez: Uruguay integra el Grupo A del Mundial; además, junto con Rusia y Arabia Saudita.

Los otros tantos llevan el sello de sus colegas de aventuras audaces: Mané, un irreverente fuera de serie de Senegal y Firmino (dos), un número 9 con detalles de Kun Agüero, aunque no suele ser titular en Brasil. Representan, ahora mismo, el triángulo de la belleza y la eficacia. Gustan, golean. Juegan con los ojos cerrados.

Los números respaldan al delantero de la sonrisa imperturbable, uno de los mejores personajes de Rusia 2018. Tiene más goles (43) que Messi y Cristiano en la temporada, en 47 partidos. Suma, también, 11 asistencias: desde la salida de Coutinho, suele disfrazarse de fantasista. Es líder (31) en la ambición por la Bota de Oro. Tiene más goles (31) que Harry Kane (26) en la Premier League. Hace seis temporadas jugaba en Arab Contractors, en su tierra. Hace tres temporadas era suplente en el Chelsea de Mourinho. Hace dos temporadas estaba a préstamo en Roma. "Apenas lo vi, me di cuenta que íbamos a hacer grandes cosas juntos", cuenta Jürgen Klopp, el entrenador, que dispuso su reemplazo, para que el estadio le rinda tributo. Roma, en ese espacio de tiempo, marcó dos goles...

Ídolo en un país de casi 100 millones de habitantes, a los 25 años desafía a Messi, Cristiano y Neymar. Su carisma mueve montañas: le crearon una canción y hasta algunos amagan cambiar de religión. Cúper, ahora mismo, piensa en otros asuntos: los jugadores tendrán que entrenarse para el Mundial justo en el mes del Ramadán, cuando los musulmanes ayunan todo el día. El torneo empieza en el último día del mes sagrado y Egipto tiene programado el partido al día siguiente, el 15 de junio, contra Uruguay. Ello significa que el entrenamiento para el Mundial se realizará en horas en que los jugadores deben ayunar. Un complejo escenario.

"Si pudiera hacerlo de manera pragmática, pondría el reloj al revés. Quizás los jugadores egipcios están acostumbrados a esto, pero yo, como una persona occidental, no estoy acostumbrado", comentó el DT, días atrás. "¿Cómo voy a poder entrenarlos a las 11, 12 de la noche después de Iftar (la comida con que los musulmanes ponen fin al ayuno durante el Ramadán)? ¿Cómo entrenarlos durante el día cuando no han bebido agua, no han comido nada?", se preguntó, en la TV italiana. Cúper tiene al as de espadas. Y detalles que los occidentales no comprendemos.

En el último encuentro clasificatorio para el Mundial, Egipto necesitaba un triunfo ante Congo para asegurar su pase. El partido iba 1-1 (con gol de Salah) y, de pronto, hubo un penal para Egipto. Había más de 80.000 hinchas en un escenario de Alejandría. El gol del Faraón conmovió toda la estructura de un país azotado por la nostalgia, caído en la depresión de una pobreza estructural. Mo Salah les devolvió lo más hermoso: la esperanza. Los chicos van a la escuela con su camiseta. Egipto vuelve a un Mundial después de 28 años.

En Liverpool, en las calles de The Beatles, tras tropezar en Chelsea, pasar de largo en Fiorentina y no dejar huella en Roma, encontró su lugar en el mundo. La comunidad musulmana encontró un motivo maravilloso, como el fútbol, para reparar largos años de intolerancia en Europa. Salah lo hizo: todos quieren al Faraón. Nada de pirámides, turismo y libros de historia: todo al de pantalones cortos, rulos, barba y una sonrisa contagiosa. El que crea fundaciones y exige la igualdad de la mujer en su país. El Messi egipcio.

Por: Ariel Ruya
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