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Bandada de gitanos en Buenos Aires

Este verano, en las calles del centro, mujeres y chicos gitanos piden dinero en idioma rumano. De allí llegaron. Están tres meses, y luego, como extraños pájaros migrantes, vuelan a otro país
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4 de marzo de 2001  

Estoy en San Telmo tomando un café en una de las mesas de la plaza Dorrego, una joven de escasos 16 años, en un español bastante precario, me pide una moneda, le pregunto si es rumana, me entiende pero finge que no; arremete nuevamente tapándome la cara con un papel que justifica la limosna. Espera la moneda. Me rectifico, le pregunto si es una rommi (gitana), se pone nerviosa, guarda el papel, me insulta en romanehs (lengua gitana) y se va. Dos adolescentes se acercan y me increpan con el papel, ella se aparta y mira la escena. Les hablo en romanehs y me doy a conocer, se les ilumina la cara; les cuento el apisodio anterior; los dos se matan de risa, ella se acerca, nos sentamos los cuatro a tomar cerveza con sal y a olernos.

En 1999, la Argentina recibió la visita de gitanos de la ex Yugoslavia que vinieron a ejercer la mendicidad; durante algunos meses recorrieron los lugares más prósperos de cada provincia, se reunieron por última vez en Mendoza y de allí pasaron a Chile. En la actualidad. un grupo de ciudadanos rumanos pertenecientes a la etnia gitana está estratégicamente distribuido por toda la ciudad, exhibiendo una gran variedad de recursos para ejercer la mendicidad, por ejemplo: mujeres vestidas con bastante retraso de lo que marca la moda esperan el corte de los semáforos para pedir limosna a los automovilistas; algunas muestran carteles de exiliadas o niños dormidos. Otra variante es la simulación de problemas físicos, hombres o mujeres parecen tener manos entumecidas o piernas inmóviles y más allá de que uno advierta la farsa, ellos siguen con su tarea. Otro de los recursos es conmover con la dignidad y no con la necesidad, la variante la ejecutan hombres o mujeres solos, sin chicos ni carteles salen a recorrer las calles de los barrios más transitados, los varones llevan saco y ellas sobrios vestidos, piden limosna con la dignidad de alguien que cayó en desgracia y no quiere robar. Por último, hay niños músicos con simpáticos instrumentos hechos a su medida, que después de tocar, pasan la mano. Todos estos diferentes y variados recursos actorales se obtienen con largas horas de entrenamiento o simplemente son transmitidos de padres a hijos como un oficio que viene con el grupo desde la India. Dentro del mismo hay mendigos más prestigiosos que otros. La composición del mejor minusválido, claro está, la logra el que más recauda, para eso hay que trabajar hasta componer a un rengo que arrastra una pierna durante doce horas o ponerse un ambo y estirar la mano como un conde para recibir la limosna. Todos estos recursos apuntan a conmover, aun al más duro porque, si no lo conmueve un exiliado, lo hará una mujer con un niño u otra, con una nota pidiendo unas monedas para que un bebe llamado Angel, tenga su reflujo de pulmón.

Alicia es encargada de un hotel de la calle Piedras 915, del barrio de San Telmo. Al preguntarle cómo se lleva con sus huéspedes gitanos rumanos nos dice: -No hay más vida, parecen indios, cocinan el pollo arriba de la tostadora, no entienden castellano, son sucios. Las mujeres salen con los chicos a la 6 de la mañana a pedir monedas y vuelven a las 8 o 9 de la noche: mientras los hombres toman cerveza en la plaza. Yo no sé, pero nadie ve esto.

-¿Pagan el hotel?

-En monedas. Todos los días las mujeres dejan su esfuerzo en el mostrador, los chicos vienen todos quemados por el sol. ¿De dónde salió esta gente? Los mayores andan en muletas o caminan torcidos y cuando terminan de mangar se vienen con las muletas bajo el brazo como si nada.

Jorge Fernández Bernal, argentino de origen gitano, preside la Asociación Civil Identidad Cultural. El asegura que los mendigos no están siendo explotados por ninguna mafia.

-Claro que no somos de la mafia -dice Hepy. en romanehs. Hepy es un gitano rumano de 17 años, que dice conocer más de 12 países, habla varios idiomas y no fue a la escuela. Asegura que decidió quedarse a vivir en la Argentina-. A nosotros nos ayudan Iono y Rádulo, ellos arreglaron mi viaje de Rumania a Bolivia y de La Paz vine en auto hasta Buenos Aires, yo no tenía un dólar, ahora les debo 2000, ni bien se los pague, con esos 2000 otro gitano va salir de Rumania. Allá, en epoca del comunismo mataron muchos gitanos, casi tantos como mató Stalin; cuando yo era chico mi familia, junto con otras familias, fue escoltada por los soldados rumanos hasta la frontera alemana y allí nos dejaron. Al caer el muro, los dos países se unieron y el gobierno alemán pagó al gobierno rumano para que nos llevara a Rumania nuevamente. Después nos fuimos para Francia; de allá nos deportaron.

Interrumpe Fernández Bernal para decir:

-Después de la guerra de Kosovo, Italia y Francia devolvieron a todos los gitanos nacidos en ese país argumentando falta de documentación, lo hicieron sabiendo que en Kosovo los esperaba el odio y posiblemente la muerte.

-¿Quién financia el rescate de los gitanos que están en las zonas de conflicto?

-Muchos gitanos ricos ponen plata para sacar a sus paisanos de los Balcanes y de Rumania, los rescatados llegan con lo puesto y una deuda que saldarán para que uno de los tantos que viven muertos de miedo tenga una vida mejor en otro país. En 1990 entre la ex Yugoslavia y Rumania había más de 6 millones. Quisiera saber cuántos gitanos quedan hoy.

-Es entendible que en la situación que llega el grupo el primer recurso sea mendigar pero, ¿por qué engañan fingiendo dolencias que no tienen?

-Yo tampoco lo entiendo, pero debo decir que es verdad, siempre hubo un porcentaje de sinvergüenzas que nos deja mal a todos, pero de allí a creer que son una mafia que vive de los mendigos y viaja en aviones por el mundo... pensar eso es no conocer a los gitanos ni a las mafias, lo que ocurre con estos grupos es que son víctimas de la marginalidad extrema en la que vivieron durante siglos y ahora les cuesta mucho cambiar sus costumbres. Desde la asociación tratamos de brindarles toda la ayuda posible para que eso no ocurra, pero repito, conociendo la situación de la que vienen estoy en contra de la deportación que efectuaron otros países. De todos modos, de la mendicidad se puede volver; en el pasado muchos gitanos llegaron a nuestro país con esas características y luego se establecieron y prosperaron dedicados al comercio.

Ahora interrumpe Hepy: -Ya no usamos muletas para pedir ni nos hacemos los rengos. Rádulo dice que la policía nos controla mucho y ya se llevó a varios que se hacían los enfermos. Yo no puedo trabajar por 300 pesos por mes, ¿cómo pago el hotel y la deuda, cómo ayudo a que viaje mi familia? Quiero hacer negocios y vivir bien, mi abuelo murió tirado en una vereda, pidiendo. El padre de mi abuelo fue uno de los 50.000 que castró Hitler antes de la guerra. Yo quiero morir lleno de plata, no quiero miseria.

-Otro de los factores determinantes para que los gitanos vengan hasta acá -dice Fernández Ber-nal-, es que en Europa no los aceptan, muchas asociaciones civiles piden autorización para albergar algunas familias, pero no les dan permiso de entrada al país, mucho menos cuando son pobres y mal aprendidos. No pasa lo mismo con los gitanos ricos.

Los grupos recientes llegan desde Europa en avión; generalmente descienden en Bolivia. Después van directamente a un hotel de mala muerte, previamente contratado. Están dos o tres meses y si la recaudación diaria es buena renuevan la visa; de lo contrario, parten hacia otro país. Están organizados y realizan toda una gira por América latina. Cada integrante debe entregar entre 80 y 120 pesos por día (el sueldo promedio en Rumania es de 100 dólares). Parte de ese dinero lo utilizan los organizadores para armar las giras, costear pasajes, hospedaje, asesoramiento jurídico para saber qué país ofrece las mejores condiciones y, de ser necesario, llegar a algún arreglo con las autoridades de la nación que visitan para mendigar tranquilos y no ser deportados durante los días que duran sus visas.

Dentro del grupo hay algunas personas que leen y escriben, no fingen a la hora de mendigar y si encuentran un poco de calidez cuentan su situación. Pero no quieren fotos ni hablar con la prensa, el miedo es que los deporten, porque ningún país acepta refugiados gitanos. Tratan de hacer contacto con sus paisanos para pagar la deuda y después quedarse en alguno de los tantos países que visitan. Una familia de gitanos yugoslavos obtuvo ayuda de otros gitanos residentes en la Argentina y hoy está reorganizando su vida. Pero la gran mayoría no tiene esa suerte, ni la quiere, ni la busca, porque nunca la tuvo. Son hijos y nietos de mendigos, no saben leer ni escribir, por lo tanto sus aspiraciones son mucho más reducidas y casi todas recalan en el ascenso dentro del grupo. Quieren pagar la deuda y pasar a ser coordinadores o jefes de grupo para mejorar la situación propia y la de su familia. Les cuesta pensar sus vidas fuera del grupo, se sienten desnudos, saben que no tienen educación y que no son aceptados por la sociedad. Cuando permanecen en la mendicidad más de cuatro o cinco años pierden la idea de establecerse en algún lugar. Cuando les asignan la tarea de formar a los que se incorporan, se convierten en sus custodios y así van escalando dentro de la estructura y pasan a ser pequeños financistas que salen a buscar familias gitanas atrapadas por la guerra o la miseria, las proveen de alimentación, atención médica, cama y comida y las entrenan durante ocho o más horas diarias para componer un buen tullido; a cambio deben dejar un alto porcentaje de lo recaudado. De esta forma logran su ansiado bienestar. Del único modo que el círculo vicioso lo permite. La impresión es que no distinguen un lugar del otro o, lo que es peor, en muchos casos lo distinguen, pero el resentimiento es tan grande que no les importa. Tanto en época del comunismo como ahora acceden a la educación si renuncian u ocultan su identidad. La fuerte discriminación y el hostigamiento que en líneas generales exhiben alumnos y profesores hacen imposible más de dos o tres años de escolarización. Hay guetos donde su población jamás pisó un colegio. Muchos gitanos dicen que en las ferias y paseos de Rumania, Hungría y la ex Yugoslavia es común que alguien se lleve por delante a un gitano y si éste mira esperando una disculpa, recibe un escupitajo; y si intenta una reacción es reprimido por la policía con la aprobación de un gran sector del público. Dicen que muchos funcionarios alertan al turismo sobre los gitanos: también lo hacen en las universidades con los extranjeros que llegan a estudiar.

Las personas reclutadas vienen de lugares como las citadas ex Yugoslavia y Rumania donde son muy maltratadas y sólo logran subsistir si se pliegan a estas organizaciones. Caso contrario, les va mucho peor.

Durante la guerra que caracterizó el régimen de Slobodan Milosevich, los gitanos que no perecieron bajo las balas, que los dos bandos destinaban para ellos, huían hacia las fronteras. Allí les prohibían el ingreso y muchos perecían por inanición, otros se animaban y volvían a la ex Yugoslavia a ponerse bajo las balas o a disposición de las organizaciónes de salvamento que reciben dinero de las mafias gitanas dedicadas a los autos robados, a los sengre pura , al tráfico de drogas y a la explotación de burdeles. Se cree que, entre otras cosas, hasta aportan dinero para financiar películas que den cuenta del trato que reciben sus paisanos en el mundo.

En la Rumania de Nicolai Ceaucescu no hubo guerra, sí plomo y persecuciones contra los gitanos. También se les dio unos cuantos miles de dólares y un predio totalmente inhabitable para que construyeran su reino. La prensa mundial recogió la información, el gitano más rico se autoproclamó rey y posó para la foto. Todos los que creyeron en el proyecto fueron por su reino prometido. Al llegar y ver que era un campo desierto quisieron regresar a la ciudad y allí fueron reprimidos como ilegales; y los que se quedaron fueron reprimidos por haberse quedado.

Por lo tanto, la salida es siempre la misma, la que utilizó desde que llegó a Europa en el siglo XII: la marginalidad.

Esto desde algún lugar también nos permite ver la dura política social que se aplica con estas minorías; política que no cambió con el paso de los años. Los gitanos creen que el 50% de los civiles muertos durante la guerra en la ex Yugoslavia pertenecía a su pueblo. En el siglo XIX, en Rumania, para evitar las presiones de los países defensores de la libertad del hombre, el gobierno modificó el estatuto del esclavo gitano que le negaba la condición de hombre. El documento modificado y fechado en 1869 decía: " El gitano no es un hombre, es una persona que depende de un hombre, él y toda su familia, éste no podrá transitar sin tutela el territorio y si alguno se casare con una campesina será decapitado y ella devuelta a sus padres (...)".

Cuando aceptaron dejarlos en libertad se los castigó para que abandonaran el país. Lo están haciendo, pero dejan ver a su paso aquello que Pierre Bourdieu llamó el campus y el hábitus, el cuerpo social y lo que va escrito en él. En el cuerpo social del pueblo gitano va todo lo que el odio y la discriminación han conseguido escribir en ocho siglos continuos de violencia y muerte. Si alguien cree que ocho siglos de violencia no resienten a un pueblo, que piense entonces en el costo que está pagando la Argentina sólo por lo ocurrido en la década del 70.

Hepy no fue a la escuela, no sabe leer, no leyó a Bourdieu, pero razona antes de hablar y después de un rato, mientras me tiende la mano, cita unas palabras de su abuelo: "El sabor de la uva se mide por el trato que recibió la parra."

Jorge Emilio Nedich es escritor, argentino, de origen gitano. Su última novela, Leyenda gitana, fue finalista del Premio Planeta argentino 1999.

Qué se dice en la embajada

El embajador de Rumania, con mucha amabilidad, se negó a dar su voz oficial. En cambio aportó su opinión como ciudadano rumano, haciendo hincapié en la gran tolerancia que hay en su país hacia los gitanos. También cita el crecimiento económico del grupo y al mejor violinista que dio Rumania, el gitano Ion Voizku. Hoy, el hijo de Voisku preside el partido político de los gitanos.

La diferencia -apunta- se plantea con los que usan dientes de oro y conservan su identidad, esto los lleva a ser rechazados por el resto de la sociedad y quedan fuera del sistema; así es como terminan incurriendo en la mendicidad, en el engaño o en el delito menor, de tal modo que, transcurridas algunas décadas, estas prácticas pasan a ser razgos culturales del grupo.

Visto desde el lado gitano, ése es el punto en que comienza la discriminación, cuando habría que hacer historia y ver las causas de esta actitud.

Hasta la embajada también llegó la molestia de los residentes rumanos en nuestro país, al ver el nombre de su patria en manos gitanas.

Un funcionario rumano -en charla extraoficial-comenta que Rumania necesita imperiosamente ingresar en la Comunidad Económica Europea, y uno de los requisitos es limpiar su pasado pro nazi y la durisima política social aplicada a lo largo de su historia y en especial por el dictador Nicolai Ceaucescu contra intelectuales y minorías. Trabajosamente están haciendo los deberes; la CEE. espera una política menos corrupta y más humanizada. Esta fuente aseguró que de continuar la ola de mendigos, en poco tiempo la Argentina va a dejar de recibirlos, piensan también que una nota periodística que sólo habla del mal gitano no favorece a la etnia, afirman que la mendicidad los degrada, que enseñan a sus hijos cosas malas, como el engaño que realizan cuando simulan tocar el acordeón, dentro del cual hay un grabador. A la dirigencia rumana le cuesta admitir que detrás de todo eso hay una política social que fracasó. Y que sigue fracasando porque se niega a ver la necesidad del grupo de conservar sus raíces y que para hacerlo muchos caen en la marginalidad. Desde el punto de vista del gobierno rumano la respuesta es: ésas son las reglas de juego y los gitanos deben acatarlas.

La prensa rumana, por su parte, resalta los delitos que cometen los gitanos que viven fuera del sistema en verdaderos guetos. Titulan: "Gitano robó y fue baleado por la policía" , en lugar de escribir "Un hombre robó y fue muerto por la policía", aclarando en el desarrollo de la nota sus datos filiatorios y luego su condición. La mejor solución que se ha encontrado hasta hoy es la integración violenta, no la aceptación de la identidad de los grupos minoritarios. Cuando se integran y los gitanos se comportan como los rumanos, se los mira con la simpatía y con el reparo que se les tiene a quienes han dejado el delito; si deciden vivir a su usanza, no tienen futuro.

Aquí, en Buenos Aires, hace un tiempo los gitanos se quejaban de que en la embajada no los recibían porque dejaban mal los intereses de Rumania. Hoy todo el personal tiene orden directa del embajador de atenderlos.

El origen y la diáspora

La historia oral de la que es heredero todo gitano cuenta que en el siglo XII, unos doce mil rom dejaron su lugar en el noroeste de la India, extendiéndose hacia occidente. La leyenda señala que el crecimiento económico, el desapego a las religiones y a las formas de convivencia del lugar hizo que despertara la envidia del resto de la población que procedió a aislar a los rom. Luego, el envenenamiento de los ríos por parte de las autoridades aceleró el éxodo. Desde entonces recorren el mundo con mucho orgullo, haciendo gala de su amor por su estirpe, exhibiendo la inalterabilidad de su destino, la conservación de su cultura basada en la oralidad y el nomadismo. Para lograrlo se negaron por sobre todas las cosas a la visión de mundo que la iglesia y el poder político comenzaban a construir en el Siglo XV, apoyándose en las Sagradas Escrituras y en los edictos y leyes represivas que los gobiernos aplicaban contra el hombre antiguo, para sepultarlo y crear al hombre moderno. La filosofía rom del siglo XV decía acerca de la libertad: "La escritura del sedentario no es buena para nosotros, es un elemento que reforma y transforma la conciencia del hombre, lo saca de sí, para colocarlo en una realidad exterior y falsa que, al intentar aprehenderla, se partirá en dos, en tres, en diez, nunca terminará de construirse. Abocado a esa tarea, el hombre jamás volverá a sí, jamás volverá a ser un rom."

Escudándose en la religión, la iglesia católica los condenó entonces a ser mendicantes durante siete años, por llegar a Occidente y no tomar la fe inmediatamente; por no llevar sus hijos a bautizar; por no dar el diezmo, por no dar el responso a sus muertos. También se los eliminó por una cuestión de higiene; la falta de aseo que había en los nómadas y en sus campamentos agregado a la piel mate, aseguraba la idea de que gente así afeaba el paisaje y degeneraba la sangre auropea.

En el siglo XV, el gobierno español decidió aplicar la llamada solución final para terminar con la plaga; apresó a treinta mil gitanos para venderlos como esclavos al mejor postor o mandarlos a las galeras. Mientras se esperaban compradores se les prohibió la reproducción, bajo apercibimiento de matar el excedente. Para efectivizar la medida cada 60 días se los censaba: cuántos nacieron preguntaban los soldados, cinco contestaban desde el grupo y salían cinco viejos a cambio de los bebes. La solución final socialmente dejó conforme a un sector de la ciudadanía que ya se había sacado de encima a los moros y a los judíos y no quería la presencia gitana. Estas acciones consolidaron el gobierno de entonces y desde lo económico, no sólo se evitó un gasto sino que se encontró un rédito. Es decir, que más allá de la venta de los 30,000 esclavos aptos para el trabajo, quedaron aquellos que no reunían las condiciones de sanidad necesarias. Para facilitar el exterminio se los dejaba sin asistencia o se los asesinaba cuando robaban para alimentarse. En 1536, los descendientes de esos treinta mil gitanos fueron llevados a poblar las colonias españolas desde Puerto Rico hasta la Argentina.

Los primeros gitanos llegaron como personas libres con don Pedro de Mendoza. Pero fueron expulsados dos veces hasta que a fines del siglo XIX, grupos de gitanos rusos, griegos, moldavos, serbios y rumanos -siempre huyendo de la esclavitud, la muerte y el mal trato-, arribaron al puerto de Buenos Aires.

Desde entonces, el continente se convirtió en un refugio seguro y el grupo ha ido en aumento y también la tranquilidad del pueblo gitano, es decir del pueblo rom palabra que deriva de dom que a su vez deriva de lom , que en lengua sánscrita significa resonar y define al hombre libre que hace música.

Violencia racial y discriminación en Argentina

Los gitanos viejos suelen contar a sus nietos que durante el primer mandato del general Perón muchos campamentos fueron incendiados por dirigentes políticos. Sostenían que el general no quería carpas, la idea era obligarlos a vivir en casas, acelerando los cambios culturales; la primera parte de la idea se logró, pero a costa de la vida de muchos que se negaron a abandonar las carpas y se quemaron en ellas. Este tipo de hechos jamás es denunciado, el temor es que la denuncia active la discriminación y la violencia.

En Buenos Aires durante los años setenta se expulsó a los gitanos del barrio de la Recoleta. Un tiempo después también los de la avenida Córdoba y Jean Jaurés, donde hoy hay una plaza. En ambos casos el argumento fue embellecer la ciudad. En el sur de la Argentina, cuando tuvieron lugar algunos tiroteos entre el ejército chileno y el argentino, los militares de la zona se aprestaron para la guerra y se abastecieron de camionetas quitándoselas a los gitanos, que jamás recuperaron sus vehículos. En la provincia de Río Negro durante la presidencia de Alfonsin la legislatura local aprobó una ley prohibiendoles a los gitanos el tránsito. La rápida acción de los medios de comunicación y las entidades de derechos humanos hicieron que volviera atrás y anulara la ley. Durante la Guerra de Malvinas, dos familias gitanas perdieron a sus hijos en los enfrentamientos.

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