El automóvil, un modelo de transporte que ya fracasó en toda la región

Laura Ballesteros
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26 de abril de 2018  

El modelo de transporte que impulsó el automóvil fracasó. En las últimas décadas los gobiernos se equivocaron en apostar al auto como figura redentora de la modernidad. El desastre de la congestión vehicular, las afectaciones a la calidad del aire e incluso las muertes en accidentes de tránsito son las principales externalidades de la alta motorización heredada. Ninguna ciudad de América Latina se salva de ello.

Esto significa que los problemas de tránsito actuales no son casuales, sino el resultado de una política planificada que orientó el gasto a obras para el automóvil en detrimento de la inversión en transporte público sustentable y ecosistemas no motorizados. Esto, aunado a la mala planificación que expandió nuestras ciudades, hizo imposible moverse sin tener una caja de cuatro ruedas.

Esto no sería un problema si el espacio de las calles no fuera finito, o si el diseño de aquellas fuera flexible y permitiera la expansión de otros sistemas y actividades. Sin embargo, no es así. La saturación vehicular que provoca las congestiones representa un precepto físico básico de saturación: un objeto no puede usar el espacio del otro al mismo tiempo.

Darle espacio al auto no solo no resuelve el problema de movilidad, sino que también secuestra espacio público que podría ser utilizado para satisfacer otros derechos, como el acceso a la vivienda o a los servicios de salud y educación más cercanos. Resolver el tránsito implica abrir la puerta a servicios urbanos. Y también hacer más eficiente el uso de las calles.

Es por eso que al ser el presupuesto público uno de los principales detonadores del uso orientado al automóvil, el análisis también deja directrices claras sobre las acciones que debemos tomar en las ciudades para resolver la crisis. Cambiar la ruta del dinero público y dirigirla hacia la inversión en infraestructura verde es la más importante. Es decir, dejar atrás el viejo paradigma de transporte para emprender un cambio hacia un modelo de movilidad sustentable. En esa dirección trabajan Buenos Aires y la Ciudad de México.

Hoy ambas son miembros de una Red Latinoamericana de Movilidad, la cual comparte experiencias y brinda soporte para la toma de decisiones y el análisis de políticas regionales. Sabemos que el siguiente reto está en hacer de la accesibilidad el eje vertebral de las decisiones de la movilidad, viéndola como un medio y no como un fin.

Politóloga, exsubsecretaria de Movilidad de Ciudad de México

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