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Sarmiento

Sergio Suppo
Sergio Suppo LA NACION
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26 de abril de 2018  

Domingo a la tarde, Belgrano. Unas quince personas participan de una visita guiada en el Museo Sarmiento. Allí se enteran de que la política educativa del presidente sanjuanino no fue tan inclusiva como creían. El relato de la pasión sarmientina por la educación se limita a una alusión a sus rasgos obsesivos por planearla en detalle. No hay tiempo para citar el impacto que tuvo en el país la alfabetización masiva de sus habitantes. No debe haber sido tan importante.

De sus viajes solo surge una referencia crítica por privilegiar lo foráneo y su vehemencia por importar para industrializar. Sobre la extensa obra escrita del hombre tampoco hay mucho para decir. Escribía a favor o en contra, sin matices, señala la guía, palabras más o menos. Sí, en cambio, hay tiempo para destacar que fue un hombre muy preocupado por su imagen. Incluso hasta después de su muerte, fotos y retratos lo siguieron exaltando. "Un constructor", explica la especialista. "Entre comillas, siempre entre comillas, podría ser considerado el padre de la educación", remata. La visita termina y el grupo se disuelve rápido. Luego de semejante relato, todo queda claro salvo una cosa: ¿qué motivo hay para homenajear a Sarmiento con un museo?

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