Suscriptor digital
srcset

FARC

Grupos rivales llenan de violencia el vacío de las FARC

(0)
26 de abril de 2018  • 18:57

TUMACO, Colombia.- Cuando el presidente Juan Manuel Santos y el líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) Rodrigo Londoño firmaron el acuerdo de paz y se estrecharon la mano para poner fin a una guerra de medio siglo, se esperaba que los habitantes de ciudades como Tumaco vivieran más tranquilos.

Diecinueve meses después, para la gente de este puerto del Pacífico en el sur colombiano resultó todo lo contrario.

Con las FARC fuera del mapa, grupos ilegales armados como la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y bandas criminales formadas por exparamilitares de ultraderecha y disidentes de las FARC luchan por los espacios dejados por la otrora agrupación rebelde: izan banderas, alistan combatientes, cobran impuestos y exigen lealtad en tierras remotas.

La policía, aquí preparándose para allanar una mina ilegal de oro en cerca de Tumaco, enfrenta a otros grupos armados y criminales en la Colombia post-FARC
La policía, aquí preparándose para allanar una mina ilegal de oro en cerca de Tumaco, enfrenta a otros grupos armados y criminales en la Colombia post-FARC Fuente: Reuters - Crédito: Jaime Saldarriaga

Y están aprovechando los medios más lucrativos que habían financiado a las FARC, desde el narcotráfico hasta la extorsión, pasando por la extracción ilegal de oro.

"Es como una caldera del diablo en donde está en ebullición, una sopa en la que se cocina todo tipo de ingredientes criminales", dijo Juan Camilo Restrepo, hasta hace poco el jefe negociador del gobierno en las conversaciones de paz con el ELN. "Es una puja para apoderarse de los despojos que deja en negocios y en territorios la salida de las FARC", explicó.

Las conversaciones con las FARC avanzaron vacilantes durante cuatro años antes de llegar a un acuerdo. Santos revivió hace poco las conversaciones con el ELN después de haberlas suspendido cuando ese grupo lanzó en enero una serie de ataques con bombas que mataron a ocho policías.

Alrededor de Tumaco, donde chozas de madera con techos de láminas oxidadas se levantan sobre pilotes para evitar las inundaciones por la marea alta, la lucha por el control ha provocado un derramamiento de sangre. Muchos de sus 200.000 habitantes, la mayoría de ascendencia africana e indígena, extrañan los días cuando no había acuerdo de paz.

Muchos agricultores rurales, como estos cultivadores de coca en Peña de los Santos, dicen que ningún otro cultivo puede sustentar comunidades como la suya
Muchos agricultores rurales, como estos cultivadores de coca en Peña de los Santos, dicen que ningún otro cultivo puede sustentar comunidades como la suya Fuente: Reuters - Crédito: Federico Ríos

Entonces, las FARC controlaban las rutas de la droga y pese a los choques frecuentes con tropas del gobierno, los rebeldes se aseguraban de que los residentes más pobres que no combatían quedaran excluidos. Hoy cualquiera es vulnerable por muchas razones, desde tener las amistades incorrectas o rechazar a los extorsionistas hasta apoyar la erradicación de la coca.

A nivel nacional, las tasas de homicidios han disminuido en los últimos años. Pero en Tumaco y otras áreas controladas anteriormente por las FARC están aumentando.

Al menos 211 personas fueron asesinadas en Tumaco el año pasado, según cifras de la policía, en comparación con 147 en 2016. Eso le da a la ciudad una tasa de homicidios superior a 100 homicidios por cada 100.000 habitantes, aproximadamente cuatro veces la tasa nacional.

Entre otros grupos, los cárteles mexicanos están cada vez más presentes en Tumaco y otros lugares que las FARC dejaron.

El fiscal general de Colombia, Néstor Humberto Martínez, denunció que el cártel Jalisco Nueva Generación, además de los de Sinaloa y los Zetas tienen presencia en al menos 10 regiones del país, para asegurar su suministro de cocaína a través de asociaciones con bandas locales.

Para la gente de Tumaco, la extrema pobreza puede hacer que la vida fuera de la ley sea atractiva. La alcaldía calcula el desempleo en un 70 por ciento. La región tiene pocos trabajos legítimos más allá de la pesca, el cultivo de cacao, arroz y aceite de palma, y la ocasional labor en barcos camaroneros.

El dinero fácil lo encarna la cocaína, ya sea el cultivo de coca o cualquiera de las tareas químicas o logísticas para exportarla. En toda Colombia, estas actividades generan unos 13.000 millones de dólares anuales, equivalentes al 4 por ciento de la economía del país, calculan el gobierno y académicos.

Los rebeldes del ELN dicen que están atrayendo nuevos miembros y manteniendo a los adversarios fuera de las antiguas tierras de las FARC
Los rebeldes del ELN dicen que están atrayendo nuevos miembros y manteniendo a los adversarios fuera de las antiguas tierras de las FARC Fuente: Reuters - Crédito: Federico Ríos

"La capacidad de corrupción del narcotráfico ha llegado a todas las instancias de la sociedad colombiana e internacional", dijo el almirante Orlando Romero, comandante naval del Pacífico, cuya fuerza capturó 12 militares y cinco civiles en los últimos tres años por colaborar con narcotraficantes.

Los viajes desde Tumaco no son nuevos, pero el afán por participar está aumentando. "Vienen a la iglesia en busca de una bendición antes de irse", dijo Daniel Zarantonello, un sacerdote italiano que trabaja en Tumaco. "Está fuera de control".

Y en esa mezcla de pobreza, abandono e ilegalidad es donde también florecen grupos guerrilleros como las GUP. Su bandera roja y verde aparece izada en una de las orillas del río Rosario, en las afueras de Peña de los Santos. El grupo está reclutando combatientes para sumar a los 400 que tiene en una zona que va desde el Cauca hasta la frontera con Ecuador.

Joan, el líder de una patrulla de las GUP, dijo que se preparan para incursiones de rivales en el territorio. "Están surgiendo muchos grupos paramilitares y no vamos a permitir que lleguen aquí", sostuvo.

Los paramilitares de derecha surgieron en la década de 1980 financiados por terratenientes, ganaderos y narcotraficantes para combatir a las guerrillas. Tanto o más despiadados que los rebeldes, los paramilitares se transformaron en escuadrones de la muerte conocidos por matanzas con motosierras y machetes.

"La lucha es por el pueblo y para cuidar al pueblo", afirmó Joan, quien portaba una pistola semiautomática en la cintura, por debajo de su pantalón y de una camiseta. "El gobierno no nos protegerá a nosotros ni a la comunidad, nosotros lo haremos".

Agencia Reuters

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?