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Tras la pompa para Macron, Trump recibe a Merkel

La canciller busca que la UE quede excluida de las sanciones comerciales y que Washington no deje el acuerdo nuclear con Irán
La canciller busca que la UE quede excluida de las sanciones comerciales y que Washington no deje el acuerdo nuclear con Irán Fuente: Reuters - Crédito: Axel Schmidt
Luisa Corradini
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27 de abril de 2018  

PARÍS.- Después de Emmanuel Macron , el " good boy" francés agasajado fastuosamente, Donald Trump recibe hoy en Washington a la " bad girl" alemana Angela Merke l, que tendrá derecho a escasos minutos de entrevista privada con el presidente norteamericano.

Nadie espera que Trump y la canciller, separados por una antipatía mutua, se prodiguen los mismos -casi exagerados- signos de afecto que intercambiaron el presidente francés y el republicano. Pero nada es fortuito: la expreferida y aliada incondicional de Barack Obama -que le había entregado la "medalla de la libertad"- es la pesadilla de su sucesor.

"Es increíble a la velocidad con que Merkel pasó del papel de preferida y principal socia de Estados Unidos en Europa a ser la mala de la película", constata Jan Techau, director de Programa de Europa del centro German Marshall Fund.

Esos reproches conciernen a los gastos de defensa alemanes, inferiores a los de otros miembros de la OTAN; el espinoso acuerdo nuclear iraní; su enorme excedente comercial con Estados Unidos, e incluso el proyecto de gasoducto Nord Stream 2 con la estatal rusa Gazprom, criticado por Washington. Esos desacuerdos existían antes de la llegada de Trump a la Casa Blanca, pero el nuevo presidente los transformó en puntos de conflicto.

Merkel viaja a Washington para defender los mismos expedientes que Macron, con quien coordinó sus argumentos en Berlín la semana pasada, como el dossier nuclear iraní, el multilateralismo y el libre comercio. Fina estratega y mejor política, Merkel sabe que para salvar su relación con Washington debe mostrar algunos signos de buena voluntad. Por eso, en vísperas de su viaje, tomó distancia del Nord Stream 2 y sugirió su disposición a llegar a un compromiso con Washington sobre las tarifas aduaneras.

La prioridad para ella será evitar una guerra comercial. Principal potencia industrial europea, Alemania sería la primera víctima del aumento de tasas que anunció Trump sobre las importaciones de acero (25%) y aluminio (10%), amenaza que debería confirmar o abandonar el próximo lunes.

Para suavizar los ángulos, Merkel apoyaría ante la Comisión Europea una propuesta de reducción de gravámenes a la importación de vehículos norteamericanos a Europa.

El otro gran objetivo de la canciller es convencer a Trump de no renunciar al acuerdo nuclear iraní. De lo contrario, Teherán podría reanudar su programa de armas atómicas y provocar una carrera armamentista en Medio Oriente. Todo indica que Trump se apresta a denunciar ese pacto negociado por su predecesor antes de la fecha límite del 12 de mayo.

Pero el mayor obstáculo que deberá superar la canciller es la frialdad de sus relaciones con Trump. El test crucial será la reunión tête-à-tête que ambos deben mantener esta tarde y que no debería durar más de un puñado de minutos.

Antes de su elección, Trump había hablado en términos durísimos no solo de Alemania, sino también de Merkel: gastos militares insuficientes, "peligrosa" acogida de refugiados musulmanes, políticas comerciales antinorteamericanas... Berlín, aliado indefectible de Estados Unidos durante 70 años, se vio de golpe sentado en el banquillo de los acusados.

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