4 maneras de ayudar a que los niños adquieran hábitos alimentarios saludables

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27 de abril de 2018  • 11:35

La infancia es una etapa de aprendizaje y de muchos cambios en todos los ámbitos de la vida de los niños y sus padres, incluida la alimentación. Es común que, a partir de los 4 años, los niños comiencen a aburrirse de ciertos alimentos y muchas veces los rechacen. Aunque muchos padres puedan llegar a preocuparse porque sus hijos no quieran comer algunas cosas, los especialistas afirman que estas prácticas son parte normal del proceso madurativo de los más chiquitos. "A esta edad tienen la capacidad para desarrollar su autonomía en su máximo esplendor; por eso, pueden preferir comer solos o querer probar cosas nuevas", explica el pediatra Gonzalo Rojo.

Si bien no es recomendable agobiarlos ni forzarlos a comer, es fundamental que los chicos reciban los nutrientes necesarios para esta etapa de crecimiento y desarrollo. "El calcio, las vitaminas, el hierro y el zinc son esenciales ya que participan en la actividad de la sangre, las defensas y los huesos", señala Rojo.

El hábito de comer saludablemente es uno que se adquiere desde la infancia. "La alimentación empieza en casa, cuando educamos mediante el ejemplo", resalta la doctora Gacela Simán Menem, presidenta del Centro de Endocrinología, Salud, Alimentación y Nutrición (CESAM). No solo debemos ayudarlos a elegir los alimentos más nutritivos, sino como adultos comer lo más sano posible, incluyendo frutas, verduras y frutos secos en nuestra dieta diaria.

Entonces, ¿cómo podemos darles a los niños la libertad de elegir y, al mismo tiempo, lograr que reciban una alimentación saludable y completa?

  • Evitar distractores como la televisión y otras pantallas durante las comidas y resaltar la importancia de compartirlas en familia
  • Ofrecerles opciones diferentes a las que rechazan, que les proporcionen los nutrientes necesarios, pero evitando los conflictos con la comida que podrían relacionarse con problemas emocionales y trastornos de alimentación a mediano y largo plazo. Por ejemplo, en el caso de la leche, podemos en cambio ofrecerle otras opciones que contengan proteínas y calcio como el queso o el yogur
  • Prestar atención a los momentos en los que comen entre comidas, sustituyendo los productos con alto contenido de grasas, azúcares y sodio, por otros con más minerales, vitaminas y grasas saludables como frutas o frutos secos
  • Implementar las viandas saludables, preparándolas la noche anterior con ellos para que puedan elegir qué quieren comer

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