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En máxima reserva, el Papa empezó a reunirse con víctimas de abusos chilenas

Juan Carlos Cruz, a su llegada al Vaticano
Juan Carlos Cruz, a su llegada al Vaticano Fuente: AP
Elisabetta Piqué
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27 de abril de 2018  • 16:37

ROMA.- Tal como se había anunciado, el Vaticano confirmó hoy que el Papa comenzó esta tarde los "encuentros personales" con Juan Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo, tres conocidas víctimas de abusos sexuales perpetrados en Chile en las décadas de 1970 y 1980 por el sacerdote pedófilo Fernando Karadima, a quienes invitó a pasar unos días en su "casa" de Santa Marta para pedirles disculpas y compartir su dolor.

En medio de gran expectativa mediática -varios periodistas de Chile llegaron a Roma para cubrir este hecho sin precedentes-, el Vaticano aclaró que, como suele ocurrir en estas situaciones de lo más delicadas, los encuentros tendrán lugar en medio de máxima reserva.

"No está previsto emitir ningún comunicado oficial sobre el contenido de los mismos, por expreso deseo del Papa", dijo el vocero papal, Greg Burke, que destacó que, como ya había dicho el miércoles pasado, la prioridad de Francisco es "escuchar a las víctimas, pedirles perdón y respetar la confidencialidad de estos coloquios".

"En este clima de confianza y de reparación del sufrimiento, la voluntad del Papa Francisco es dejar que los invitados hablen todo el tiempo que sea necesario, de manera que no hay horarios fijos ni contenidos preestablecidos", agregó.

Invitados especialmente por Francisco, que le pagó los pasajes y estadía, Cruz, Murillo y Hamilton ingresaron ayer a la residencia de Santa Marta y se quedarán hasta principios de la semana que viene.

Aunque el Papa ya se reunió con víctimas de abusos sexuales en el Vaticano en los últimos años y recientemente reveló que suele hacerlo una vez por semana, el de ahora es un contexto totalmente inédito y distinto. Tiene que ver con el escándalo de abusos que sacudió a la Iglesia chilena -por esto hoy la más desprestigida de América latina-, que lejos de contener y ayudar a las víctimas, las maltrataron y difamaron.

El detonante del escándalo fue el cuestionado obispo de Osorno, Juan Barros, prelado de 62 años que fue parte del círculo íntimo de Karadima, que fue acusado reiteradas veces por las víctimas de haber encubierto sus crímenes. Si bien el Papa respaldó a Barros en diversas oportunidades y tildó a las víctimas de calumniadores, al regresar de su viaje a Chile, en enero pasado, marcado a fuego por la indignación de la opinión pública porque el controvertido obispo participó de todas las misas y fue nuevamente apoyado por Francisco, las cosas se dieron vuelta.

El Papa decidió reabrir el caso Barros y envió a Chile al máximo experto del Vaticano en pedofilia, monseñor Charles Scicluna, arzobispo de Malta. Luego de entrevistarse con 64 personas -entre ellas Cruz, Hamilton y Murillo-, Scicluna elaboró un informe de 2300 hojas que significó una vuelta de tuerca. En una carta que envió el 11 de abril pasado a los obispos chilenos, pidió perdón, admitió haberse equivocado en la percepción de la situación, también debido a información no veraz y equilibrada, convocó a los obispos -que vendrán el mes que viene- e invitó a compartir unos días con él a las víctimas más emblemáticas del escándalo.

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