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Minerva Casero: "Con el arte expreso mi existencia"

Crédito: Gentileza Gabriel Machado
Con solo 18 años, ya tiene brillo propio: destaca como actriz, practica budismo y promueve la creatividad de los jóvenes
Alejandro Rapetti
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28 de abril de 2018  

Actriz talentosa, cálida y de buen humor, portadora de una belleza exótica y carisma singular, con apenas 18 años la hija menor del capocómico Alfredo Casero es la flamante revelación de 2018.

Apenas salida del colegio secundario, por estos días se la puede ver en Simona, la ficción que ocupa el horario central de El Trece (lunes a viernes, a las 21.30), donde cada noche se pone en la piel de Ailín, la hija de Paul, el personaje que interpreta el actor Darío Barassi. "Desde el primer momento es muy fácil trabajar con Darío, porque enseguida se genera un juego entre nosotros. Una situación muy lúdica y muy placentera. También creamos un vínculo muy bueno fuera de la pantalla", cuenta Minerva, en uno de los descansos de los extensos días de grabaciones en Pol-ka.

A su vez, todos los sábados de abril y hasta el 12 de mayo estará como invitada en De qué no se puede hablar, el unipersonal de humor y música que presenta su padre, Alfredo, en la Sala Siranush. "Me gusta mucho laburar con mi papá, esta vez cantando una canción juntos. Siento que recién estoy empezando a sentirme cómoda con mi profesión, a liberarme un poco, sentirla de verdad, y hacerlo con él representa mucha confianza de su parte, otro crecimiento más que vamos a desarrollar juntos. Voy a volver al escenario con él, como lo hice toda mi vida, desde que tengo tres años", apunta.

Porteña de nacimiento, hermana menor de Guillermina (33) y Nazareno (31), pasó su primera infancia en el barrio de Agronomía y enseguida se mudó con su familia a una casa frente al mar en Puerto Madryn, donde vivió unos tres años antes de comenzar el colegio. "Por la mañana bajaba a desayunar a la cocina y podía ver el brillito del agua. Recuerdo el viento, la arena, el verdín. Cuando bajábamos al agua, me paraba enfrente del mar y hacía como unas artes marciales, luchaba contra el mar. También andábamos mucho a caballo por la playa. Tuve una infancia hermosa, llena de naturaleza", recuerda.

De regreso a Buenos Aires, estudio en el Instituto Privado Argentino Japonés Nichia Gakuin, en Almagro. Comenzó a trabajar en la tele a los 16, con un pequeño papel en Esperanza mía, y un año después protagonizó Heidi para la señal Nickelodeon.

-¿Qué enseñanzas te dejó el colegio japonés?

-Muchísimas enseñanzas. Para empezar, había mucho respeto por la diversidad. Después aprendí lengua japonesa, literatura japonesa, historia y economía japonesa, actualidad japonesa. Comíamos alimentos muy saludables y muy ricos y se le daba mucha importancia al agradecimiento. También estudiamos religión, distintos tipos de budismo, desde que surgió en la India y su desplazamiento por Asia.

-¿Adoptaste el budismo para tu vida?

-Sí, yo sigo el budismo de Nichiren Daishonin. Mi mamá es budista, mi tía es budista, mi madrina es budista, y si bien mi papá no lo practica tanto, también es amigo del budismo, lo conoce y se apoya en él.

- ¿De qué se trata?

- A veces a uno se le acaban las opciones mentales, las opciones puramente mundanas para solucionar su vida, es decir, que uno ve la vida en el mismo punto en el que la vida pasa, y este budismo, a través de la pronunciación de un mantra y un sutra, te invita a elevar tu mirada y poder ver las cosas desde una perspectiva sabia para poder atravesar los obstáculos que se te presentan -que son un montón y de mucho sufrimiento, así como las felicidades- con sabiduría. Es un budismo para aplicar en la vida cotidiana. No hay ningún requisito ni restricción para practicarlo. Se trata de intentar ser feliz y también de trabajar para la felicidad de los demás.

- ¿Y cómo nació tu vocación por la actuación?

-Digamos que mi vocación por el arte nace conmigo. Mi mamá es artista plástica, mi papá es artista también, y yo aprendí a expresarme a través del arte como mi manera de expresión principal. El arte no es una actividad en mi vida, no es una pasión, no es algo que hago, no es mi laburo, sino que el arte es la manera en la que yo expreso mi existencia. En la cartera tengo un cuadernito y una cartuchera, donde escribo o dibujo lo que tengo ganas, lo que me sale o lo que siento, lo que veo, de todo. También canto todo el tiempo, realmente es parte de mí.

-¿Cuál es la mayor enseñanza que te dejó tu padre sobre la actuación?

-Él me enseña todo el tiempo cosas de la vida que se aplican también a la actuación. Las técnicas actorales las he aprendido con profesores, como Nora Moseinco o Mónica Bruni, y mis padres, más que enseñarme, me han transmitido la manera de expresarme en el mundo que voy a tener toda mi vida.

-Naciste en el 99, te criaste en este nuevo milenio. ¿Cómo ves a tu generación?

- Creo que hay mucho motor entre los jóvenes, al menos los que me rodean, todos son emprendedores, independientes. Hay como una necesidad creativa, de impulso, de autogestión, que trasciende también en las redes sociales.

- ¿Te interesa la política?

-No. O sea, quiero lo mejor para todos, sé que es una utopía, pero me gustaría que cada ser pueda ser feliz, y tener una realidad que acompañe esa felicidad, pero sinceramente me angustia mucho la política, porque cuando empiezo a pensar políticamente no puedo concebir la manera en que las cosas estén bien, y eso me angustia, entonces prefiero no salirme. Es una decisión que tomo hoy, siendo casi una niña, porque quizá todavía no estoy preparada.

- ¿Qué cosas te ponen de muy mal humor?

- Cuando alguien con su pregunta te incita un sentimiento. Te dice, por ejemplo: "¿Vos estás medio mal, no?". Y lo que más de mal humor me pone en la vida es que me apuren. Me rompe mucho los huevos, prefiero levantarme 65 horas antes para no escuchar "dale daleeee". ¡Me mato! Realmente me molesta mucho, porque soy una persona lenta para hacer las cosas, entonces prefiero hacerlas lentamente.

- ¿Qué opinión tenés sobre la despenalización del aborto?

- Yo estoy a favor de que cada quien pueda hacer lo que quiera con su cuerpo. No hay nadie que pueda decidir sobre tu cuerpo.

- ¿De qué cosas estás segura?

- De que soy una persona que ama, que tiene gente linda alrededor, de que soy una persona sana, de que habría que aprender mucho más de la naturaleza: tenemos que poner el ojo ahí (sin poner la bala).

Fuente: LA NACION

Que sea frutal y refrescante

A la hora de elegir una bebida predilecta, Minerva se rehúsa a hacerlo, aunque admite sentirse inclinada por las frutas y los refrescos. "La verdad es que no tengo una bebida favorita, me gusta todo lo que es frutal y refrescante, pero no puedo decidirme por una ni loca, porque me cuesta mucho elegir cosas favoritas, siento que cada cosa tiene su propio encanto y no me gusta preferir una por sobre las demás".

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