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Las pymes y las nuevas herramientas para el financiamiento

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29 de abril de 2018  

Muchos estudios demuestran que el crecimiento y el desarrollo de la economía es acompañado por un mercado de capitales pujante. En la Argentina, lamentablemente, esto no sucedió en su historia reciente.

¿Qué ocurre con nuestro mercado de capitales? Ha pasado por varias etapas, desde la liberalización y apertura extrema hasta cierres totales. En el medio hubo períodos en los cuales los llamados "inversores institucionales" argentinos (fondos comunes de inversión, compañías de seguros, fondos de retiro y jubilación, etcétera) se vieron obligados a invertir su liquidez de acuerdo con parámetros fijados por una determinada normativa.

Uno de los grandes objetivos de todos los gobiernos democráticos fue posibilitar el acceso de las pymes (principales impulsoras del empleo y del desarrollo de las economías regionales en cualquier economía del mundo) al financiamiento de mediano y largo plazo, ya sea por intermedio del sistema bancario o a través del mercado de capitales, con escaso o casi nulo resultado.

La forma de subsanar esta carencia fue mediante la coerción, es decir, que el Estado obligó a los bancos y a los inversores institucionales a invertir parte de su liquidez en el segmento pymes.

En 2012, por una norma del Banco Central, los bancos que ostentaban más del 1% de los depósitos totales del sistema debían destinar al menos el 5% de sus préstamos a pymes, a tasas muy por debajo de lo que dictaba el mercado. Estos créditos fueron conocidos como LIP (Líneas de Inversión Productiva) y actualmente tienen un nivel de 19% de tasa nominal anual (aunque el volumen está en decadencia). Luego, desde el lado de los inversores institucionales, ocurrió algo similar cuando la Superintendencia de Seguros obligó a las compañías del sector a invertir al menos el 3% de sus fondos líquidos en activos denominados pymes. Con estas dos normas, la demanda de activos pymes se encontraba más que satisfecha.

Estas normas ayudaron a desarrollar una variedad de productos que comenzaron a introducir a unas pocas pequeñas y medianas empresas en el mercado, a través del descuento de cheques de pago diferido en pesos, descuento de pagarés en pesos y en dólares, emisión de valores de corto plazo, fideicomisos financieros, obligaciones negociables y oferta pública inicial de emisión de acciones.

A pesar de que la demanda de activos pymes estaba garantizada, lo cierto es que se direccionó a líneas bancarias de mediano plazo para determinados sectores específicos y a descuento de cheques de pago diferido de muy corto plazo (hasta 365 días). El mercado de capitales y el largo plazo seguían sin aparecer.

Uno de los grandes cuestionamientos de las pequeñas y medianas empresas respecto del acceso a instrumentos para financiarse en el mercado de capitales es que se debe pasar por un proceso de calificación por parte de una calificadora de riesgo, y cumplir el régimen informativo que exige la Comisión Nacional de Valores, que incluye la presentación de estados contables semestrales y distintas presentaciones con carácter periódico.

Esto es un gran punto a favor, ya que obliga a las pymes a "ordenarse" administrativa, contable y financieramente, lo que resulta estratégico para su desarrollo futuro. Pero, al mismo tiempo, existe resistencia, ya que se deben invertir recursos y tiempo con los que las pymes no cuentan.

En este contexto, el actual gobierno impulsó, con la resolución de la Comisión Nacional de Valores número 696, un nuevo esquema simplificado y garantizado de emisión de obligaciones negociables, para que las pymes accedan al financiamiento vía el mercado de capitales.

Esta nueva regulación tiene vida desde el 15 de junio de 2017 y se apoya en la calificación de riesgo y las garantías o avales que pueden otorgar las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR), entidades financieras y/o fondos de garantía. Bajo este régimen, las pymes ya no tienen la obligación de ser calificadas y se las exime de presentar esa gran cantidad de información que exigía la CNV en sus regímenes anteriores. Gracias a la creación de este sistema, en el último año, se han incorporado al mercado de capitales 23 pymes y están listadas para salir otras 60. Esto da un total de 83 pequeñas y medianas empresas con acceso al mercado de capitales comparado con las 54 que había cuando regía el esquema anterior, de 12 años de vida. Si bien no se puede hablar aún del éxito del régimen, se ha logrado un gran avance en materia inclusiva.

Por ello, creemos que las pymes acelerarán su incursión en el mercado de capitales y se consolidarán como un segmento al cual el sistema bancario querrá financiar, tomando la importancia que siempre merecieron tener en nuestro desarrollo y matriz productiva.

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