El desafío de saber cómo analizar bien la información

Hoy existen medios que permiten acceder a una gran cantidad de datos para utilizar en la gestión
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29 de abril de 2018  

En el corazón de la transformación digital están los famosos datos. Pequeños pedazos de información que si se juntan y se analizan cuentan historias, tendencias, negocios y oportunidades. Son el crudo, la materia prima de la digitalización, aunque todavía se debate cómo implementarlos.

Mariela Mociulsky, directora general de Trendsity, consultora de investigación y tendencias de alcance regional, habló acerca de las contradicciones en esta área. "Un 50% de las empresas admiten que año tras año aumenta el presupuesto para obtener la información y, sin embargo, siete de cada diez no saben cómo ni cuándo utilizar esa información de modo eficaz", dijo Mociulsky.

El big data se caracteriza por generar gran cantidad de información y, según la consultora, "es cada vez más difícil poder diferenciar los datos imprescindibles de los accesorios". Para ella, la clave es poder hablar de las personas que interactúan con ellos. "Se necesita un perfil de analistas mixto que pueda entender de manera técnica y en el marco del negocio qué aporta la información. Con esta intersección van a poder aportar a construir la estrategia de las empresas", dijo Mociulsky.

Los responsables de ocupar esta nueva categoría de empleados, con un perfil técnico y a la vez conocimientos de la industria y del negocio, son de la nueva generación millennial.

En el encuentro hubo un espacio para sus preguntas. La primera fue: ¿cómo justifican el discurso de que equivocarse está bien dentro de una empresa? Diego Pando, cofundador de Digital House, el primer Coding School de la región, responde: "Hay que escuchar más, se trabaja en espacios colaborativos, y para nosotros el error es válido porque es aprendizaje". Para Juan Pablo Lafosse, CEO de Almundo, equivocarse está permitido porque se trabaja en un escenario donde lo importante es ser ágil, moverse rápido.

La segunda pregunta millennial fue: "¿De qué disfrutan en su tiempo libre?". Para Hernán Kazah, fundador y socio gerente de Kaszek Ventures, hay dos lecturas posibles. "La lectura del sombrero viejo es que son vagos. Pero la segunda opción, más filosófica y real, es que entienden que uno no puede hacer únicamente una cosa (como trabajar) porque hay que formarse constantemente". Para los millennials, es importante aprovechar el tiempo libre para hacer otras cosas más allá del trabajo o la universidad, porque tener otro interés el día de mañana puede ser necesario para reinventarse.

Siempre preocupados entre el balance de la vida personal y profesional, los millennials también preguntaron: "¿Tuvieron que ser workaholics para llegar a donde están?".

La respuesta trajo opiniones variadas. Para Diego Pando, que también se dedicó a la creación de Bumeran, el principal portal de empleos de la región, en su experiencia fue necesario "trabajar todos los días por los primeros dos años". El emprendedor mencionó que no cree haberse equivocado, "Era feliz con lo que estaba haciendo. Hoy también lo hago, aunque tengo tiempo para mi familia y mis amigos, pero no dejo de trabajar 24 horas por siete días de la semana los 365 días del año". Explicó que gracias a las herramientas tecnológicas "está siempre presente", y se considera un apasionado de su actividad. Por su parte, Juan Curutchet, presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, relacionó la pregunta al pedido de los millennials de realizar los trámites bancarios online y no querer trasladarse al banco, y menos esperar en una fila por su turno. "Quieren tiempo para sí mismos y poder dedicarse a lo que les interesa. Está perfecto, yo también quiero eso. Hay que ver qué pasa después, en la vida, ya que sacando los grandes genios hay que trabajar", comentó.

Para Carlos Pérez, la pregunta por el tiempo libre demuestra que hay un trasfondo interesante. En 10 o 15 años más, dijo, la productividad va a estar puesta en duda. Los chicos hoy se están preguntando: "A qué precio se llega a lo que se llega?".

Para Kazah, el workaholic tiene una connotación negativa que no corresponde con su caracterización del trabajo emprendedor. " Workaholic viene de alcohólico, que no puede despegarse de algo que le hace mal. Los emprendedores tienen pasiones que los motivan, y si medís cuántas horas le dedicás a tu actividad probablemente sean muchas, pero porque definen quién sos", contestó.

Alicia Caballero, economista y decana de la Facultad de Ciencias Económicas de la UCA, también preguntó "¿Cómo es el impacto de la transformación digital en la distribución del ingreso? ¿Es una fuerza que ayuda a la inclusión o no?".

Para Kazah, el impacto va ser positivo. "Hace 100 años el 50% de los trabajadores se dedicaban al agro, hoy solo el 4%. Tal vez haya unos momentos donde se sufre un poco más, pero a largo plazo la tendencia es positiva", contestó el inversor.

Según Curutchet, para que haya un impacto positivo tienen que haber un cambio de infraestructura importante. "En Estonia el 97% de las escuelas tienen Internet. La digitalización puede plantear una solución, pero si hay conectividad no es posible", resumió.

El cambio que marca el ritmo

La revolución digital transforma el mundo del empleo y de las empresas

200%

Virtualidad

Es el porcentaje en que aumentaron las operaciones por home banking en el Banco Provincia, comparado con un 20% que bajaron por la ventanilla

4%

Transformación

Es el porcentaje de la población que trabaja en el agro; hace 100 años era a la mitad de la población. La transformación del empleo global ya es realidad

16,2%

Baja digitalización

La economía digital representa un 16,2% del producto bruto nacional (PBI), mientras que en los Estados Unidos significaun 34% del total

Primera en el cambio

La industria de los viajesy el turismo es una de las que más ha cambiado con la transformación digital por la posibilidad de conocer y contratar servicios en lugares lejanos en solo unos clics

Conectividad

En Estonia el 97% de las escuelas tienen Internet, mientras que la penetración en la Argentina es baja aún. La digitalización puede plantear una solución, pero si no hay conectividad no es posible

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