Con los ecos del escándalo se empezó a poblar la fiesta lectora

De los 94 años, la uruguaya Ida Vitale abrió el Festival Internacional de Poesía
De los 94 años, la uruguaya Ida Vitale abrió el Festival Internacional de Poesía Crédito: Ignacio Sánchez
Mientras se sigue discutiendo qué pasó con la seguridad en el acto de apertura, ayer la Rural recibió a los primeros autores
Natalia Blanc
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28 de abril de 2018  

En el segundo día de la Feria del Libro de Buenos Aires continuaban en el ambiente editorial las repercusiones de la accidentada apertura oficial, cuando unos cientos de personas irrumpieron en la Sala Borges para reclamar la continuidad de los profesorados porteños. Consternados, los organizadores todavía no se explicaban qué pasó con la seguridad del predio, que no pudo evitar el ingreso de los manifestantes. Algunos expositores, por su parte, se mostraban indiferentes al incidente, ya que el eco del escrache les llegó por las redes sociales y los medios de comunicación. Otros, al contrario, aseguraban por lo bajo que el escándalo del primer día instaló la Feria en la agenda de los medios. "Si había gente que no sabía que abrió, ayer se enteró", dijo ayer un librero de un stand de los grandes.

La Fundación El Libro emitió un comunicado firmado por su presidente, Martín Gremmelspacher, donde define la protesta como "una representación dramática" y lamenta lo ocurrido anteayer cuando "manifestantes que reclamaban contra un proyecto de ley de modificación de la educación terciaria en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires impidieron con sus gritos que pudieran exponer los ministros de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires Enrique Avogadro y de Cultura de la Nación Pablo Avelluto". Los organizadores aclaran que "el ingreso al acto fue con invitaciones nominadas y especiales enviadas por la Fundación El Libro. Luego del ingreso del público invitado y registrado, y como quedaba lugar en la sala, se dio acceso al público general", una práctica usual en la inauguración. Algunos de los que estuvieron presentes contaron sorprendidos que aún con sus entradas en la mano tuvieron que esperar para ingresar a la sala porque el control, temprano, era riguroso. "Me pidieron invitación, controlaron si figuraba en la lista y aun así no me dejaban pasar. Por poco me piden un análisis de sangre para permitirme entrar", reveló una invitada. Por eso, cuando los manifestantes comenzaron a protestar con carteles y gritos, reinaba el desconcierto.

"No era el lugar. Fue desubicado. No era un acto en una plaza pública", dijo uno de los organizadores a LA NACION. Sus palabras van de la mano con el tenor del comunicado, donde la Fundación destaca que "realiza este acto propio, en el que se expresan, sobre todo, problemáticas del libro. No lo hace como tribuna pública ni menos puede consentir que no puedan expresarse las autoridades y personalidades invitadas a hacerlo". Es que, además de intentar aplacar los ánimos de los manifestantes, también tuvieron que enfrentar la bronca de los funcionarios que no pudieron hablar en el acto.

Fue la primera vez en 44 años que sucede algo así. Es habitual que haya cruces e intercambios, pero lo del jueves fue inédito. "Mientras sigan invitando a hablar a los funcionarios corren riesgo de que esto suceda. Deberían hablar un autor y el presidente de la Fundación. Nadie más", dijo un editor de los medianos para quien la protesta fue oportuna. "Fue tapa de todos los diarios".

Marta Minujín, en el #espaciolanacion, repasó sus años en París
Marta Minujín, en el #espaciolanacion, repasó sus años en París Crédito: Ignacio Sánchez

En el segundo día de la Feria también tuvo lugar la elección del libro de 2017 por parte de críticos literarios y periodistas culturales. El jurado, integrado por Osvaldo Quiroga, Julia Saltzman, María Saenz Quesada, Flavia Pitella, Canela, Mónica López Ocón y Pablo Gianera, entre otros, decidió premiar a Excesos lectores, ascetismos iconográficos (Ampersand), de José Emilio Burucúa.

Ayer, con los pasillos de la Rural ya poblados de visitantes, se inauguró el Festival Internacional de Poesía, con Ida Vitale como invitada especial. La poeta uruguaya nacida en Montevideo en 1923 leyó versos "como al azar". Fue presentada por Jorge Monteleone y recibió calurosos aplausos en una colmada sala Sarmiento. El festival continúa hasta el domingo y hoy, a partir de las 20, habrá un tributo a Nicanor Parra, en la voz de Patricio Contreras. Luego, un miniconcierto de Gabo Ferro.

Como siempre, en la FIL suceden muchas cosas al mismo tiempo. A la misma hora que comenzaba el festival, en el #espaciolanacion Marta Minujín presentaba Tres inviernos en París, sus diarios íntimos de los años 60. La artista dio varias vueltas antes de llegar al stand. "Me perdí", dijo al llegar, con sus gafas oscuras y mameluco azul. Ante las preguntas de la periodista Celina Chatruc, Minujín recordó que París era una meta para los argentinos. "Escribía a la luz de la vela en los bares; alquilaba un cuarto en un quinto piso en un barrio irreverente y solo me vestía de negro", recordó. Su pareja, Juan Carlos Gómez Sabaini, que estaba ayer entre el público, le enviaba víveres y abrigo. "Me moría de frío", contó.

Marta pasó momentos duros, pero también de éxtasis. Iba a fiestas, entabló una gran amistad con Alberto Greco; conoció a Le Corbusier, y realizó en París varias de sus primeras obras, como La habitación del amor. También fue allí donde vendió sus primeras obras, hechas con sus emblemáticos colchones. Entre otros, se relacionó en aquel lado del Atlántico con Sartre y conoció a Cortázar, que la visitó con su esposa, "pero no hubo mucha onda entre nosotros", contó.

Fiel a su estilo descontracturado, Minujín hizo reír al público y, al rematar la presentación, firmó ejemplares de su libro. En el cierre de las actividades del día en el auditorio de LA NACION sonó candombe uruguayo, de manos del periodista Humphrey Inzillo.

Instantáneas

  • El año de la pelota. Beto Alonso firmaba ayer en el stand de Planeta ejemplares de su libro al calor de una cola de fans que, además, le llevaban la camiseta de River.
  • Casi como en la rave. Varios comentaban ayer en La Rural (y también en las redes sociales) el precio del agua mineral: una botella chica cuesta $70 pesos.
  • Atendidos por sus dueños. En los stands colectivos de sellos chicos, como el que reúne a Pequeño Editor, Limonero y Iamiqué, reciben al público los editores. Por ejemplo, ayer estaba Diego Bianki.

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