Suscriptor digital

Bienvenida la escuela de Menotti

Diego Latorre
Diego Latorre LA NACION
César Luis Menotti, personaje clave en la historia del fútbol argentino
César Luis Menotti, personaje clave en la historia del fútbol argentino
(0)
28 de abril de 2018  • 23:50

Maestro es una palabra muy banalizada en estos tiempos, más aún en el fútbol. Nos gobierna la inmediatez y la sensación es que no vale la pena ponerse a enseñar porque en cualquier momento el alumno, o el propio maestro, se van a ir. Pero es una trampa. No importa cuánto dure esa relación, lo valioso estará en los conceptos que el alumno incorpore para ayudarlo a evolucionar.

Un entrenador es un maestro, se necesita una vocación docente para ejercer su profesión y por eso no cualquiera puede serlo. Pero dentro de ese rótulo hay algunos que trascienden, que poseen una capacidad mayor que el resto para volcar en una cancha sus inquietudes y conocimientos, para transmitir la claridad de sus ideas a sus jugadores/alumnos. A ese tipo de personajes les cabe una responsabilidad más grande: poner su legado al alcance de todos para que las siguientes generaciones se enriquezcan y sean mejores, para garantizar que otros nuevos maestros le den continuidad a su caudal de conocimientos.

César Luis Menotti es, sin dudas, uno de esos personajes. No porque haya ganado más o menos títulos -suponer que el saber futbolístico pasa exclusivamente por ahí es una de las razones que nos ha hecho perder muchísimos años de evolución en la Argentina- sino por su carácter precursor, por ser un innovador que ha inspirado, entre otros, a técnicos como Pep Guardiola y Jürgen Klinsmann, los grandes transformadores del juego en el siglo XXI.

Hasta ahora, las ideas y pensamientos del Flaco estaban dispersos y había que buscarlos en declaraciones u opiniones perdidas. La creación de la Escuela Oficial de Entrenadores que lleva su nombre pondrá todo a disposición de quien quiera consultarlo, y es una noticia excelente para un fútbol como el nuestro, tan necesitado de una revolución.

A partir del Mundial 90 el juego se estancó, dominado por el discurso que imponía el resultado como valor único, y el esfuerzo físico como vía primordial para conseguirlo. La táctica pasó a entenderse solo como movimientos para controlar o anular al rival. Hasta que llegó el Barcelona con una colección de jugadores bajitos y le enseñó al mundo que la táctica puede utilizarse para desnivelar ofensivamente y mejorar al futbolista; que era posible jugar bien, deleitar al público y ganar. El secreto estaba en desempolvar los conceptos eternos del fútbol, los que están por encima de la antigüedad y la modernidad y que se mantendrán siempre vigentes: el tiempo, el espacio, el engaño...

La potencia de ese mensaje fue brutal. Cambió el idioma del fútbol y también los paradigmas de los nuevos directores técnicos. Menotti, imagino, habrá sentido que el actual escenario era el más idóneo para comenzar a transmitir su saber, y el fútbol argentino debe agradecer que así sea.

Las condiciones no son las mismas que en los años 70, cuando el mismo Flaco trajo un aire fresco a un fútbol ya por entonces confundido. En aquella época los jugadores permanecían 10-15 años en un equipo y maduraban en él; hoy se van a Europa después de 20 partidos en Primera. Pero por eso mismo es imprescindible hacer hincapié en la enseñanza, sobre todo en las etapas iniciales. Los clubes argentinos se nutren de sus divisiones inferiores, es ahí donde tienen que estar los mejores maestros, y estos a su vez deben tener donde aprender.

Estoy convencido que se puede dar un viraje y empezar a formar jugadores que comprendan el fútbol, que sepan para qué corren. Durante demasiado tiempo, y en esto los medios de comunicación han sido cómplices necesarios, hemos sobrevalorado la voluntad, el esfuerzo y el trabajo físico para calmar las ansias del hincha solo con sudor, sin exigencias futbolísticas serias.

Se puso la actitud y la intensidad por encima de la percepción y el desarrollo técnico, presumiendo que si alguien está muy bien en lo físico decide más rápido con la pelota cuando la velocidad pasa por pensar antes. Decir que en el fútbol hace falta correr y esforzarse para jugar bien es una obviedad, y sigue siendo obviedad aunque nos la hayan puesto en el lugar más destacado de la vidriera.

El Flaco Menotti viene a refrescar el pensamiento de las camadas de futuros maestros que crecieron viendo por televisión que otro fútbol es posible, que exigen una mejor y mayor preparación para satisfacer a un público que ya no tolera tan fácil cualquier cosa que le ofrezcan. Bienvenido sea.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?