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Lucas Robertone, el líder de una clase 1997 que ilusiona a Vélez rumbo a la próxima temporada

El festejo de Lucas Robertone en la exitosa tarde de Vélez frente a Banfield
El festejo de Lucas Robertone en la exitosa tarde de Vélez frente a Banfield Fuente: FotoBAIRES
Fernando Vergara
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28 de abril de 2018  • 18:48

Lucas Robertone sale del vestuario de Vélez y de inmediato una de sus sobrinas pega un salto para colgarse de sus brazos. Lo besa y lo abraza, mientras la familia felicita al volante fortinero, la figura del partido, por haber marcado el único gol en el éxito 1-0 frente a Banfield. Lo esperan otros chiquilines que no superan los 10 años para pedirle una foto. El juvenil accede gustoso, mientras pregunta dónde dejaron el auto para marcharse del estadio José Amalfitani. "Enfrente, en el estacionamiento del supermercado", escucha. Error, aseguran algunos empleados de Vélez: afuera debería atender a cientos de hinchas. Normal, también, para una familia que recién empieza a comprender que Lucas comienza a ser una persona pública en el mundo del fútbol argentino. Apenas una anécdota para Robertone (21 años, nacido en Concordia, Entre Ríos) una de las caras visibles de la clase 1997 de Vélez, una cantera inagotable de talentos.

Este sábado, el equipo de Gabriel Heinze encontró equilibrio como pocas veces en el certamen. A pesar de la ausencia de Mauro Zárate, el partido siempre estuvo a pedir de Vélez, y en buena medida fue gracias a la tarea de Robertone y Matías Vargas. Otros de los que nacieron en 1997, camada provechosa, son Hernán de la Fuente y Santiago Cáseres, este último seguido de cerca por Atlético de Madrid. "Estos chicos han demostrado que pueden jugar bien al fútbol", los elogió Heinze, que infla el pecho de orgullo: frente al Taladro, el Fortín exhibió dentro de los once titulares a siete futbolistas surgidos en el semillero velezano.

Los estrategos, siempre codiciados, marcaron el ritmo. En el segundo tiempo, a los 31 minutos, Robertone conectó una jugada que generó Vargas por la izquierda y abrió el marcador. Asentados en primera, las dos joyitas ya lograron convertir sus diabluras infantiles en jugadas profesionales. Sin embargo, el Fortín no logró la ventaja en la primera parte porque le faltó pericia en los últimos metros. El termómetro, claro, siempre estuvo en sus manos.

Las cosas le pasan a toda velocidad a Robertone, el chico de la tarde. Muestra entrega, despliegue y personalidad para conducir a pesar de su juventud. La alegría actual lo desborda y tiene todo para seguir creciendo como futbolista. Inclusive, para corregir varios aspectos: posee tantas cualidades técnicas que a veces se excede en los lujos. Amante del reggae y de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota (luce un tatuaje con las iniciales PR en su gemelo derecho), el concordiense, que llegó a la pensión en 2013, vivió en septiembre de 2016 uno de sus momentos más simbólicos en la institución de Liniers: cumplió con el clásico ritual que vive todo juvenil que realiza su debut en la primera de Vélez (con Christian Bassedas como DT) y colgó su cuadro en el vestuario de Fútbol Amateur. Unas paredes colmadas a las que habrá que hacerles cada vez más espacio. Fue el mismo año en el que resultó elegido como el mejor jugador amateur de la temporada. Pero el nombre de Robertone empezó a sonar con fuerza en 2018, cuando anotó el único tanto en la victoria sobre River, en Liniers. Y continúa con la buena racha, porque en la fecha anterior le marcó dos goles a Temperley. "Fue muy importante que Lucas haya llegado al espacio, es algo que le remarcamos", analizó Heinze.

Vélez lleva siete encuentros sin perder (dos triunfos al hilo y cinco empates). Ya sin la presión del descenso en esta Superliga, suma y disfruta de sus juveniles. Una marca registrada en su historia.

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