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Corea: nueva etapa histórica

La reunión de los mandatarios coreanos del Norte y del Sur es una clara demostración de que la paz es siempre posible si existe la voluntad necesaria
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29 de abril de 2018  

La reciente reunión cumbre entre los presidentes de Corea del Norte y Corea del Sur, Kim Jong-un y Moon Jae-in, respectivamente, parece haber cambiado sustancialmente la relación entre ambos países pertenecientes a una misma nación, en dirección ahora hacia una paz y una normalidad que parecían inimaginables.

Ochenta millones de coreanos pueden ahora celebrar, con razón, el compromiso asumido por sus dos gobiernos de iniciar juntos una "nueva era" de paz y dejar atrás, para siempre, la guerra y los conflictos armados.

Esta era ha sido definida, con acierto, como una de "reconciliación nacional, paz y prosperidad" y puesta en marcha de la llamada "reconexión" de ambas naciones vecinas, que será de ahora en más promovida activamente en todos los frentes.

Se ratificó, además, el pacto de "no agresión" vigente. Cesarán, entonces, todas las hostilidades y provocaciones del pasado, de modo de disminuir y eliminar todas las tensiones y los conflictos.

La actual "zona desmilitarizada" entre ambas Coreas se llamará, en más, "zona de paz". Y esa zona se complementará con una segunda "zona de paz", ubicada en el espacio marítimo limítrofe, evitando así eventuales incidentes en materia de pesca. La llamada "desnuclearización" de la península es ahora un importante objetivo común.

La idea de fondo es formalizar, antes de fin de año, un acuerdo de paz completo entre las dos Coreas que reemplace al armisticio provisorio con el que, en su momento, se pusiera fin, de hecho, a las hostilidades militares de la guerra de Corea, hace ya casi setenta años. Habrá, asimismo, reuniones militares frecuentes y periódicas entre las partes, incluyendo la presencia de los Estados Unidos. Además, se organizará el desarme de ambas partes, que habrá de realizarse por etapas.

Por otra parte, la era que se abre estará caracterizada por un diálogo abierto y activo, y por las negociaciones consiguientes en todos y cada uno de los frentes en que ellas sean necesarias, con la idea liminal de "rejuvenecer" y avanzar en los imprescindibles esfuerzos de reconciliación nacional y unidad. Todo lo cual es ciertamente para celebrar.

Se ha previsto que, operativamente, habrá una oficina de enlace conjunta en Gaeseong, en la zona desmilitarizada. Y que las cuestiones humanitarias derivadas de la división entre el norte y el sur serán encaradas y resueltas en conjunto, especialmente aquellas que lamentablemente todavía tienen que ver con las familias que, de pronto, quedaron separadas como consecuencia de la división de Corea en dos países.

También se convino -y esto es absolutamente esencial para Corea del Norte dado el atraso que registra en varios niveles- promover un crecimiento económico balanceado entre el norte y el sur, países que serán rápidamente interconectados por los sistemas de transporte entre Seúl y Simuiju.

No solo son noticias excelentes en materia de afirmación de la paz en la región y también a nivel mundial. Son, además, un ejemplo que evidencia que, cuando llega el momento de consolidar la paz, si las voluntades coinciden, ese tránsito es posible pese a los peores pronósticos y puede, y debe ser ordenado y firme, como parece que está ocurriendo felizmente en la Península de Corea.

La responsabilidad central es siempre coreana. Los Estados Unidos y China tienen, sin embargo, una nueva responsabilidad: la de acompañar el tránsito coreano y apoyarlo en todo cuanto pueda ser necesario.

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