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Giro regional: el bloque diplomático de centroderecha se consolida ante el ocaso bolivariano

Fuente: LA NACION
Alberto Armendáriz
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29 de abril de 2018  

RÍO DE JANEIRO.- ¿Hacia dónde va América Latina? Los resultados electorales de los últimos años, con victorias de la centroderecha, frenaron la "marea roja" que durante el inicio del siglo XXI se expandió por el continente. Ahora que los gobiernos de izquierda sobrevivientes enfrentan graves problemas internos o están en transición, ¿se puede pensar en un proyecto político regional alternativo al bolivariano promovido por Hugo Chávez y Fidel Castro?

En las últimas semanas, se volvió evidente que el esqueleto de aquella iniciativa de integración continental, que comenzó con la formación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) en 2004 -opuesta al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), impulsada por Estados Unidos- y siguió con la constitución de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) en 2008, está en plena descomposición. En tanto, el bloque de gobiernos de centroderecha consolidó una unión diplomática.

En la Venezuela de Nicolás Maduro, las tensiones políticas y económicas desembocaron en una crisis humanitaria. Cuba, económicamente estancada y con un creciente descontento de las generaciones más jóvenes, da los primeros pasos hacia una transición post-Castro bajo el liderazgo de Miguel Díaz-Canel. En Nicaragua, la represión -con decenas de muertos- de las protestas contra la reforma previsional sumieron al país en una convulsión, mientras en las calles se pide la renuncia del presidente Daniel Ortega. Más conciliador, el mandatario ecuatoriano, Lenín Moreno, se distanció del estilo autoritario de su antecesor, Rafael Correa. En Bolivia, el año pasado una mayoría rechazó el referéndum para que Evo Morales pueda ir por un cuarto mandato en 2019, pero la controvertida decisión del Tribunal Constitucional de habilitarlo preanuncia turbulencias políticas hasta las elecciones.

Mientras tanto, la Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú -ahora gobernados por presidentes de centroderecha- suspendieron su participación en la Unasur. Esos mismos países (sumados a México, Panamá, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Canadá, Santa Lucía y Guyana) ya se habían unido el año pasado en el Grupo de Lima para condenar la ruptura del orden democrático en Venezuela, exigir la liberación de presos políticos y pedir elecciones libres. Hace dos semanas, en la VIII Cumbre de las Américas, en Lima, Venezuela fue excluida. Y esta semana, en su primer viaje al exterior como nuevo presidente de Chile, Sebastián Piñera visitó la Argentina y Brasil, y junto a Mauricio Macri y Michel Temer abogó por la firma de acuerdos bilaterales de liberalización del comercio e inversiones, defendió la aproximación de la Alianza del Pacífico (México, Colombia, Perú y Chile) al Mercosur, y discutió sobre temas de integración, como el futuro corredor bioceánico.

"Ese es el tipo de alianzas o convergencias en asuntos compartidos que creo que veremos más. Estos gobiernos de centroderecha no tienen una vocación de proyección geopolítica regional o internacional como ocurrió con el ALBA y la Unasur cuando estaban Chávez, Luiz Inacio Lula da Silva y Néstor Kirchner. Su prioridad es potenciar sus economías, asegurar sus relaciones comerciales bilaterales con un Estados Unidos cada vez más proteccionista y con una China con mayor presencia en la región", indicó a LA NACION el escritor y excanciller mexicano Jorge Castañeda.

Con él coincidieron el académico brasileño Matías Spektor, profesor de Relaciones Internacionales de la Fundación Getulio Vargas, y el analista norteamericano Peter Hakim, presidente emérito del think-tank Diálogo Interamericano, para quienes la "ola" de gobiernos de centroderecha no está interesada en crear nuevas instituciones políticas regionales, y prefiere avanzar hacia una integración más pragmática.

"Hay una gran frustración con el regionalismo. Durante la época bolivariana hubo mucha retórica sobre la integración regional, pero se mantuvieron posturas muy proteccionistas, sobre todo en Brasil y la Argentina, en el aspecto comercial. Es más probable que ahora tengamos una agenda propositiva de medidas concretas, prácticas y rápidas", opinó Spektor.

Hakim apuntó que cualquier iniciativa política conjunta de centroderecha necesitaría de una personalidad de firme liderazgo. "Por ahora no se ve que ninguno de estos presidentes sea un líder fuerte más allá de las fronteras de sus países. Incluso, todos ellos enfrentan duras críticas en casa, con una oposición organizada que cuestiona sus decisiones económicas", explicó. Así, es posible esperar que la única articulación política conjunta que se manifieste claramente sea contra el régimen de Maduro. Eso sí, se mantendrá al nivel de declaraciones condenatorias.

"No me imagino a los gobiernos de centroderecha tomando acciones más concretas contra Maduro. Estos presidentes no quieren ser vistos como representantes de una derecha radical, extremista, sino como gobernantes moderados, abiertos, plurales y democráticos. En esa perspectiva es que se entiende que Macri haya abierto el debate del aborto o que Piñera apoye la ley de identidad de género. Medidas más duras contra Venezuela los ubicaría peligrosamente más cerca de Donald Trump, muy rechazado en América Latina", señaló el politólogo y sociólogo chileno Patricio Navia, profesor de la Universidad Diego Portales.

De cualquier manera, el tablero ideológico aún está bastante inestable en América Latina, y en los próximos meses tres de las cinco principales economías de la región -Colombia (27 de mayo), México (1º de julio) y Brasil (7 de octubre)- irán a las urnas en comicios polarizados. Del resultado de esas elecciones puede depender, en gran parte, el camino político que tomará la región.

En Colombia, aunque el derechista Iván Duque, que encabeza las encuestas, sea eventualmente derrotado en segunda vuelta por el izquierdista Gustavo Petro, no se anticipa un alineamiento ciego al bloque liderado por Venezuela. Petro calificó a Maduro de "dictador" que viola las normas democráticas.

En México, los sondeos le dan una clara ventaja al izquierdista Andrés Manuel López Obrador sobre el derechista Ricardo Anaya y el oficialista José Antonio Meade. Sin embargo, su inclinación ideológica no tendría mucho margen para grandes cambios de política exterior.

"La integración entre México y Estados Unidos es tan amplia, profunda y compleja que López Obrador no podría hacer mucho por cambiar esa relación fundamental para la economía mexicana", estimó Castañeda.

En tanto, en Brasil, el panorama electoral aún es incierto tras la detención de Lula. En el escenario sin el expresidente, el derechista Jair Bolsonaro está al frente de las encuestas, pero sus apoyos se estancaron. Le pisan los talones tres políticos de izquierda de distintas tonalidades: la ecologista Marina Silva, el expresidente de la Corte Suprema Joaquim Barbosa y el exgobernador de Ceará Ciro Gomes. "Cualquier decisión más ambiciosa del bloque de centroderecha regional no será tomada hasta que no se resuelva el rumbo de Brasil", pronosticó Spektor.

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