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Tasas y dólar, decisiones con más costos que beneficios

Néstor Scibona
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29 de abril de 2018  

Cuatro meses después del recálculo de la meta de inflación que impuso la Jefatura de Gabinete, el 28 de diciembre, esos objetivos están siendo recalculados una vez más a costa de haber aumentado la incertidumbre sobre el futuro de la política económica. La decisión más resonante llegó anteayer, cuando el Central subió en tres puntos su tasa de política monetaria para restar presión al mercado cambiario. Imposible no advertir que en el Banco Central y en los ministerios económicos se viven los días más tensos desde aquel sacudón que buscó bajar las tasas y, de paso, oxigenar el dólar atrasado.

Fue una doble señal, porque previamente aflojó un poco el ancla que durante dos meses mantuvo inmovilizada la flotación del dólar para moderar el traslado a precios de la devaluación acumulada entre diciembre y febrero (14%).

Pero también significó admitir el costo de esa estrategia: solo en la última semana vendió reservas por más de US$4300 millones para sostenerla. En estos dos meses la suma superó los US$6700 millones, volcados a un mercado donde abunda la demanda y escasea la oferta de dólares.

Es cierto que durante la semana los planetas se alinearon en contra. La tasa de los bonos del Tesoro de los EE.UU. sobrepasó el 3% anual después de cuatro años, acentuó la volatilidad de los mercados externos y gatilló la devaluación de muchas monedas de la región, salvo el peso argentino.

También aquí la entrada en vigencia del nuevo impuesto a la renta financiera hizo que los inversores externos desarmaran previamente sus posiciones en Lebac para evitar la alícuota de 5% y se volcaran al dólar, aunque por cierto no se trató de un caso imprevisto.

A esto se sumó el debate por los ajustes tarifarios, que realimentaron la inflación y cuya politización amenaza hacer lo propio con el déficit fiscal. Además, esta cuestión mantiene como rehén en el Congreso a la reforma del mercado de capitales (rebautizada ley de financiamiento productivo), frenada desde hace un año.

Con la suba de la tasa, que ahora se ubica un punto y medio por encima de diciembre (y nueve sobre la expectativa inflacionaria), el BCRA aumenta el "premio" por permanecer en pesos, después de haber absorbido casi $90.000 millones en una semana con la venta de reservas.

Y al haber descongelado el "precio cuidado" del dólar, sin dejar de lado su intervención en el mercado, desdibuja la figura de un seguro de cambio gratuito hasta que la inflación apunte hacia abajo.

Sin embargo, estas decisiones tienen más costos que beneficios, al menos, en términos de expectativas económicas.

Durante dos meses el dólar abandonó la tapa de los diarios, hasta que fue reemplazado por las ventas récord de reservas para sostenerlo "planchado" en los niveles de fin de febrero.

En ese lapso estuvo claro que hubo presiones de la Casa Rosada sobre el BCRA que lo inhibieron de subir las tasas de interés para no enfriar la actividad económica, pese al repunte inflacionario provocado por la acumulación de aumentos reales de tarifas y la suba previa del tipo de cambio.

Ahora la caída de reservas y un índice de precios al consumidor que cerrará el primer cuatrimestre en torno de 9% (o sea, 60% de la meta de 15% anual) se conjugaron para que el Banco Central pudiera recuperar el manejo de la política monetaria, aunque se haya mostrado insuficiente para poder moderar la inflación.

Pese a los títulos de "récord histórico" del dólar, el cierre del viernes lo ubicó apenas 0,2% por encima del jueves y 1,8% del lunes anterior (0,1% en el mercado mayorista) tras dos meses de virtual congelamiento.

Aun así queda dañada la reputación del régimen de flotación cambiaria, ya que, por la combinación de factores externos e internos, el BCRA seguirá interviniendo para evitar subas bruscas del tipo de cambio y privilegiar el objetivo de desacelerar la inflación en los próximos meses con menos ajustes de tarifas.

En esta tarea de recalcular objetivos, el discurso oficial pasó a ser que la inflación se ubicará "lo más cerca posible" de la meta de 15%.

Para eso se apoya en el ancla salarial de los aumentos de 15% y cláusulas de revisión a fin de año o comienzos de 2019 (como el que acaba de acordarse con el gremio bancario) y en un ancla cambiaria menos firme (que cada tanto podría "garrear", como se dice en la jerga náutica).

Así, la Casa Rosada consideraría un logro que el IPC cierre este año con un alza de 19.9%; y, si se eleva al 22/23%, podrá decir que es más baja que en 2017 (24,8%). Pero no podrá evitar la percepción de que la política económica marcha detrás de los acontecimientos.

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