Las piezas sueltas para Jorge Sampaoli en el medio: cruje el corazón de la selección argentina

Javier Mascherano, Lucas Biglia y Guido Pizarro, en medio del rompecabezas
Javier Mascherano, Lucas Biglia y Guido Pizarro, en medio del rompecabezas
Cristian Grosso
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28 de abril de 2018  • 22:31

El chileno Marcelo Díaz y el francés Steven N'Zonzi son sus modelos. El mediocentro ideal, el que define a qué quiere jugar el equipo. El que obliga a organizar los ataques desde su posición para que nadie se atreva a saltar la zona medular. El que es capaz de encontrar a sus compañeros en distintas alturas de la cancha con pases entrelíneas. Ese jugador es determinante para Jorge Sampaoli . Ese jugador hoy no lo tiene la selección argentina. La preocupación del entrenador era anterior a la lesión de Lucas Biglia , y la fractura de dos vértebras lumbares del volante de Milan oscureció el panorama. En la sala de máquinas de la Argentina fondea un problema central.

Ese mediocentro tenía que definir el estilo de la selección. Sampaoli llegó dispuesto a correr el centro de gravedad del plantel: del bombardeo de sus célebres delanteros, a un corazón cerebral. Pero con las prácticas, el entrenador advirtió que no había nadie que pudiese cargar, solo, con la misión. No era Éver Banega, su primitiva debilidad. Por eso aceptó la convivencia de un doble cinco, de un doble comando con características diferentes entre sí. Biglia- Banega; Biglia-Pizarro; Banega-Pizarro; Biglia-Enzo Pérez; Kranevitter- Enzo Pérez, Banega-Enzo Pérez; Biglia-Paredes. Hasta reeditó la sociedad Biglia-Mascherano, la granítica fórmula de Brasil 2014. La utilizó en el derrumbe contra España, y fue contra sus intenciones e ideario futbolístico. Se juró no repetirla. Dos volantes similares, que se mueven a alturas parecidas y no ofrecen matices para el inicio ni la elaboración. Un error.

Claro que Sampaoli ni sospechaba que por un golpe en un intrascendente partido con Benevento, Biglia quedaría sostenido por algunos alfileres del Mundial. Sí, la paliza de los españoles lo convenció de que Mascherano es suplente. Tan suplente que hasta dejó de ser una opción para el mismísimo Biglia, por eso el radar tiene apuntados dos apellidos: Kranevitter y Guido Pizarro. En ese orden. Fuentes cercanas al cuerpo técnico le confirmaron a la nacion que Santiago Ascacibar , de confiable temporada en la Bundesliga con Stuttgart, no aparece en el horizonte.

Biglia tiene un gran espíritu, pero no debemos hacer tonterías con su recuperación. Tiene una lesión sería que debemos tener bajo control
Gennaro Gatusso, DT de Milan

Cruje esa región del campo que es vital para Sampaoli. Cuando al director técnico lo inquietaba encontrar ese ladero para Biglia.(Giovani Lo Celso, Banega, Enzo Pérez, Paredes, en orden decreciente de posibilidades), ahora ni siquiera sabe si podrá contar con Biglia. En la selección comulgan con la idea de que los partidos se empiezan a ganar ahí, justo donde faltan certezas.

El día del debut mundialista, el 16 de junio, contra Islandia, en Moscú, ese tándem podría ser Kranevitter-Lo Celso, que solo una vez coincidieron y no alcanzaron a completar los 90 minutos juntos: Argentina 1 vs. Rusia 0, en noviembre de 2017. Una fórmula realmente probable, siempre atada a la evolución de Biglia. El cuerpo técnico incluirá al ex volante de Argentinos e Independiente en la lista preliminar de 35 y lo esperará hasta la misma escalerilla del avión que trasladará al plantel a la Copa del Mundo.

¿Y Mascherano ? Parece increíble que un símbolo como él, el héroe de Brasil 2014, el hombre al que apenas le faltan tres encuentros para arrebatarle a Javier Zanetti el récord histórico de presencias en la selección, no entre en la discusión justamente cuando el mediocampo está en crisis. Es que Mascherano, ahora no es una solución; otra vez el entrenador empezó a observarlo como una alternativa para la zaga. Pero Mascherano estará en Rusia y jugará su cuarta Copa del Mundo. Será la quinta consecutiva, en realidad, porque en Corea-Japón 2002 integró el lote de los sparrings. Con Gonzalo Rodríguez y Pisculichi, por ejemplo, pero esa es otra historia. En medio de una usina de rumores, en los últimos días, en comunicación telefónica Europa-China, Sampaoli le llevó calma al Jefe y hasta le explicó detalles de la logística y los viajes que realizará la selección en la antesala del torneo. Por si hacía falta, otra señal para que se sienta adentro.

¿Por qué va a la Copa del Mundo? Oficio, personalidad e influencia sobre el grupo, virtudes que distingue el cuerpo técnico pero que no lo acercan a la titularidad. Mascherano - Messi también- igualará la marca de Diego Maradona, hasta aquí el único que participó en cuatro mundiales. Se fue a China a buscar rodaje, y aunque juega siempre, la falta de competitividad de la liga no le devuelve los reflejos ni la agresividad que exige la élite. En junio, cumplirá 34 años. Después de la derrota 4-2 en el amistoso con Nigeria, el técnico se convenció de que el Jefe no podía ser zaguero. Tras el 6-1 de España, sumó que tampoco podía ser volante ante rivales de jerarquía. "Mascherano no está [para jugar]..., pero debe estar", resumió alguien del círculo íntimo. Entonces, ¿por qué irá a la Copa del Mundo? Porque es un animal competitivo y no se entrega, porque contagia y le duelen las derrotas como a pocos, y porque llega a la cabeza de Messi como nadie. Sí, por razones que se cocinan más afuera de la cancha. Casi como una alegoría, Mascherano y el mediocampo de la selección comparten preocupación, ansiedad y lamentos.

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