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Poesía y ejercicios, la receta perfecta

Daniel Tangona
Daniel Tangona PARA LA NACION
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29 de abril de 2018  

Me gusta mucho leer. Y leo sobre temas muy diversos, que no siempre tienen que ver con mi profesión. Por eso, cuando Graciela Aráoz, presidenta de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina, me propuso dedicar una columna a la relación entre ejercicio y literatura, la idea me sedujo de inmediato.

Para ambos, la palabra escrita es transformadora. Tiene poder empático, es un vehículo de conexión y un lazo que permite experimentar en carne propia emociones, situaciones y pensamientos aparentemente ficticios, pero que nuestro cerebro es capaz de volver casi reales. Y así como médicos en Inglaterra se preparan para prescribir la lectura de poesía y narrativa a enfermos mentales como parte de su tratamiento terapéutico, desde aquí proponemos agregar a esas prescripciones el entrenamiento físico, porque consideramos que tiene el mismo poder transformador que la lectura.

Está comprobado que el ejercicio puede mejorar el equilibro, la movilidad y la calidad de vida en personas con Parkinson, por ejemplo, al tiempo que previene el cáncer y la depresión y optimiza el sistema inmune, entre otros beneficios. Y es que "ponernos en movimiento no solo nos cura de los trastornos más obvios como la obesidad y la diabetes, sino que también nos libera de los pensamientos tóxicos, de la sangre vampirizada por toxinas, de la grasa que nos asesina", apunta Aráoz.

Al mismo tiempo, la poesía también es un arma contra graves afecciones. Según cuenta la especialista, un caso reciente de una mujer es prueba: cuando ni su psiquiatra ni las drogas que le recetaba podían ayudar, empezó a prestarles atención a las palabras que su madre recitaba, a las que llamó "líneas de vida". Fue capaz de ir absorbiendo versos y luego poemas enteros, que tenían el efecto instantáneo de situarla en el presente, brindándole una visión narrativa positiva en su cabeza.

Así, tanto unos músculos ejercitados como una mente lectora pueden ayudar a limpiar sustancias dañinas en nuestro cuerpo y tener enormes beneficios. Casi como un silogismo filosófico, podríamos decir que leer poesía y realizar actividad física equivalen a un estado de bienestar. ¿Por qué no prescribirlos juntos entonces? Según me ilustra la especialista, en una carta que escribió Franz Kafka a un amigo concibió una metáfora iluminadora: "Si el libro que leemos no nos despierta como un puño que nos golpeara en el cráneo, ¿para qué lo leemos? ¿Para que nos haga felices? Dios mío, también seríamos felices si no tuviéramos libros, y podríamos, si fuera necesario, escribir nosotros mismos los libros que nos hagan felices. Pero lo que debemos temer son esos libros que se precipitan sobre nosotros como la mala suerte y que nos perturban profundamente, como la muerte de alguien a quien amamos más que a nosotros mismos, como el suicidio. Un libro debe ser como un pico de hielo que rompa el mar congelado que llevamos dentro". Lo mismo aplica para el ejercicio con el que elijas cuidarte y mejorar tu calidad de vida.

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