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Amor por las abuelas, en dos relatos de vida y supervivencia

Dos nietas actrices, Belén Pasqualini y Julieta Cayetina, realizan sendas obras teatrales muy elogiadas en las que cuentan las vidas de sus abuelas; la primera, una gran científica, fundamental en la lucha contra la leucemia; la segunda, sobreviviente de siete campos de exterminio, incluido Auschwit
Dos nietas actrices, Belén Pasqualini y Julieta Cayetina, realizan sendas obras teatrales muy elogiadas en las que cuentan las vidas de sus abuelas; la primera, una gran científica, fundamental en la lucha contra la leucemia; la segunda, sobreviviente de siete campos de exterminio, incluido Auschwit
Julieta Bilik
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30 de abril de 2018  

En un pueblo de Polonia, en 1942, una chica de 14 años es separada de su familia y de su casa. Su vida peligra y corre para escapar. Atraviesa descampados, frío, granizo y cada tanto se esconde. Algunos sienten piedad por ella y le dan algo de comida, una noche de refugio, un poco de abrigo. Finalmente, alguien la delata y la trasladan a un campo de concentración. Elude los controles que eligen a las próximas víctimas, trabaja incansablemente, la trasladan. En el nuevo campo vuelve a sortear "la selección" y por obra quién sabe si del azar, el destino o la voluntad logra sobrevivir a otros cinco centros de detención destinados a la explotación y el exterminio de los judíos y otras minorías. Un día la guerra termina y ella vuelve a ser libre. Pero está sola y poco sabe del destino de su familia. Vuelve a su pueblo natal para intentar encontrarlos. Allí conoce a otro sobreviviente del horror -que logró salvarse gracias a Oskar Schindler, un alemán que empleó de incógnito en su fábrica a más de mil judíos polacos- y se enamoran. Viajan muy lejos, se casan y forman una familia. Ya en Buenos Aires, y tras doce años de peripecias, ella consigue reencontrarse con su hermano José, el único integrante de su familia que continúa vivo.

Durante esa misma guerra, pero en Canadá, una joven científica de 22 años que estudia las causas de la leucemia recibe una beca que le permite viajar a Buenos Aires para trabajar con Bernardo Houssay -quien unos años después recibiría el Premio Nobel de Medicina-. Le advierten: no andes sola, no salgas tarde, no te dejes ver con varones sin algún chaperón que te acompañe. Pero a ella poco le importa. Desde que llega a "la Reina del Plata" sale, se divierte, investiga, aprende. También se radica en Buenos Aires, se enamora y forma familia. Pero nunca deja de investigar.

Julieta Cayetina y Esther Cajg
Julieta Cayetina y Esther Cajg Fuente: LA NACION

Estas son las historias de las abuelas de las actrices Julieta Cayetina y Belén Pasqualini, respectivamente, quienes decidieron hacer dos obras teatrales con sus vidas: Eye y yo y Christiane, un biomusical científico. De nietas a abuelas. Homenaje, ofrenda o agasajo, las piezas ponen en escena mucho más que lo familiar. Trascienden lo anecdótico para mostrar dos ejemplos de superación y pasión por la vida que logran llevar al espectador por viajes al pasado que permiten redimensionar el presente.

¿Cómo surge la idea, el llamado, la necesidad de subir al escenario aquello con lo que siempre se convivió? "Un día me quise tatuar el número que le habían puesto a mi abuela en Auschwitz y pensé que en un minuto lo iba a conseguir. Pero mi papá no lo sabía y tampoco lo teníamos registrado, así que a partir de ahí surgió una investigación para encontrarlo", cuenta Cayetina. Entonces, ya sin su abuela presente, empezó a indagar en su historia de una forma menos personal y tomó conciencia sobre cuán valioso y necesario era su testimonio. Luego, convocó al actor y director Dennis Smith para que la ayudara con la dramaturgia y puesta en escena de la historia de su "baba" Esther Cajg.

Christiane Dosne y Belén Pasqualini
Christiane Dosne y Belén Pasqualini Fuente: LA NACION

"La obra era una manera de homenajearla a ella, a sus amigos sobrevivientes con los que compartí muchas cosas, al resto de los sobrevivientes y a los no sobrevivientes. Me empezó a pasar algo muy fuerte: caí en la cuenta de que la gente muere y que la posibilidad de convivir en primera persona con estos relatos no va a existir para las próximas generaciones", dice Cayetina. Por eso, creó su propio antídoto contra el olvido: "Me da miedo que esto se convierta en la historia de la historia de la historia y se esfume, se pierda".

Durante varios veranos, Julieta y su abuela viajaron, junto a otros sobrevivientes del Holocausto que vivían en la Argentina, al Hotel Argentino de Piriápolis para pasar unos días de descanso. Allí, mientras crecía, Julieta entraba en contacto directo con las historias de vida de los amigos de su abuela y conocía sus mañas. "Contratábamos media pensión y no hacíamos una comida extra. Desayunábamos y cenábamos, o almorzábamos tarde para tirar hasta el otro día. Había lujos que ella no permitía. Creo que tenía que ver con el hambre y las carencias que había vivido en los campos".

Para Belén, el puntapié que la impulsó a escribir, producir y llevar adelante la obra sobre su abuela estuvo arraigado en la voluntad de transmitir su espíritu. "Era lo prioritario. Una mujer con mucho amor por la vida y pasión por el quehacer; de lucha frenética porque eso aconteciera a pesar de los obstáculos en un ámbito muy masculino para la época en la que se desarrolló. Lo que siempre quiso fue investigar las causas de la leucemia, una enfermedad por la cual un cuerpo deviene en un cuerpo que muere, pero paradójicamente Christiane ama la vida".

Christiane Dosne
Christiane Dosne Fuente: LA NACION

Su historia es fascinante. Christiane Dosne de Pasqualini nació en 1920 en Saint Denis, un suburbio de París. Hija de un sobreviviente de la Primera Guerra Mundial, supo desde chica que su vocación era investigar. Instalada en Canadá, recibió una beca para continuar con sus estudios e investigaciones. Aunque una de las opciones para desarrollarse era la prestigiosa Universidad de Yale, en los Estados Unidos, Christiane optó por Buenos Aires gracias al consejo de gente corajuda que tenía alrededor: entre ellos, su padre y su mentor, Hans Selye, que es conocido como el "genio del estrés", ya que desarrolló ese concepto. Aquí se quedó. En 2007, a punto de cumplir 87 años, publicó Quise lo que hice. Autobiografía de una investigadora científica, un libro que recoge sus memorias. Activa, perseverante y decidida, su carrera profesional está llena de lauros. Investigadora emérita del Conicet desde 2002, ha publicado más de 300 trabajos a lo largo de su carrera, cuenta con más de medio siglo de experimentación ininterrumpida y ha recibido varios premios, entre los que se destacan el Konex de Ciencias Biomédicas en 1993 y el Unifem-Noel (Los Ángeles), junto con la Madre Teresa y otras personalidades.

Christiane cuenta en su autobiografía cómo hizo malabares entre su vida como mujer y madre de cinco hijos y como investigadora. "Empecé a pensar que era un personaje sumamente teatralizable y que la obra podía ser un modo de eternizarla y homenajearla en vida. Para escribirla me inspiré en el libro y en conversaciones que tuve con ella". Y aunque Christiane, con 98 años, no sale de su casa y no pudo ver la puesta, la misión está cumplida porque su nieta logró sacarla de los laboratorios y la academia para iluminarla con los brillos de la escena.

Esther Cajg
Esther Cajg Fuente: LA NACION

Perseverancia y trabajo

Cualquiera que haya convivido, aunque sea un rato, con alguna abuela -propia o ajena- sabe que son seres sumamente teatrales. Con una puesta en escena propia a cuestas, modales paquetes y la impunidad de quien lo ha vivido todo, las abuelas van y vienen por el vodevil de la vida malcriando nietos y contando de primera mano el pasado. Pero aunque muchas se parezcan no todas son iguales. Mientras la "baba" de Cayetina era muy coqueta y le gustaba atiborrar de varenikes y torta de queso a sus agasajados, Christiane fue, según la propia Belén, la antiabuela. "No era la que nos malcriaba y nos llevaba al cine. De eso se encargaba mi otra abuela. Con ella íbamos al bioterio. Nos mostraba cómo anestesiaban ratones y les injertaban tumores. Mi abuela amaba a esos bichos y los trataba con muchísimo cuidado. Se encariñaba". Tanto que para la obra Belén compuso una "Oda al ratón" que es agradecida por cada colega de Christiane que asiste a una función.

En Eye y yo están muy presentes el vínculo y la conexión entre las dos generaciones. Sobre este punto, Cayetina opina: "Suele suceder que socialmente no entendemos la vejez. Siento que los jóvenes tendríamos que honrar más la vida de la gente grande. Empiezan a estar solos y se hace difícil. Hace poco, con mi novio le pusimos Netflix a la única abuela que me queda y le cambió la vida. Tiene 86 años, sale con las amigas, va al cine, es muy activa, pero el 80 por ciento del tiempo está en su casa, así que Netflix le encanta".

Belén asiente y agrega que para ella los abuelos son la semilla. "Uno está antes que en el útero materno en el útero de su abuela materna, porque allí se engendra esa persona que luego será tu madre". Junto con un profundo sentido de responsabilidad por el trabajo, Christiane también legó a su nieta la felicidad por el quehacer cotidiano. "Me parece que hay que amar lo que se hace para después tener una despedida más amable". Y si de amor se trata, nada más concreto que estos dos encuentros entre abuelas y nietas arriba del escenario, que sirven no solo para contar sus historias -extraordinarias-, sino también para darles dimensión, volumen y entidad en el presente.

Debate por la despenalización del aborto y Ni Una Menos mediante, el rol social de la mujer cambió. Mientras siguen abriéndose camino, los casos de Eye y Christiane son más que excepciones. Para Belén, que su abuela lograra superar el machismo de la época tiene que ver con su espíritu avasallante. "Estaba obsesionada con entender una de las causas de la muerte y, a su vez, tenía un amor gigante por la vida. Su tier era ese y nada la iba a correr de su objetivo. Era muy de avanzada, no se detenía en su género". En el caso de Eye, siempre fue independiente y emprendedora. "Mi abuela trabajó toda su vida. Desde que se instaló en la Argentina, junto con mi abuelo, pusieron una fábrica de pulóveres en su casa y trabajaban los siete días de la semana, excepto los sábados a la noche, cuando se iban al Bar León con sus amigos sobrevivientes". Cayetina cuenta que, una vez que lograron salir adelante, Eye siempre ayudó a instituciones y a gente que le tocaba el portero eléctrico para pedirle comida o ropa.

Dos mujeres honrando a dos mujeres, por admiración y por amor, con dos historias que no solo son parte de sus propias historias, sino que se vuelven necesarias, obligadas a trascender.

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