La historia de Federica Villar: tiene síndrome de Down, terminó el secundario, quiere vivir sola y sueña con trabajar

El acto de graduación de Federica.
El acto de graduación de Federica. Fuente: lanacion.com
Pablo Mascareño
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2 de mayo de 2018  • 17:02

Conseguir un empleo desvela a Federica Villar. Si bien el concepto de inclusión suena fuerte en los organismos gubernamentales, en los medios de comunicación y en la sociedad en general, no siempre se traslada la enunciación a lo empírico.

Prejuicios; falta de asignación de recursos para aplicar planes estatales específicos; o carencia de conocimientos de los empleadores sobre determinadas condiciones, son impedimentos que hacen que las personas con síndrome de Down no siempre encuentren el espacio que se merecen y puedan canalizar vocaciones, desarrollar sus potencialidades y aportar a la sociedad mucho más de lo que comúnmente se supone.

"Me gustaría hacer cualquier cosa, porque me encanta trabajar. Y, también, quiero seguir estudiando Historia y Computación", dice Federica, mientras disfruta de este momento de transición luego de haberse recibido, en diciembre pasado, de bachiller con orientación en Humanidades, convirtiéndose en la primera egresada con síndrome de Down del Plan Fines en Mar del Plata. "Me gusta mucho estudiar, estar con la gente. La materia que más me gustó fue Historia, la historia argentina me encanta. Mis compañeros eran buenas personas, nos llevábamos bien. Siempre hacíamos una pausa y tomábamos cafecito y, si alguien faltaba, le prestábamos la carpeta". A la hora de calificarse como alumna, no cae en una falsa modestia y confiesa que "siempre tuve muy buenas notas". Tales fueron sus promedios que, en la ceremonia de graduación, portó la bandera provincial. Y para coronar la alegría del título, Federica y sus compañeros disfrutaron de un merecido viaje de egresados a Tandil, luego de una fiesta de finalización de curso organizada con bombos y platillos, elegante atuendo y un salón acondicionado para la ocasión.

Tiene síndrome de Down, terminó el secundario, quiere vivir sola y sueña con trabajar

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Federica, que el 20 de mayo cumplirá 29 años, ya tiene experiencia laboral a partir de algunos entrenamientos y pasantías que realizó en el curso sobre Manipulación de Alimentos, en el Aquarium de Punta Mogotes y en el Centro de Operaciones y Monitoreo de Mar del Plata, ciudad en la que reside desde hace varios años junto a su mamá Stella y sus hermanos Nicolás (21) e Ignacio (20). "Ella lo que más quiere es trabajar. Por eso pedimos que las empresas le den una oportunidad. Sería bueno que le ofrezcan trabajo. Pero que no se lo regalen. Que le permitan demostrar su capacidad en una entrevista y así evaluar si está capacitada o no", propone Eliana González, la docente jubilada que fue su acompañante pedagógica en el Plan Fines.

Ser libre

La charla con LA NACION transcurre en el coqueto café El Cóndor de la calle Güemes, una de las arterias comerciales que reúne a las marcas dirigidas al segmento de buen poder adquisitivo de la ciudad atlántica. Federica vive a pocos metros de allí y es una habitué de este lugar en el que le gustaría mucho trabajar. Su mamá ya formalizó la propuesta, pero aún no obtuvo respuesta de la empresa. "Ella sabe llevar una bandeja, servir y tiene muy buen trato con la gente", enumera Eliana. A Federica todos la conocen, los mozos la atienden con deferencia. Es una de las clientas más fieles del bar, al que suele concurrir acompañada por su mamá, sus hermanos, amigos o sola, porque la joven demuestra una independencia admirable. Hace y deshace a su modo. Viaja en transporte público y hasta se traslada en micro a Tandil, su ciudad natal, para visitar a su familia materna, sin necesidad que la acompañe nadie. "Si los empresarios supieran los beneficios impositivos que tienen por contratar gente con determinadas características, creo que se entusiasmarían más", explica la docente. Más allá de esas cuestiones, lo que seguramente no dejará de brindarles Federica es mucha responsabilidad, compromiso y amor por la tarea.

Se la percibe coqueta con su planchita en el pelo y el sweater animal print. Y muy decidida. Al encuentro con el cronista llegó anticipada unos minutos junto a Stella y Eliana. Pero bien podría haberlo hecho sin el acompañamiento de su mamá y de su mano derecha académica. "Federica hizo la experiencia de vivir sola y, en casa, se organiza con todas las tareas domésticas. Se maneja sola", explica su madre. La agenda de Federica es intensa. Durante los tres años que cursó el Plan Fines, madrugaba durante las tres jornadas semanales de cursada con asistencia casi perfecta, "solo falté un día porque estaba enferma". Y por las tardes se reunía con Eliana para tomar las clases facilitadoras. En medio de toda esa carga horaria, asistía al Club Náutico para jugar al tenis, deporte que ama y sigue practicando. Y no se privó de ir al cine con sus amigos, salir a pasear con sus hermanos o de disfrutar de la música de Lali Espósito, de la que tiene su CD, al que escucha todos los días. "También me encanta mucho Ángela Torres", explica esta fiel devota de la telecomedia Simona. "Me gustaría hacer comedia musical y actuar. No me da vergüenza para nada". Si algo no se le percibe a Federica es pudor o retraimiento para conectar con el otro. Se expresa muy bien. Y, en más de un momento de la charla, esgrime al pasar alguna frase cuya profundidad nos deja a sus tres interlocutores con la mirada húmeda y en silencio. Lecciones.

Federica junto a su mamá Stella y a la docente Eliana González
Federica junto a su mamá Stella y a la docente Eliana González Fuente: lanacion.com

"Ya no extraño ir a la escuela, porque iba muy temprano con la tarjeta SUBE en el colectivo", se sincera esta admirable mujer que administra el dinero que le da su madre y tiene decisión propia sobre sus gastos. "Fede, lo que se propone, lo intenta. A su modo, más despacio, pero lo hace. Así son las personas con síndrome, un poco más lentas. Pero logran todo. Hacen del sacrificio un modo de encarar cada actividad, porque saben que es la manera de llegar a cumplir sus objetivos", explica Stella. Federica ya piensa en su cumpleaños, que ha decidido festejar en un bar junto a sus hermanos. "Vive para ellos y ellos para ella", confirma su mamá.

Plan Fines

La docente jubilada Eliana González es un ser sumamente especial. Su pasión por la docencia le impide quedarse de brazos cruzados, aún cuando ya transita ese tiempo en el que podría dedicarse al ocio sin mayores responsabilidades. Está claro que la pasividad no es lo suyo. A tal punto que fue quien, al conocer a Federica, se le ocurrió que sería bueno que pudiese completar sus estudios secundarios, luego de una formación inicial y primaria repartida entre Tandil, Puerto Deseado y Mar del Plata.

Para que la cursada del Plan Fines se pueda llevar a cabo, la Sociedad de Fomento Coronel Dorrego presta, generosamente, sus salones calefaccionados para el dictado de clases de un alumnado variopinto: chicos en proceso de recuperación de adicciones; madres solteras; adultos mayores que debieron abandonar sus estudios por cuestiones familiares o económicas; personas con patologías de orden psicológico; o albañiles que, entre changa y changa, deciden no postergar más la obtención de su título.

"El Plan Fines está ideado para la terminalidad de secundaria con la posibilidad de equiparación de derechos. Es un plan del año 2010, al que, actualmente, se le está recortando presupuesto. Algo muy grave porque donde hay una necesidad debe haber un maestro. No hay que pensar en los números, salvar un chico es salvar una vida, es cumplir con una misión. Para la inserción, la educación es la herramienta fundamental", explica la educadora.

Federica como abanderada durante su acto de graduación.
Federica como abanderada durante su acto de graduación. Fuente: lanacion.com

El Plan Fines depende de Nación y es contenedor de personas en situaciones de vulnerabilidad o postergación social. "A partir de la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad, me pareció que había que visibilizar situaciones como la de Federica, para que ella, y tantos otros, puedan terminar sus estudios. Al principio, teníamos miedo por la carga horaria y los trabajos en grupo que los alumnos deben cumplimentar, pero todo salió muy bien", reconoce la admirable docente especializada en Educación Especial y en Educación para Adultos. "Estoy jubilada desde el 2011, pero para seguir en actividad, y porque amo la docencia, emprendí esta experiencia y me convertí en la acompañante pedagógica de Federica".

Sin dudas, Eliana es el otro ejemplo de esta historia conmovedora de unión de voluntades y esperanzas. "Yo la propuse como alumna. Primero hablé con los inspectores del Plan Fines Andrea Espinosa y Claudio Fernández, quienes se interesaron inmediatamente. Y la Sociedad de Fomento Coronel Dorrego nos facilitó todo el referente Fernando Ayala, gracias a todos ellos pudimos comenzar a cursar. No encontré ninguna traba. Era un momento en el que se favorecía este tipo de trabajo de inclusión", dice quien acarrea más de 40 años de trayectoria académica.

Querer es poder. Los miedos existían, pero no paralizaron. El dilema era cómo Federica se conectaría con sus compañeros y como ellos la incorporarían al grupo. Temores e inquietudes lógicas. La docente responsable se acercó primero para hablar con los profesores y los alumnos, y contarles acerca de Federica. "Ahora puedo decir que esa charla fue innecesaria. Federica, desde el primer día, fue una más. Tanto, que el viaje de egresados fue propuesto por ella".

La tarea de Eliana consistió en desarrollar el apoyo escolar para que lo dictado en clase no tuviese trabas para ser incorporado intelectualmente por Federica. "No busqué jamás que le den una tarea más fácil. En horario extra escolar, nos reuníamos para hacer que el mismo contenido sea equivalente. Esto quiere decir, aplicando letras grandes para la lectura, métodos accesibles de comprensión, apoyar en las zonas con más dudas. Yo cursaba con ella, pero algunos profesores me sacaban para que no la sobreprotegiera", explica la docente.

"Sé que hubo otros papás que tuvieron algún prurito, pero no fue en mi caso. En el Fines la convivencia se da con chicos recuperados de adicciones, gente grande, alumnos de zonas muy carenciadas. Que uno esté mejor económicamente, no es problema para estar con compañeros de otros estratos sociales. Hay que incluir desde todos los aspectos. Jamás tuve miedo", dice Stella, una mamá valiente a la hora de darle máxima libertad a su hija.

Como suele suceder en estos casos de experiencias tan profundas e intensas, los vínculos se enraízan poderosos. Federica, Stella y Eliana construyeron una amistad sostenida en el cariño y en la satisfacción otorgada por las metas cumplidas. Orgullo compartido por las tres. En el encuentro, café de por medio, se las nota compinches, unidas. Tejieron un entramado afectivo a todas vistas indisoluble. "Eliana fue una gran profesional, le dedicó tiempo y amor a Fede. Fueron tres años intensos. El objetivo era terminar el secundario, porque para hacer cualquier trabajo te lo piden", afirma Stella.

Desdramatizar

Federica junto a Lali Espósito
Federica junto a Lali Espósito Fuente: lanacion.com

Stella Maris Villar tuvo a Federica a los 17 años en su ciudad, Tandil. Había concluido sus estudios secundarios y salía con un chico un poco mayor que ella, quien conoció a Federica, pero decidió no ejercer la responsabilidad de la paternidad. "Ese novio, que es el papá de Federica, no está en nuestras vidas porque nunca se hizo cargo de ella, después de saber que Federica tenía esta condición. La conoció de bebé y nunca más la vio", explica esta mamá corajuda que no guarda rencores. Al contario, agradece a la vida la llegada de su primera hija. "Federica me cambió la vida. Al principio, hubo curiosidad e incertidumbre, pero siempre mi familia me apoyó mucho. Tengo hermanos y papás que la mimaron mucho. Y lo siguen haciendo. Hice todas las terapias habidas y por haber, y siempre supe que lograría con ella todo lo que me propusiera. Ella es consciente que tiene síndrome de Down, pero, para nosotros, no es una patología sino una condición. Es así, como si tuviera un color diferente de piel o un ojo celeste".

Con los años, Stella formó una nueva pareja, de quien hoy también se encuentra distanciada. Pero ese hombre fue el padre de crianza de su hija y el papá de sus otros dos descendientes. Federica lo adora. Y no es para menos.

"Esto no es una lucha. Es un desafío de la vida que Dios me puso en mi camino. Le agradezco a Dios todos los días que me haya dado a Federica, porque me cambió la vida. Vivo de otra forma. Y sus hermanos también. Es algo maravilloso. A veces uno le tiene miedo o temor a las cosas diferentes, pero hoy puedo decir que hubiese tenido a los tres hijos con síndrome de Down. Estos chicos tienen una condición que es admirable: son desinteresados en lo material, algo raro en la sociedad de hoy, y brindan amor sin canjearlo por nada. Uno aprende a vivir en otro universo. Ojalá todos pudiésemos entrar en el mundo de ellos y veríamos las cosas muy diferentes. Yo aprendí más de ella, que ella de mí. Aprendo todos los días. Fede es alegría, es todo".

Los miedos mutaron en esperanza. La incertidumbre en certezas. El querer en poder. Stella llevo una vida no exenta de sacrificios, pero muy plena. Y con las herramientas que le otorgó a su hija, hoy puede ver satisfecha el fruto de cada esfuerzo, de cada decisión. Es tiempo de cosecha. "Ella es muy responsable, puede vivir sola, y esto es bueno para dar ilusión a la gente. Uno como padre tiene que saber soltar. A mí me cuesta, pero cuando ella quiere salir, hay que dejarla".

Federica junto a familiares y amigos durante su acto de graduación.
Federica junto a familiares y amigos durante su acto de graduación. Fuente: lanacion.com

Tal es el vínculo madre e hija, que Federica no deja de aconsejar y acompañar a su madre en momentos de decisiones fundamentales. "Pasamos cosas fuertes en la vida y ella me las ha resuelto. En situaciones de separación, me ha abierto la cabeza, me ha frenado, me ha orientado. Por eso sostengo que el síndrome es una condición. Ella tiene muy clara su vida. Ni yo la tengo tan clara. Sabe lo que quiere y como transitarlo. Me gusta transmitirles esperanzas a los papás, decirles que no bajen los brazos. El síndrome de Down no es un drama ni son víctimas de nada. Hay que golpear puertas y derribar barreras. Y pedirle a la sociedad que les de oportunidades, que las personas con síndrome tienen un gran potencial. No son enfermos, sino que tienen una característica particular".

La charla concluye. Es momento de dejar a Federica con su mamá y con su querida guía pedagógica para que puedan comenzar la "charla de chicas" en medio del bullicioso bar marplatense repleto de turistas en el fin de semana extra large. Ese café en el que Federica sueña trabajar alguna vez. Allí quedan Federica, Stella y Eliana para hablar de sus cosas de igual a igual. Ya de pie, una pregunta al pasar que es toda una verdad de Perogrullo.

-Federica, ¿sos feliz?

-Soy muy feliz con mi mamá y mis hermanos, con todos. ¡Ah, y con Eliana también!

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