Barranquilla se divide entre el aliento a Boca y los que sueñan con el gran golpe de Junior

Carlos Tevez recibe el afecto de los hinchas en Barranquilla
Carlos Tevez recibe el afecto de los hinchas en Barranquilla Fuente: LA NACION - Crédito: Prensa Boca
Pablo Lisotto
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2 de mayo de 2018  • 09:58

BARRANQUILLA .- "¡La Copa Libertadores es mi obsesión, tenés que dejar el alma y el corazón!". Si no fuera porque la tonada colombiana los delata, bien podría decirse que ese grupo de 30 personas que cantan sin cesar en la puerta del hotel donde se aloja Boca son argentinos.

Hay banderas, mujeres, hombres y niños. Los más afortunados, en el lobby del hotel. Los menos, detrás de una reja, en la vereda. El premio mayor los une: una selfie o una camiseta autografiada. "Del que sea", coinciden. Resulta curiosa la situación. Nadie puede imaginar, dentro de dos semanas, a un grupo de hinchas de River en la puerta del hotel donde se aloje Alianza Lima, alentando a los peruanos. Ni a un grupo de fanáticos de Boca brindando su apoyo incondicional al plantel de Flamengo en Buenos Aires, cuando en siete días visite el Monumental.

Pero más allá de la marca registrada que es Boca en el mundo, el club de la Ribera y Colombia están unidos por la historia. Marcados a fuego por esa historia de amor que iniciaron Oscar Córdoba, Jorge Bermúdez y Mauricio Serna a comienzos de siglo, que continuaron hombres como Luis Perea o Fabián Vargas, y que hoy prolongan en el tiempo Frank Fabra , Wilmar Barrios y Edwin Cardona . Boca y Colombia, un solo corazón.

Pero no todo el pueblo de Barranquilla piensa así. "Va a ganar Junior. No tengo dudas. Y será un partido con muchos goles", pronostica Luis, fanático de Teo Gutiérrez , taxista de profesión y especialista en fútbol por elección. Como buena parte de sus coterráneos, que sienten este juego en la piel, y que en las apasionadas charlas de café le suben o bajan el pulgar a un entrenador cuando no los convence su propuesta, en decisiones que muchas veces se dan antes que los directivos lo anuncien. Y se jactan de eso. "Alexis (Mendoza) se tuvo que ir porque a nadie le gustaba como jugaba Junior . Y los resultados precipitaron su partida y el regreso de Julio Comesaña".

Se ríe Luis frente al clima. Inaguantable para el que no vive aquí. Como si a cada turista lo recibiera una patada en el pecho de vapor. El recreo sólo llega cuando se ingresa a un automóvil con aire acondicionado, o a un shopping, o a un hotel. El (poco) alivio llega cuando anochece.

A Boca le preocupa eso. No es lo mismo jugar a las 21.45 que a las 17.15. Pero el calendario determinó la segunda opción, y debe prepararse para ello. Por eso se entrenó el lunes y ayer por la tarde, en un horario similar al del partido con Junior. Por eso la previsión también sirvió para resolver con tiempo un inconveniente: el terrible calor que se vive en el vestuario visitante. Para contrarrestarlo, un par de empleados del club compraron ocho ventiladores, con el objetivo de que el entretiempo no sea un sauna. También le pidieron a la Conmebol que dé autorización para que el árbitro ecuatoriano Roddy Zambrano interrumpa las acciones a los 30 minutos de cada etapa, con la idea que los futbolistas puedan hidratarse.

"¡Dale Bo, dale Bo!", siguen cantando los hinchas de Boca colombianos en la puerta del hotel. Para ellos es un honor tener la presencia del hexacampeón de América en su ciudad. Luis se ríe a un costado, poco antes de volver a su casa para disfrutar de su hijo. Que se llama Junior, lógico.

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