Junior-Boca, por la Copa Libertadores: el empate en Barranquilla dejó al xeneize muy complicado

Copa Libertadores Round
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Junior

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  • Luis Carlos Ruiz
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Boca Juniors

Boca Juniors

Pablo Lisotto
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2 de mayo de 2018  • 19:00

BARRANQUILLA.- Boca tiene una vida más. El dramático empate 1 a 1 frente a Junior le permite mantener una luz de esperanza de clasificación a los octavos de final de la Copa Libertadores . Aunque no depende de sí mismo. Dos situaciones paralizaron los corazones de los hinchas xeneizes. Primero, cuando Ruiz marcó el 1 a 0, después de un polémico penal que sancionó el árbitro Zambrano. Entonces, un sudor frío recorrió el cuerpo de los simpatizantes; también desacomodó a los futbolistas, al cuerpo técnico y a los dirigentes. La posibilidad latente de quedar eliminados en la etapa de grupos por primera vez en los últimos 24 años fue tangible.

La restante lo tuvo como protagonista, otra vez, a Agustín Rossi . El arquero había hecho un partido aceptable, e incluso había desviado el penal de Ruiz, que finalmente anotó en el rebote. Pero a minutos del epílogo intentó despejar un pase atrás y le pifió a la pelota a metros de la línea. Enmendó su error al rechazar con el pie derecho. Unos instantes después, una desatención con sus defensores lo encontró otra vez fuera del área, como en el tanto de Lucas Lima en la Bombonera, en la derrota con Palmeiras. Esta vez, el destino le hizo un guiño favorable: Junior malogró la oportunidad.

Por momentos, Boca jugó con el corazón de los hinchas. Porque hubo lapsos de entrega, empuje y avances sin orden, en su mayoría con Cristian Pavón como actor principal, acciones que ilusionaron con una victoria reparadora. Pero también existieron tramos inexplicables, de fallas indefendibles para futbolistas profesionales; ausencia de diálogo entre compañeros y absoluto desconcierto.

Pero entre esas dos imágenes difusas, finalmente logró Boca recuperar el aliento. Salió con vida de un partido de desarrollo complejo, de un partido que le resultó incómodo. No por Junior, que jugó con la presión del rival pero que resultó tibio para resolver, sino por el contexto. Porque el margen de error para Boca era escaso: ponía en juego nada menos que la posibilidad de quedarse afuera de los octavos de final del campeonato que lo desvive y para el que hizo los esfuerzos para conformar un plantel competitivo, con nombres de jerarquía. Con sobresaltos, al menos evitó el fracaso.

Pavón festejó; su tiro libre terminó en gol en contra
Pavón festejó; su tiro libre terminó en gol en contra

Hacía mucho tiempo que Boca no se sentía tan visitante como en el estadio Metropolitano. Acostumbrado a recibir el aliento y el apoyo de sus hinchas en todas las provincias de la Argentina y en distintos rincones del planeta, en esta ciudad se desenvolvió en terreno hostil. Y, por momentos, también le fue esquivo el desempeño del árbitro Zambrano, que a instancias del asistente Christian Lescano sancionó un penal difícil de explicar por una supuesta infracción de Barrios sobre Piedrahita.

La tensión se vivió en todo momento. En las gradas, en el campo y en los alrededores del estadio. Porque no solo jugaron los once que estaban dentro del campo. Uno que cumplió un rol fundamental fue el preparador físico Javier Valdecantos, desesperado por frenar a los suplentes, que ante cada fallo en contra se acercaban al cuarto árbitro Luis Quiroz, para recriminarle la decisión.

Un manto de rumores rodeó a Wilmar Barrios en su vuelta al equipo. El hombre nacido en Cartagena llegó al límite desde lo físico: su presencia estuvo en duda hasta el mediodía. Se dijo que no quería jugar e incluso que se estaba cuidando para llegar pleno al Mundial. Dijo presente, tuvo la desgracia de intervenir en la jugada del supuesto penal a Piedrahita y con síntomas de molestias físicas debió dejarle el lugar a su compatriota Sebastián Pérez cuando faltaban ocho minutos.

Fue un partido friccionado, con muchas polémicas
Fue un partido friccionado, con muchas polémicas

Ante una nueva ausencia futbolística de Carlos Tevez , fue Cristian Pavón el que se puso el equipo al hombro, contagiando voluntad, sacrificio y entrega. Su desgaste tuvo premio. Fue de sus pies que llegó el tanto del empate, cuando un tiro libre que ejecutó en forma de centro, a los 5 minutos del segundo período, se desvió en la cabeza de Ruiz, uno de los 16 futbolistas que coparon el área chica de Junior; la pelota se coló en el arco del uruguayo Viera, que se quedó sin reacción.

Con el empate, Boca ya no depende de sí mismo. El 16 de mayo, en la Bombonera, deberá ganarle a Alianza Lima y, a la vez, necesitará que Palmeiras, que esta noche puede asegurarse un lugar en la próxima instancia cuando se mida con el conjunto limeño, le tienda una mano en San Pablo: los brasileños no deben perder el juego con Junior. Esa combinación de resultados empujará a los xeneizes a los mata-mata.

Boca respira, aunque se vuelve preocupado a Buenos Aires, donde deberá cambiar rápido el chip. Porque por esas cosas del calendario, el domingo puede consagrarse bicampeón del fútbol argentino frente a Unión. Aunque con la cabeza muy puesta en Alianza Lima (y en Palmeiras-Junior)

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