Lo que nadie imaginó en las barricadas

Javier Navia
Javier Navia LA NACION
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6 de mayo de 2018  

En 1968, mientras los jóvenes franceses removían los adoquines del Quartier Latin para levantar barricadas, una todavía desconocida política británica recorría Estados Unidos, seleccionada por la embajada de ese país en Londres, para participar en un programa de liderazgo que la llevaría, durante varias semanas, a entrevistarse con personalidad locales y, especialmente, del Fondo Monetario Internacional. Su nombre era Margaret Thatcher: nadie podía prever entonces que, en algo más de una década, se convertiría en la estadista más influyente de la Europa de posguerra.

A finales de años 60, los claustros de las universidades del Viejo Continente hervían de ideales revolucionarios y los intelectuales más destacados abrazaban los dogmas que proclamaban el advenimiento del hombre nuevo. Para la generación que no había vivido la guerra, la paz, siempre en vilo por la amenaza nuclear que se cernía sobre una Europa dividida por la Cortina de Hierro, no era suficiente y el inconformismo se manifestaba desde las nuevas formas del arte como en las consignas callejeras. La más romántica de todas proponía "la imaginación al poder".

Solo dos años antes de la chispa de la revuelta se encendiera en la Sorbona, los cines de Francia habían exhibido, entre los experimentales films de Godard, ¿Arde París?, la taquillera representación de la liberación de la Ciudad Luz en 1944. Entonces, los jóvenes de la Resistencia se habían volcado a las calles para expulsar al invasor nazi y facilitar la entrada en la capital de los tanques aliados. De Gaulle, que temía que los resistentes comunistas tomaran la iniciativa y tiñeran de rojo la posguerra francesa, se apresuró a intervenir, con la ayuda norteamericana, para que fueran sus combatientes los que liberaran París. Pero ahora, en 1968, convertido en un cansado presidente, su estrella se apagaba, fustigado tanto por los sindicatos de izquierda como por la extrema derecha que no le perdonaba la pérdida de Argelia. Para los jóvenes de la Sorbona, ¿Arde París? habrá resultado una inspiración: ahora había llegado la hora de que ellos, la nueva generación, se movilizara a las barricadas por su propia causa.

El resto es historia conocida. El movimiento de los estudiantes marcó una época y sería emulado alrededor del mundo. Pero aunque el mito se hubiera disparado y llegue a nuestros días, poco duró la llama de la revuelta y el inconformismo. A De Gaulle lo sucedió meses después George Pompidou, exgerente general del Banco Rothschild. Europa, de a poco, dejó atrás los rebeldes 60 y comenzó el camino hacia la "revolución conservadora" que pondría en marcha Thatcher una década después del Mayo Francés. No estaría exenta de polémicas, pero se impondría en todo Occidente, y la generación del 68 se jubilaría en una Europa dominada por los tecnócratas y muy diferente de la soñada junto a las barricadas.

Sobre el auge y la caída de esos ideales que sacudieron el mundo es la presente edición de LA NACION revista. A 50 años del Mayo Francés, aquí está su historia y la de su generación.

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