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Villa Crespo: convierten un convento de monjas en un hotel boutique y locales comerciales

Víctor Pombinho Soares
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3 de mayo de 2018  • 00:15

En Villa Crespo, en la calle Gurruchaga, entre Castillo y Jufré, un convento de monjas está siendo remodelado para convertirse en un hotel boutique, con locales comerciales y oficinas. El convento, que hace siete años dejó de funcionar, está ubicado al lado de la iglesia de San José, a la vuelta del colegio San José de la Palabra de Dios.

Según explica Nélida Bosch, de la Congregación de Religiosas de San José, institución dueña del edificio, la reforma hay que verla como parte de un proceso general de disminución de las vocaciones religiosas, que se da incluso en los seminarios. "No hay vocaciones nuevas, no entran jóvenes, entonces las personas que estamos nos vamos poniendo mayores y no se puede continuar con todos las misiones", afirma. Las pocas monjas que quedaban fueron llevadas a distintas casas en el Interior y el Gran Buenos y se las fue ubicando en otras misiones.

La iglesia, con el convento detrás
La iglesia, con el convento detrás Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

El edificio fue construido en 1945 y es de estilo neoclásico. La cantidad de monjas (en algún momento llegaron a ser más de 100) fue disminuyendo de a poco y la congregación estaba buscando cómo poder sostener el edificio cuando les llegó la oferta de la empresa desarrolladora, que alquiló el ex convento por diez años, con la posibilidad de renovar por diez años más.

"Nosotros conocimos el edificio circunstancialmente -cuenta Marina Mercer, la arquitecta que tiene a su cargo las modificaciones-. Estaba vacío, a veces lo intrusaban, entonces les hicimos una propuesta para transformarlo, porque el el edificio es divino".

"El edificio no estaba en tan malas condiciones, pero sí abandonado. Y para ellas tenía un costo mantener un edificio vacío", relata Mercer. En la planta baja habrá locales, principalmente de gastronomía, aunque los únicos dos que ya están ocupados son de indumentaria y no dan a la calle, sino al patio interno.

La fachada del convento, con los carteles que publicitan el emprendimiento
La fachada del convento, con los carteles que publicitan el emprendimiento Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

Uno de los locales, muy bien decorado, lo ocupa la marca de zapatos Antes Muertas. Una de sus socias, Paula Pontiliano, explica por qué eligió alquilar un local en el ex convento: "Necesitábamos tener un espacio de oficina y showroom para que nuestras clientas nos puedan visitar y en donde nuestras empleadas puedan trabajar en equipo. Y la verdad es que visitamos decenas de oficinas comerciales, que eran todas iguales y aburridas, llegamos a Casa San José y nos enamoramos del espacio. Es algo totalmente diferente", asegura.

"Nos encantó la arquitectura antigua, la doble altura, los espacios abiertos, los árboles. También la idea de compartir el espacio con un hotel boutique, en donde hay gente de todo el mundo vacacionando y locales gastronómicos en donde nuestras empleadas y clientas pueden disfrutar. Creo que la combinación de todo esto va a generar un ambiente increíble para nuestro proyecto", señala Pontiliano.

El local de Antes Muerta
El local de Antes Muerta

El hotel, que se llamará Casa San José y abrirá en julio, contará con 22 departamentos, destinados principalmente a turistas extranjeros y del interior. Los departamentos estarán equipados y podrán unirse en el caso de que sean alquilados por familias o grupos de amigos. "Tiene la ventaja de un hotel, con la recepción y la seguridad, pero con la libertad de poder preparar comida", afirma la arquitecta. Las habitaciones están construidas donde eran las habitaciones de las monjas. Además del hotel y los locales comerciales, el emprendimiento contará con estudios profesionales.

Las fachadas del ex convento no fueron modificadas, ya que se trata de un edificio protegido. Sí se realizaron modificaciones interiores y un recambio de instalaciones para comfort y seguridad. "Tratamos de rescatar todo lo posible. Las habitaciones estaban divididas en celdas y el techo estaba bajo. Las aberturas de madera son originales, de madera. Rescatamos el techo de bovedilla de ladrillo con vigas de pinotea, que estaba tapado por un cielorraso bajito", comenta la arquitecta, que cree que el emprendimiento tendrá "un impacto muy positivo para el barrio".

La recepción del hotel
La recepción del hotel Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

Lo mismo opina Juan Ignacio Mel, de Mel propiedades, la inmobiliaria que comercializa el emprendimiento. "El barrio estaba creciendo mucho, pero hay mucha gente que viene a comprar y se va. La oferta gastronómica está del otro lado de Córdoba. Esto va a hacer que la gente se quede a pasear acá y eso va a ser positivo para todos, las propiedades se van a valorizar. Antes estaba cerrado, lo intrusaban, esto va a levantar la manzana y la zona", afirma Mel.

La idea es que el patio del ex convento sea un espacio común tranquilo, con árboles, plantas y un estanque, donde se pueda comer o tomar algo lejos del ruido de la calle. El patio, que conserva en una de sus paredes una imagen de la Virgen María, podrá ser disfrutado tanto por clientes de los locales gastronómicos como por las personas que deseen entrar, sin necesidad de comprar.

La imagen de la Virgen permanecerá en su lugar
La imagen de la Virgen permanecerá en su lugar Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

La opinión de los vecinos

Entre los comerciantes del barrio, donde dominan los outlets, no se hacen mucho conflicto por el ex convento. Entre ellos predomina la idea de que el nuevo complejo favorecerá las ventas, que vienen alicaídas en los últimos meses. Melina Gandulfo, encargada del local de ropa Maghuer, ubicado frente al convento, afirma: "Es lindo lo que van a hacer y sería buenísimo que abra pronto. Ojalá que traiga gente, veremos".

Por su parte, Nilton Chávez, encargado del local de venta de ropa deportiva Just for Sport, señala: "Me parece perfecto, más que nada para que haya más gente, más ventas. La zona ahora es tranquila, se vende, aunque últimamente bajaron las ventas".

Una vista del patio y las habitaciones; detrás, el campanario de la iglesia
Una vista del patio y las habitaciones; detrás, el campanario de la iglesia Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

Los vecinos consultados tampoco se mostraron muy disconformes con el cambio, aunque sí dijeron que les parece extraño. "Es algo medio raro, nunca visto, pero bueno, debe ser por los outlets y las cervecerías. Yo no lo veo, pero tendrán sus razones. Tampoco me parece una locura, hay que ver", dice Gonzalo Zorzoli, mientras juega en la placita lindera del edificio con su hija Giuliana, que va a primer grado del Colegio San José. Zorzoli, que vive en Villa Crespo desde que nació, hace 36 años, es dueño de la tradicional cantina A los amigos, que hace 60 años está en la esquina de Loyola y Gurruchaga. "Puede ser que le dé más movimiento al barrio. Las ventas bajaron y aumentaron los impuestos, pero hay que seguir luchando", explica.

Victoria Luna, una joven que charla con una amiga en la plaza, se queja un poco: "Ya de por sí comercializan mucho todo, hacen plata. Pero el cambio no me molesta, yo no soy de ninguna religión. Pienso que está muy bien ubicado. y yo iría porque se ve bien estéticamente".

Pablo Díaz vive enfrente del convento desde hace cinco años. Sale de su casa para pasear a su perrito Jackie y se manifesta muy de acuerdo con el cambio: "Está buena la transformación, es un progreso para el barrio, esperemos que se valoricen las propiedades".

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