Una artista fascinante: Stephane Audran

Javier Arroyuelo
Javier Arroyuelo LA NACION
Una estrella: Además de actuaciones brillantes, sumó coeficientes de glamour y de coolness
Una estrella: Además de actuaciones brillantes, sumó coeficientes de glamour y de coolness Fuente: AFP
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6 de mayo de 2018  

La moda, es decir la ropa concebida para acompañar y dar gracia y seducción al movimiento del cuerpo y favorecer la expresión de la personalidad, encontró en el cine el espacio más propicio donde desplegar todo su instrumental de artificios. Las imágenes estáticas de las revistas de moda tienden a distanciarnos de lo que nos muestran. El cine, en cambio, nos envuelve en ellas. Y así la ficción del cine vuelve tan inmediata y atractiva como los personajes mismos a la ropa que ellos llevan. En las décadas de esplendor de Hollywood, cuando el cine fascinaba a las masas, el estatus de las grandes estrellas dependía en gran parte de sus atuendos, que dictaban modas.

Treinta años más tarde, Stéphane Audran, reconocida desde los 60 como figura emblemática de la Nouvelle Vague francesa, dictó cátedra de estilo desde la pantalla, sin contar con el padrinazgo, pesado pero eficaz, de ningún colosal estudio de cine sino con el talento de Karl Lagerfeld, en aquel tiempo diseñador en ascenso. Manejando sus actuaciones en el registro de la tenuidad, con técnica minimalista, Audran se moldeó una personalidad cinematográfica distintiva, con la sofisticación como valor agregado clave.

Ella contó alguna vez que su punto de partida en la elaboración de sus personajes era el vestuario. "Es lo primero en lo que hay que pensar", explicaba, ya que la personalidad se expresa en la ropa que se elige y en el modo de llevarla. Había ya aparecido su personaje de burguesa impecable y enigmática en un trío de films dirigidos por su entonces marido Claude Chabrol, cuando en 1973, tras la partida de su vestuarista, acudió a Karl para crear las siluetas de su personaje protagonista de Juste avant la nuit. Fue uno de los Chabrol más perturbadores y acabados, y un triunfo para la actriz, sorprendente en el rol icónico de mujer envuelta en tramas de hastíos matrimoniales e intensas infidelidades de final infeliz y policíaco. Ese mismo año Audran fue convocada por Luis Buñuel para El discreto encanto de la burguesía, donde impávida ante el disparate abordó la comedia desde la (auto) ironía. La gema del vestuario de Lagerfeld es aquí una columna de crêpe violeta oscuro, de discreto escote pero con tres reveladores recortes en rombo a lo largo de la espalda. La alianza artística que iniciaron aquel año sería valiosa y duradera: no menos de 30 films en 20 años. Una extensa secuencia de estilo que a mi parecer no ha sido registrada aún como lo merece por la crónica general de la moda.

Con sus rasgos que tanto podían evocar un retrato de Gustav Klimt como una heroína de historieta o la mujer que unx cruza por la calle dejándote un recuerdo persistente -ojos de un celeste glacial, pómulos prominentes, boca plena y el pelo de un tono rojizo prerrafaelita, Stéphane Audran compuso, se inventó, una máscara de actriz instantáneamente memorable. Seductora en dos tiempos, dejaba aparecer, desde detrás de un exterior inescrutable, impasible, remoto, ráfagas afiladas de sensualidad. Tenía unas piernas estupendas y un chic inteligente. Cómplice de esa imagen, Karl Lagerfeld pensó y diseñó cada aparición en su totalidad, de los sombreros y los peinados a los zapatos, la ropa interior, las joyas y hasta el maquillaje en sus más mínimos detalles.

Declaradamente hostil al gusto medio, y a la clase tal, Karl vistió a las mujeres independientes que Audran encarnaba con los signos exteriores de sus aspiraciones -colores vívidos, estampas felices- y desvió el repertorio de prendas burguesas convencionales hacia un chic terminal que guiñaba un ojo y el otro también, tal como no ha dejado de hacer en Chanel. Estos son solo unos pocos de los recuerdos deliciosos que guardamos de Stéphane Audran, la artista que se fue hacia el fin del pasado mes de marzo.

El autor ha colaborado en Vogue Paris, Vogue Italia, L'Uomo Vogue, Vanity Fair y Andy Warhol's Interview Magazine, entre otras revistas

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