Germán Orozco, entre el pacifismo y la demostración de autoridad

Gastón Saiz
Gastón Saiz LA NACION
Germán Orozco y el desafío de suceder al exitoso Carlos Retegui
Germán Orozco y el desafío de suceder al exitoso Carlos Retegui
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3 de mayo de 2018  • 07:49

Hasta ahora hay más preguntas que respuestas en el ciclo de Germán Orozco al frente de los Leones. Todo es incertidumbre porque el equipo no jugó siquiera un amistoso y el plantel está partido en dos, entre los que juegan en las ligas europeas y los que animan el Metropolitano. Además, los tiempos no juegan a favor: los campeonatos en el Viejo Continente estarán en plena definición avanzado junio y quedará poco margen para disponer del plantel completo con miras al Champions Trophy de Breda (23 de junio al 1° de julio), la escala intermedia rumbo al Mundial de Bubhaneswar, que se hará entre el 28 de noviembre al 16 de diciembre.

Orozco sabe que la vara está más alta que nunca en la historia, después de una conquista olímpica que no estaba en los planes hasta del más optimista, fuera del núcleo del seleccionado. Sin dudas, los ojos se posarán en este hombre que fue un símbolo del equipo en tiempos en los que se hablaba del seleccionado masculino de hockey sobre césped a secas, sin apodo alguno, y que nunca lograba resultados consagratorios más allá de la abundancia de talento individual.

En la entrevista con LA NACION, Orozco evidenció la intención de un doble abordaje hacia el seleccionado. Por un lado, su actitud componedora y pacifista; encarna a un bombero decidido a terminar de apagar el incendio del equipo después de la conflictiva salida de Retegui. Por el otro, la necesidad de demostrar autoridad desde el vamos y martillar en la idea de que el seleccionado es prioridad. Quien desatienda esta premisa, corre peligro de ser expulsado del tren. Estas primeras semanas habrán sido fundamentales para fortalecer lazos internos y para que los jugadores evaluaran -muchos a miles de kilómetros de distancia- el pulso de Orozco para sacar adelante esta difícil coyuntura.

La mente fría que debe tener Orozco en estas horas no quita que se exhiba como un alma sensible. Lógicamente, la enfermedad que atravesó lo marcó de por vida y es por eso que, en ciertos momentos del diálogo, sus ojos se volvieron vidriosos. Es el recuerdo de sus 21 días de internación completamente aislado, cuando levantaba una persiana para tomar contacto con sus seres queridos, que velaban por él del otro lado de un ventanal. "Por momentos subía la persianita y había gente tirada durmiendo del otro lado esperando que yo diera señales", relató. Con aquel padecimiento superado, hoy vive a full su rol como DT del campeón olímpico y quiere trascender en una misión complicada.

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