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Lula Bertoldi

La líder de Eruca Sativa adelanta los festejos de la banda por sus 10 años
Diego Mancusi
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3 de mayo de 2018  • 11:18

La primera entrada en el calendario de celebraciones del décimo cumpleaños de Eruca Sativa es el festival Nuestro, el 5 de mayo en Tecnópolis, en el que integrarán un line up ecléctico con -entre otros- La Beriso, Ratones Paranoicos, Onda Vaga y Perota Chingó. Y después sí, la fiesta propia: el 9 de junio vuelven al Teatro Vorterix con un recital que, prometen, será “diferente, con una puesta en escena especial”.

Lula Bertoldi, obviamente, no va a arruinar la sorpresa. “Lo que te puedo contar es que estamos trabajando con una productora de puestas de shows distinta, de otro palo que no es de rock”, dice. Su público tendrá que esperar, y mientras tanto ir amenizando la vigilia con EP Vivo, las cuatro canciones que subieron a las plataformas de streaming en marzo, registradas en su presentación en el Luna Park en junio del año pasado. Y Lula también esperará, pero jamás sentada: entre proyectos musicales y militancia en causas de género, la frontwoman del trío tiene en el día a día la misma energía que se le ve y se le oye en el escenario.

No hay diez años de carrera sin evolución. ¿Qué están logrando ahora musicalmente que hace diez años ni te hubieras imaginado?

En lo musical realmente no me imaginé nada porque la apuesta siempre fue sorprendernos a nosotros mismos, buscar siempre, renovar el sonido, sorprender al público. Nos caracteriza el sonido más rockero pero tratamos de desprejuiciarnos un poquito, sacarnos las etiquetas y tratar de hacer canciones que nos gusten y sonoridades que renueven. Nada de lo que sucedió en estos diez años me lo imaginé, porque lo que fue guiando fue lo artístico y lo artístico nos fue llevando por lugares impensados como terminar tocando con Abel Pintos en el Luna Park o cantando con el Dúo Coplanacu una chacarera reversionada. Son palos re distintos pero en algún lado nos encontramos, y mientras guíe lo artístico y las canciones, las cosas suceden de cosas inesperadas.

El EP tiene “Amor ausente” a dúo con Abel Pintos. ¿Se están cerrando las grietas que el rock en una época ante otros géneros?

Sí, es una cosa re del pasado, salvo para la gente que se quiera seguir encasillando en un solo género. Es muy poca la gente que sólo escucha metal o sólo escucha reggae. La gente escucha de todo hoy en día. Incluso los artistas del metal o del reggae se fusionan con artistas de otros palos para que también suceda esto, el crossover, romper con las etiquetas que nos ponen como si fuéramos una disquería cuando a los artistas lo que siempre nos importó fueron las canciones, cómo llegan a la gente y cómo eso representa alguna situación para nosotros. Si no nunca hubiéramos hecho un tema como “Amor ausente” en nuestro tercer disco, que ni siquiera estaba Abel: era con un guitarrista muy amigo nuestro llamado Titi Rivarola. Si fuéramos cerrados a decir “esto es así” nos perderíamos de toda la riqueza musical que tiene el folklore. Yo creo que no hay nada más power que una chacarera bien tocada en un asado, que te rompe la cara con una criolla. He visto formoseños tocar una chacarera en medio de una juntada con fernet, una costilla o un vacío de por medio, tocan una chacarera y no queda nada. Tocame un tema de Black Sabbath, pero una chacarera bien tocada es una cosa de locos. Entonces siento que el folklore nos cala muy hondo y tiene mucho que ver con la energía

Alguna vez nombraste a voces femeninas actuales que te inspiran, como Mon Laferte o Natalia Lafourcade. ¿Te parece que hay más conciencia de la importancia de lo contemporáneo en la música de hoy? ¿Hay más ganas de dejarse influenciar por colegas?

Sí. Sig Ragga es una banda que nos rompió la cabeza, y siendo contemporáneos nuestros son influencia nuestra. Mi hermana, siendo mi hermana y más chica, es una influencia muy fuerte para mí. Nico Sorín, mi pareja, con Octafonic y toda la música que hace, también. Son los contemporáneos que te van calando hondo y decís “uh, qué bueno este show, voy a escuchar el disco, intercambiamos cosas, zapamos, aprendo de ellos”. Y eso termina modificando la música que uno hace y la de ellos. Me parece que eso sucedió en todas las épocas. Spinetta en la época en la que tocaba y se codeaba con otra gente como Charly o Fito... todos hicieron música distinta porque se conocieron también. En ese sentido no creo que sea algo solamente de ahora.

"Cuando salís a defender una causa como la legalización del aboto, sabés que lo hacés con la posibilidad de que la gente te diga de todo."

Ustedes manejan sus propias redes y tienen una posición política bien definida. ¿Cómo hacés para lidiar tanto con las puteadas como con las idolatrías desmedidas?

Lo llevo porque tengo muy claro lo que defiendo. La idolatría la puedo entender porque la gente se ve motivada, reflejada o influenciada por una imagen que es la que transmito en vivo o en los discos. Pero cuando te llueven muchas críticas, como cuando salimos con el tema de la legalización del aborto, también tiene que ver con la causa que estamos defendiendo, que no es muy gris. Es bastante extrema: a favor o en contra. Cuando salís a defender una causa como esa, sabés que lo hacés con la posibilidad de que la gente te diga de todo. Hay que saber adónde está una parada. Yo respondo todo, cuando en mis redes me bardean, me dicen “asesina”, me dicen cosas bastante fuertes, yo con mucha paciencia contesto todo porque entiendo que el cambio social que necesitamos en este momento tiene que ver con el debate, con el diálogo, con que aunque el otro no tenga respeto hacia uno, uno lo puede hacer entrar en razón, contarle un poco lo que está defendiendo y que posiblemente esa persona también esté a favor. Sólo con escuchar lo que tenemos para decir un montón de mujeres y sin atacar. A veces la gente se siente un poco ridícula después de haberlo dicho. No de su postura: por el ataque. Cuando uno lo hace desde la empatía, desde tratar de entender de que el otro tiene una forma muy distinta de entender la realidad, que no se ha sentado a leer, que no sabe bien qué está defendiendo... cuando uno se sienta a explicar, la mayoría de la gente lo entiende y a lo sumo te dice “está bien, no estoy a favor pero respeto tu postura”. Para mí eso es valiosísimo. Un montón de mujeres me han escrito después de un tiempo diciendo “al principio estaba en contra pero te empecé a leer y me di cuenta de que estaba a favor”... para mí es un momento hermoso.

Hablando de idolatrías, el rock supo cultivar cierto endiosamiento de quienes se suben a un escenario, cosa que está cada vez más en crisis a partir de las denuncias de acoso y abuso que surgieron en los últimos meses. ¿Pensás que generará algún cambio real en esa cultura de “ídolos” el avance de la lucha feminista?

Totalmente. Yo creo que es una vuelta de página enorme lo que está pasando. Primero por este cambio con respecto a la idolatría y después porque la gente que va a ver bandas empieza a tener más amor propio, a decir: “Eh loco, yo también valgo, no voy a dejar que me pasen por encima, que me hagan cualquier cosa, que un artista llegue ocho horas tarde”. Vamos por muchos lados, no solamente con la relación desigual de poder que muchos “ídolos” han desarrollado con sus fans, sino todo lo otro: que el público se haga valer. Porque el público es valioso. Yo pago la entrada durante meses y el artista se hace el Pomelo y llega ocho horas tarde, y es tristísimo. A la gente que va a ver y la que ha laburado para que ese recital se lleve adelante le cuesta mucho tiempo, dinero y esfuerzo, y es muy penoso que lo pague el público. Hay una relación desigual en el punto en el que esa persona tiene un poder o una idolatría arriba del escenario y tiene que saber que tiene una responsabilidad. No es una boludez estar ahí arriba y decir cosas: la gente la escucha y la toma para su vida. Si no la sabe llevar pasan estas cosas como las que están siendo destapadas, a las que está bueno que se les ponga fin. Y por otro lado espero que el público en general despierte y se dé cuenta de que es un lindo momento para que todos nos demos cuenta de que todos valemos como público, por estos abusos de “pomelaje” que están empezando a desaparecer y todos iremos construyendo algo más sano con el artista dando su espectáculo en un ambiente de respeto y libertad y la gente siendo respetada.

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