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Axel Krygier: del pulso del rock y los ritmos latinos a la electrónica, en un solo paso

Antes de presentarse pasado mañana en el CCK, el ex La Portuaria habla de sus inicios experimentales, su paso por la canción casi acústica y su fascinación por el mapa global
Antes de presentarse pasado mañana en el CCK, el ex La Portuaria habla de sus inicios experimentales, su paso por la canción casi acústica y su fascinación por el mapa global Crédito: Sebastián Arpesella
Jorge Luis Fernández
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4 de mayo de 2018  

Cualquiera que haya visto a Axel Krygier en un show en vivo antes de su ingreso a La Portuaria, a inicios de los noventa, podría haber anticipado su presente musical variado, inclasificable. En sus presentaciones, Axel cantaba al piano canciones como un artista pop juglaresco, como un Donovan o Kevin Ayers criollo que se interrumpía a mitad del tema y cambiaba de ritmo y de letra, y su improvisación sobre la marcha le daba un aire novedoso y fresco a lo que de otro modo hubiera sido una simple canción. Ese formato lúdico continuó como multiinstrumentista en La Portuaria y se consolidó con su primer disco solista, Échale semilla! (1999), donde su experimentación con ritmos globales y especialmente latinos le ganó el reconocimiento de la crítica. Hoy, a casi veinte años de aquel disco, Axel prepara un show electrónico para pasado mañana a las 20 como cierre del Festival Byte Footage, que se desarrolla en el CCK, un ciclo que interpela la relación de la música con las nuevas tecnologías.

"Me divierto mucho tocando y lo único que lamento es que no voy a poder bailar sin soltar el teclado", bromea Axel sobre los ensayos de lo que será su show, focalizado en su trabajo con el sampler y el sintetizador. Reinstalado en la Argentina después de haber vivido un par de años en París (donde conoció a su actual esposa francesa), el músico reflexiona sobre el devenir de su carrera, que lo llevó a recorrer el mundo alternando entre composiciones para sus discos y variadas colaboraciones con otros artistas.

"Mi actividad como multiinstrumentista en grupos se desarrolló en forma paralela a mi trabajo de autor y compositor", explica. "Mientras tocaba el saxo y la flauta en bandas comencé a grabar mi propia música en un grabador multipistas. Eso me llevó rápidamente al mundo del teatro, la danza y el cine. Y entre esos temas a pedido y mis propios experimentos armé lo que fue mi primer disco. Y después, encontrar el buen formato para llevar mis temas al vivo fue un proceso que tardó bastante en madurar", dice.

Unos años atrás, tras escribir la música apertura de la serie Okupas, Krygier compuso el material para el musical 3 Tangos, con puesta en escena de Alfredo Arias y guion del propio Arias y Gonzalo Demaría. El espectáculo se estrenó en noviembre de 2009 en el Theatre du Rond Point, en París, y su éxito propagó la obra de Krygier entre las audiencias europeas. Por unos años, su banda estuvo integrada por músicos internacionales, y el prestigioso sello belga Crammed Discs adquirió la licencia para distribuir sus discos fuera de la Argentina. En agosto del año pasado, 3 Tangos se reestrenó en una versión de concierto en la Sala Argentina del CCK junto a los cantantes originales del proyecto, Alejandra Radano, Carlos Casella y Marcos Montes, y una orquesta de veinte músicos.

"El proceso de 3 tangos fue intenso y divertido. Trabajar con las letras de Gonzalo Demaría disparó muchísimo mi creatividad", explica el músico. "Fue muy extraño que me invitaran a hacer esas tres minióperas, cuando no sé si de mis discos podía deducirse que podía hacer ese trabajo. En todo caso, sentí que era justo para mí y me hizo muy feliz hacerlo", explicó.

Axel cuenta que esa experiencia en el teatro musical se traslada al presente. "Ahora mismo me encuentro realizando la dirección musical y las canciones de una obra para niños que se presentará en el Teatro Nacional Cervantes a partir del 19 de mayo próximo, llamada El hombre que perdió su sombra", dice. "Estaré tocando el piano en escena junto a Alejandro Terán en clarinete y viola, cuya compañía es un lujo que todavía estoy asombrado de haber podido darme".

-¿De dónde te llegaron las influencias mayormente latinas de Échale semilla? ¿Tiene que ver con la música que escuchaste saliendo de gira con La Portuaria?

-Las influencias latinas vienen de mi adolescencia, cuando fui parte de un grupo de folklore argentino y latinoamericano que tenía en su repertorio zambas, chacareras, joropos, chayas, choros brasileños y valses peruanos. Me dio mucho placer reivindicar esa música y fusionarla con el lounge, el funk o el drum'n'bass, estilos que me atraían en esos tiempos.

-¿Cómo recibiste el éxito de crítica del disco? Al mismo tiempo no es un álbum fácil; hay pasajes de collage que recuerdan a John Zorn. ¿Fue una influencia?

-Lo que me sorprendió fue que le prestaran algo de atención. Tratándose de un disco enteramente grabado en mi casa, me di el gusto de incluir temas como "Laos y el Tigre" o "Dorochú", donde canto en idiomas inventados, collages de audio como "Klonación" o "Tanto tiempo", o "Chez la grande mère Bloch", donde uso la voz de mi tío abuelo. No era un conocedor de la obra de Zorn en ese tiempo. Pero sí había escuchado muchísimo The Rhythmatist, de Steward Copeland, Big Science, de Laurie Anderson, y My Life in the Bush of Ghosts, de David Byrne y Brian Eno, entre otras cosas.

-Seguidamente sacaste Secreto y Malibú (2003), que es un miniálbum bastante diferente. Tiene una atmósfera más nocturna, como de relax, y hay más electrónica. ¿En qué te inspiraste?

Secreto y Malibú fue originalmente la música de un espectáculo de danza homónimo, por lo que todos los temas se construyeron de manera simultánea a la coreografía. En este caso, mis inspiradores musicales fueron Lhasa, Wu-Tang Clan, Towa Tei, Bregovic, y el capo de Martín Iannaccone, que grabó percusión y bombo legüero en ritmo jungle.

En Zorzal (2005) retomás las influencias latinas, pero hay como un guiño hacia lo argentino, desde el título, al tiempo de que vas colando más canciones cantadas. ¿Lo grabaste como una especie de respuesta propia a tu primer disco, que es más instrumental?

-No lo pensé de ese modo... Es un disco que grabé viviendo en Barcelona, donde conocí a varios músicos africanos y árabes, al tiempo que trabajaba tocando en un club, improvisando con el teclado sobre bases de house durante horas. Cuando volví a Buenos Aires terminé de darle forma con el aporte de Fernando Samalea en batería y Manuel Schaller en posproducción y mezcla. Lo que me gustó de la palabra 'zorzal' fue la reminiscencia árabe, en cierto modo reforzada por el arte de tapa, y me divirtió el equívoco al que puede llevar tratándose de un disco argentino.

-Adelantanos cómo será tu show para el Festival Byte Footage. ¿Vas a trabajar solo con medios electrónicos?

-El show que haré para el cierre del festival BF está basado en un dispositivo que consiste en un sampler, un teclado y la voz, que me permite tocar mis temas, nuevos y viejos, con mucha flexibilidad. A partir del "mapeo" del sampler y su complemento con el sintetizador cuento con la posibilidad de un sonido rico en timbres, pero sin la esclavitud rítmica de la pista. Aunque claro, la gente puede bailar.

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