Netflix: un sistema que apunta más al "atracón" que a la "degustación"

Dolores Graña
Dolores Graña LA NACION
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4 de mayo de 2018  

Cualquiera que haya abierto Netflix de cara a un fin de semana lluvioso y haya sido recibido con un cartelito con el que la plataforma se regodeaba mostrándonos las "51 series y películas agregadas recientemente", sabe que la carrera por estar al día con lo que ofrece es una pelea perdida antes de comenzar. ¿Eso nos disuade? En lo más mínimo. Seguimos pensando que algún día lo lograremos.

Está claro que el modo Netflix de presentar los contenidos audiovisuales es uno de atracón, no de degustación: la sensación de renovación que provoca la hábil presentación de sus novedades es tan importante para el futuro de la plataforma como la renovación real de sus títulos, ya que la oferta permanente impulsa nuestra curiosidad y esta, nuestro consumo desaforado.

Por eso, el famoso algoritmo de recomendación de títulos no es tan importante por sus sugerencias (mal que le pese a la compañía, no compite con el consejo de amigos y familiares, y esperemos, la crítica especializada), sino por los recursos que utiliza para mostrarnos lo que ya elegimos ver. Ya no tenemos que obligarnos a ver un capítulo más a costa del sueño, nuestras responsabilidades o el tedio: el próximo episodio se mostrará solo. Con no resistirnos alcanza.

Las "chapitas" al estilo figuritas (o cocardas de niño explorador) que proponen coleccionar los títulos infantiles, los tráileres que se dan autoplay si dudamos un segundo antes de volver a la serie o película que estábamos viendo, las imágenes que cambian en los íconos según hayamos terminado la ficción o la hayamos evitado escrupulosamente durante años: todo está diseñado para que nos perdamos en los laberintos de la plataforma. Los gustos, los placeres culposos, las obsesiones inexplicables y los desagrados persistentes que revelamos con nuestros clics son tan valiosos para Netflix como las historias que descubrimos allí.

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