Promesas cumplidas e incumplidas

Cristian Mira
Cristian Mira LA NACION
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5 de mayo de 2018  • 00:30

En una semana en la que la economía volvió a estar en el centro de la incertidumbre, el ministro de Agroindustria , Luis Miguel Etchevehere , cerró el debate a los reclamos de acelerar la reducción de las retenciones a la soja. En una entrevista con Eleonora Cole, en el programa LN+Campo, que se emite por la señal LN+, el funcionario dijo que el Gobierno no pensaba apurar el cronograma de baja de los derechos de exportación a la soja. "El Gobierno está cumpliendo su promesa, bajando todos los meses un 0,5% (las retenciones)", respondió Etchevehere.

El reclamo de reducción de retenciones comenzó a hacerse más notorio tras la sequía de la campaña 2017/18. Si el Estado, sin consultar, era socio "en las buenas", con cosechas récord y precios en alza, bien podía serlo "en las malas" cuando la cosecha fracasaba. Evidentemente, este no es el caso.

Aunque el Gobierno cumplió con el cronograma de reducción gradual que anunció en octubre de 2016 cabe recordar que no omitió su promesa de campaña de las elecciones presidenciales de 2015. El programa de la usina de ideas del PRO, la Fundación Pensar, decía que los derechos de exportación de la soja iban a tener una reducción anual de 5 puntos porcentuales hasta llegar a cero en 2019.

Varias entidades de productores comenzaron pedir la rebaja de las retenciones. La Sociedad Rural Argentina , entre ellas. Y otras, están advirtiendo las dificultades de la producción. La Sociedad Rural de Rosario pidió el diferimiento de los anticipos del impuesto a las ganancias y propuso "eliminar los impuestos al gasoil, la disminución del IVA al 10,5% de los insumos agrícolas y al transporte de granos", entre otros ítems.

Ahora, la veloz depreciación del peso de los últimos días podría hacer creer que se favorecen los exportadores. La cotización de la soja a $7000 en Rosario de anteayer, el valor nominal más elevado, confirmaría esa presunción. Sin embargo, la incertidumbre y los saltos bruscos no benefician a ningún segmento de la producción agropecuaria. Para quien exporta, es mejor un dólar a $23 que uno a $20, sin embargo, el horizonte de una tasa de inflación que cada vez se aleja más de las metas propuestas por las autoridades económicas solo acentúa la imprevisibilidad.

En todo caso, el foco de la resolución de los problemas sigue estando en la competitividad, más allá de la coyuntura de la cotización de la moneda. Lo expresó un trabajo del analista del mercado de granos Gustavo López, en el seminario organizado por la Fundación Producir Conservando (FPC). Los factores favorables de la demanda internacional de granos y carnes se siguen manteniendo. "La oferta y la demanda mundial de la mayoría de los granos continúa creciendo, en un marco de equilibrio, con stocks estables", explicó López. "Los consumos y el comercio siguen en permanente expansión, principalmente en países en desarrollo, producto de los procesos de migración interna y cambios en los hábitos de consumo", añadió.

La referencia más clara de este fenómeno es China. En 2017 las exportaciones de soja llegaron a 100 millones de toneladas, cuando diez años antes eran de 40 millones de toneladas. Según estimó el trabajo presentado en la FPC, en 2027 las compras de soja llegarán a 150 millones de toneladas. Pero China es algo más que soja, porque también aumenta el consumo de alimentos, como correlación de la mejora de la dieta de la población, y abre oportunidades a otros rubros, como se está demostrando con la carne vacuna.

López se preguntó si el país es competitivo. "El potencial de crecimiento local está limitado por el alto costo argentino", señaló y destacó que "los crecientes costos de arrendamientos, insumos, comercialización y la enorme presión tributaria actual reduce el margen de competitividad local". Un ejemplo de esto son los costos del fobbing. Mientras que en 2008 representaban 7 dólares por tonelada, este año llegan a 14 dólares por tonelada.

Estas limitantes se mantienen mientras otros países aumentan su capacidad de producción y se apuran a conquistar mercados. En 15 años, Brasil y la tríada de países que conforman Rusia, Ucrania y Kazajastán duplicaron la producción de sus principales granos. En varios segmentos representan una amenaza para la oferta argentina. No vale la pena dormirse en los laureles.

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