Por qué la incineración de residuos no es una solución

Andrés Napoli
Andrés Napoli MEDIO: Director ejecutivo de Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN)
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4 de mayo de 2018  • 18:40

Con 36 votos a favor y 22 en contra, el jueves pasado la Legislatura porteña aprobó la ley que habilitará a la Ciudad de Buenos Aires a incinerar los residuos urbanos que se generan en el distrito, una falsa solución que se extenderá -por lógica consecuencia- a todo el conurbano bonaerense. La incineración implica una modificación en las metas y los plazos comprometidos para la reducción de la cantidad de residuos que se prevén enviar a los rellenos sanitarios, los cuales están contemplados en la Ley 1.854 "Basura Cero", promulgada en enero de 2006 y reglamentada en mayo de 2007.

Es importante destacar que el proyecto no tuvo suficientes instancias de debate previo, ni de manera sobreviniente a su tratamiento; ningún funcionario explicó o informó acerca de sus alcances, motivo por el cual se desconocen los posibles impactos sociales, económicos y ambientales que la decisión tendrá. Además, diversos y múltiples sectores expresaron su oposición al respecto: universidades nacionales, cámaras argentinas de industrias vinculadas a los residuos, curas villeros, cooperativas de recuperadores urbanos y organizaciones ambientalistas. Esto se debe a los diferentes factores que se encuentran implicados en la incineración como sistema de manejo de los residuos sólidos urbanos (RSU):

-La incineración es una fuente de emisión de una gran cantidad de compuestos tóxicos para la salud, incluyendo varias sustancias cancerígenas, como las dioxinas y los furanos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 2.000.000 de personas mueren al año en el mundo por la inhalación de partículas en suspensión. Sumar contaminación aérea a ciudades ya saturadas de contaminantes, como Buenos Aires, y ciudades del conurbano bonaerense, implica una baja en los índices de calidad del aire.

-La incineración de RSU con recuperación de energía, conocida mundialmente como "Waste to Energy" (WtE), no es una tecnología renovable ni limpia, ya que la basura domiciliaria no es un recurso renovable y su combustión genera gases de efecto invernadero (GEI), sustancias peligrosas para la salud y residuos. Se calcula que una incineradora genera entre un 25% y un 35% de residuos de la basura que quema, aunque existen casos en los que se llega hasta el 40% del peso incinerado.

Por otro lado, la legislación argentina (leyes 26.190 y 27.191), al igual que otras normativas a nivel internacional, no incluye a los residuos domiciliarios como fuente renovable. Solo está reconocida como tal la fracción orgánica.

-La tecnología WtE compite con el reciclado y con la denominada Economía Circular. En esa competencia, los residuos reciclables son los de mayor poder calorífico y, por ende, los más codiciados por las plantas incineradoras y por la industria del reciclado. Diversos estudios demuestran que, además, la incineración destruye al mismo tiempo las fuentes de trabajo que se generan en la Economía Circular. Por ejemplo, mientras que la industria del reciclado del plástico emplea a 93 personas cada 10.000 toneladas tratadas, una planta WtE emplea a solo 1. En el caso de los países en vías de desarrollo, el impacto de estas tecnologías de termovalorización sobre el empleo es más grave, dado que destruye una fuente de ingresos para los sectores más vulnerables, e imposibilita una nueva industria: la del reciclado.

-Es una tecnología costosa, ya sea para generar energía como para tratar los RSU. En primer lugar, y en materia energética, el costo de inversión de una planta WtE es el más alto, aún cuando consideramos todas las fuentes de energía disponibles, como por ejemplo la solar-fotovoltaica o la eólica onshore. Es una tecnología altamente dependiente de los subsidios estatales, ya que los costos de capital y operación nunca alcanzan a ser financiados por la venta de energía a precios de mercado.

Vale el ejemplo de la Unión Europea, la cual ya ha retirado los subsidios a la generación de energía proveniente de la incineración, estableciendo metas más ambiciosas de reciclado, fortaleciendo el modelo de Economía Circular.

La totalidad de estos factores demuestra que el paradigma de este nuevo siglo es la Economía Circular, la cual por supuesto no contempla a la incineración como un sistema sustentable de manejo de residuos.

Mientras el mundo debate estrategias cada vez más integrales y orientadas a reducir la toxicidad y la cantidad de basura, con esta nueva ley se busca promover tecnologías finalistas, que retraen el debate a décadas atrás; en lugar de apostar por el uso eficiente de materiales y recursos.

La habilitación de la incineración de residuos en la Ciudad de Buenos Aires no hace más que reconocer el fracaso del gobierno en la gestión de residuos. Es imprescindible que la ciudadanía forme parte de este proceso y exija a las autoridades políticas públicas que contemplen los impactos sociales y ambientales de las mismas.

El auto es director ejecutivo de Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN)

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