Lo de siempre: el que va al dólar pierde

Carlos M. Reymundo Roberts
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5 de mayo de 2018  

Después de mucho tiempo, esta semana volví a caminar como loco por las calles de la City porteña. No sean mal pensados: no buscaba dólares , sino información sobre la corrida. ¡Jamás en mi vida aposté al dólar! En todo caso, en algunas ocasiones me he puesto a resguardo de la caída del peso. Del peso, del austral y del argentino, la moneda que creó Rodríguez Saá y que, gracias a Dios, nunca llegó a circular. Si el futuro de Rodríguez Saá como presidente siempre fue incierto, imagínense el del argentino: un billete con esa denominación tenía pocas chances de resultar más atractivo que el dólar.

Lo primero que noté yendo de acá para allá por la City fue que no había largas filas frente a bancos y casas de cambio. Solo se veían grupos frente a las pizarras para ver los saltos del dólar. Quiero decir: era una corrida... sin gente corriendo. Los que movían la cotización eran grandes inversores, no el chiquitaje. No había pueblo cambiando sus pesos. "¡Un golpe de los mercados!", bufaban los kirchneristas cuando atravesaban estas crisis. Para el gobierno de Macri no es un golpe, sino un aviso. Un aviso de que algo no estaba funcionando bien. O que muchas cosas estaban funcionando mal. Por ejemplo, si poniendo las reservas no lograban parar la estampida, ¿por qué no ponían la primera? Ahora es bastante obvio que el cambio de política monetaria -en realidad, de política económica- anunciado el 28 de diciembre fue un grave error. No por haberlo informado el Día de los Inocentes, sino porque los mercados tomaron nota de que a Sturzenegger, el león de las tasas de interés, el guardián del peso, lo habían enjaulado.

Otro paso en falso fue el impuesto a la renta financiera, hijo dilecto de Sergio Massa. A Massa hay que hacerle caso en todo, menos en las cosas que propone cuando es oposición. Por algo ni los Kirchner se animaron a tanto. O quizá no lo hicieron porque ellos mismos iban a sufrir una sangría. Después, cuando esta corrida era todavía una minicorrida, impulsada desde afuera por monedas que se movían contra el dólar, el Banco Central -una autoridad monetaria que había perdido autonomía y, lo peor, autoridad- sobreactuó la reacción. Los fondos de inversión, que tenían unos 10.000 millones de dólares en Lebac (el dato me lo pasa uno de mis economistas de cabecera, Dante Sica), vieron la oportunidad de hacer la diferencia y se zambulleron. El dólar es buen pagador, pensaron estos tipos, duros de corazón y durísimos de bolsillo.

En la reunión urgente de anteayer a la tarde en la Casa Rosada hubo un interesante brainstorming. Para revertir la cosa se barajaron las siguientes alternativas. 1) Pedirles a Cristina y a Lázaro Báez que volcaran al mercado los cientos de millones de dólares que tienen encanutados en pozos, sótanos y paraísos fiscales; a cambio les iban a ofrecer mejorar su situación judicial. 2) Pedirle a Moreno el know how de aquellas célebres redadas policiales contra cueveros a punta de pistola. 3) No ponerle un cepo al dólar, sino a Cavallo, que, con reminiscencias de 2001, cada vez que habla incendia algo. 4) Que Sturzenegger declarase: "El que apuesta al dólar pierde". 5) Que Marcos Peña dijera en el programa de Marcelo Longobardi: "El que apuesta a las tasas gana". 6) Hacerle decir a María Eugenia que "las cloacas que se están construyendo en el conurbano son mucho más importantes que el mercado cambiario". 7) Negociar un préstamo de dólares de Venezuela. 8) Ofrecerle los ministerios de Hacienda y de Finanzas a José Luis Espert; no para que acepte, sino para asustar al equipo económico. 9) Subir las tasas y reducir el déficit fiscal. 10) Que el Presidente hablara por cadena nacional para llevar tranquilidad al país; el discurso terminaría con palabras robadas al Papa: "Recen por mí".

Finalmente, por unanimidad, se decidió ir a lo propuesto en el punto 9. La cosa funcionó: ayer el dólar abrió en baja, siguió en baja y terminó en baja, y ahora que no siga bajando porque crujirán las economías regionales, el sector exportador y la UIA, y pondrá a llorar a todo el arco opositor. El hashtag #yoseloaviseynomehicieroncaso se viralizó posteado por Prat-Gay, Melconian, De Pablo, Lousteau y varios más. Humildemente, yo también se lo avisé. OK, no seré un gurú, pero camino la City y soy amigo de Kicillof.

Tendremos entonces tasas por las nubes y recorte del gasto. Menos consumo, menos actividad, menos obra pública. Qué dolor: menos obra pública. Ajuste, señores. La crisis ha marcado el camino. A no gastar lo que no se tiene. A no bartolear. A no jugar con fuego. "Puede que sea el momento de salir de la Argentina", advirtió Forbes en las aciagas horas del jueves. El problema de los mercados y de Forbes es que no tienen sensibilidad política. Sospecho que no entienden el gradualismo, el credo laico de Cambiemos. Si cumple lo que se anunció ayer, será lo menos gradual que haya hecho Macri.

Dura semana. Hoy a la noche, cuando apoye la cabeza en la almohada, voy a tratar de pensar en cosas lindas: crece el empleo, se reactiva la industria, es récord la venta de autos, mejoran los números fiscales, nos prometen que empezará a bajar la inflación.

Volveré a poner Lebac, y no dólares, debajo del colchón.

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