Ushuaia: vidas paralelas del penal y la iglesia

La iglesia de Ushuaia.
La iglesia de Ushuaia. Fuente: Archivo - Crédito: Fototeca del Archivo General de la Nación.
Daniel Balmaceda
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8 de mayo de 2018  • 01:46

Casi nacieron al mismo tiempo. En 1893, surgió en Ushuaia el proyecto de dotar al poblado con una iglesia católica; mientras que, a fines de 1895, desde Buenos Aires se resolvió enviar un grupo de presidiarios y carceleros para instalar una Colonia Penal en aquellas lejanas tierras del sur.

Debe tenerse en cuenta que la Iglesia Anglicana se había emplazado antes, en 1869, cuando el reverendo Waite Stirling creó una comunidad siguiendo los pasos de Allen Gardiner, el misionero británico que había llevado su prédica a los yamanes en la década de 1840.

Con las autorizaciones correspondientes, los curas salesianos iniciaron la construcción de la iglesia en 1896. ¿Los materiales? Maderas (provistas por el aserradero de la vecina Cárcel de Reincidentes) y chapas acanaladas. El templo de Nuestra Señora de la Merced, con su torre y campanario de catorce metros de altura, se inauguró en la víspera de la Navidad de 1898, cuando se registró el bautismo de una veinteañera nativa, Elvita Acualusquinpa.

El histórico penal en el confín del mundo.
El histórico penal en el confín del mundo. Fuente: Archivo - Crédito: Fototeca del Archivo General de la Nación.

La construcción del actual presidio se inició en 1902. Fue consolidándose y sus instalaciones crecieron a partir del duro trabajo cotidiano de los condenados. En la imagen antigua vemos la panadería, proveedora de condenados, carceleros, exiliados políticos y tripulaciones de los barcos que anclaban en el puerto.

En 1947, durante la gestión de Roberto Petinatto (padre del músico) como director general de Institutos Penales, el presidio de Ushuaia fue cerrado. Ese año también se tomó la decisión de levantar una nueva iglesia. ¿Qué pasó, entonces, con la histórica parroquia? Perdió su torre y se convirtió en carnicería.

Las dos edificaciones lograron resurgir a instancia de vecinos entusiastas que presentaron proyectos para crear un museo marítimo en uno de los pabellones de la cárcel (1994) y para reconstruir la iglesia (1997). Hoy ambas forman parte de la memoria patrimonial de la ciudad más austral del mundo.

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