Perros de la calle: rodaje en tiempo récord, un actor borracho y una escena polémica

Perros de la calle, el film que le abrió las puertas de Hollywood a Tarantino
Perros de la calle, el film que le abrió las puertas de Hollywood a Tarantino
Martín Fernández Cruz
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8 de mayo de 2018  • 00:36

Desde hace poco menos de tres décadas, Quentin Tarantino es uno de los grandes cineastas de Hollywood. A poco más de 25 años de su ópera prima, reconstruimos la historia detrás de Perros de la calle y cómo los astros (estelares, no cinematográficos) parecieron alinearse para que el cinéfilo menos pensado, se convirtiera en el cineasta más aplaudido de su generación.

Tarantino: sus años punk

Quentin Tarantino y sus años de cinéfilo.
Quentin Tarantino y sus años de cinéfilo.

A comienzos de los noventa, la irrupción de Tarantino en el panorama cinematográfico mundial era la versión Cenicienta del autor cinematográfico, la historia de un hombre que sin ningún tipo de preparación académica aprende a hacer cine por pura intuición. Tarantino no necesitó pasar por ninguna universidad para reformular las reglas del cine a fuerza de mutilaciones fílmicas y diálogos pop en fast forward. Su historia comienza cuando luego de ser expulsado como acomodador de un cine para adultos a los 16 años (mintió su edad para poder trabajar ahí), a los 22 consigue su trabajo soñado en un video club en Mahattan Beach: "La gente piensa que me enamoré del cine porque trabajé ahí, pero lo cierto es que como estaba enamorado es que trabajé ahí". Durante los cinco años que estuvo allí, su consumo de VHS no tuvo límites: desde autores prestigiosos como Truffaut o Pasolini, a otros clásicos malditos como Jesús Franco o Tonino Valerii, todos los directores eran aptos para su avidez.

De ese período de cinefilia en pantalla chica, el futuro director absorbía incansablemente conocimientos en forma de videocassette mirando películas a un ritmo vertiginoso, y mientras muchos estudiantes de cine buscaban ser el nuevo Spielberg, Tarantino soñaba con los primerísimos primeros planos de Sergio Leone. Convencido que su época de estudiante autodidacta había llegado a su fin, renunció al video club y puso en marcha su sueño de hacer cine. "Cuando me fui de ahí sabía que iba a tener éxito. No sabía cuánto me tomaría, pero yo lo sabía. Siempre lo supe", dijo Tarantino a la revista Vanity Fair durante el estreno de Pulp Fiction. Eso fue en 1994, y con solamente dos películas bajo el brazo, él ya se había convertido en el autor cinematográfico más importante de la escena independiente.

Un guion de apenas tres semanas

El final de Perros de la calle remite directamente a los tiroteos de los films de John Woo
El final de Perros de la calle remite directamente a los tiroteos de los films de John Woo

En 1989, Quentin tenía dos proyectos en mente: True Romance y Perros de la calle, pero no encontraba nadie que quisiera financiarlos con él como director. Mientras buscaba el dinero conoció a Tony Scott, que pretendía comprarle las dos historias. El se negó, pero sabía que necesitaba plata para filmar. Así que como una versión tarantinesca de La decisión de Sophie, Quentin decide que debe dejar ir a uno de esos guiones para obtener algo de dinero para empezar a filmar. La elección fue difícil, pero le vendió a Scott True Romance por cincuenta mil dólares, el mínimo estipulado por el gremio. Y esa suma le daba un piso de financiación para Perros de la calle, el film con el que pretendía destruir el mundo de las óperas primas (porque el amateurismo de My Best Friend´s Birthday difícilmente podría definirse como el verdadero debut de Tarantino en el cine).

En el verano de 1991, el muchacho del mentón prominente se inscribe en un taller de guion dictado en el festival de Sundance. En ese seminario, aparte de conocer a Steve Buscemi (un actor clave en la escena del cine indie americano de los noventa), también encuentra un consejo de lo más valioso. El director Terry Gilliam, miembro de los Monty Python, leyó el guion de Perros de la calle y le dijo cuál era la clave más importante a la hora de dirigir: "Una de las cosas que tenés que aprender para ser director es que no tenés que hacerlo todo, sino que debés contratar a profesionales talentosos para que ellos lo hagan por vos. Tenés que contratar a un director de fotografía que pueda lograr la calidad de imagen que buscás, a alguien que diseñe vestuario para que encuentre los colores y diseños que vos querés".

El personaje de Steve Buscemi insiste sobre la importancia de ser profesional, un guiño con el que Tarantino homenajeó al típico héroe de los films de Howard Hawks.
El personaje de Steve Buscemi insiste sobre la importancia de ser profesional, un guiño con el que Tarantino homenajeó al típico héroe de los films de Howard Hawks.

El guion de Perros de la calle, que al director le tomó solamente tres semanas y media escribir, era una de las promesas que más interés generaba en la escena independiente. Finalmente el productor que decidió hacerse cargo del proyecto fue Lawrence Bender, un profesional que en su haber solo tenía una película de terror clase B llamada Intruder. Bender no tenía demasiadas cartas para jugar, pero la única que tenía era, como poco, un ancho de bastos: Harvey Keitel . A través de una profesora de actuación, el productor le hizo llegar el guion al actor de Taxi Driver. Al poco tiempo, Tarantino se emocionaría al escuchar en su contestador automático la voz del Keitel diciéndole que coproduciría su proyecto. La llegada de un actor de este calibre subió el presupuesto considerablemente a un millón doscientos mil dólares, y a partir de allí el film comenzó a tomar forma concreta.

Un pequeño párrafo aparte merece la irrupción de Monte Hellman, uno de los grandes nombres ocultos en la historia del cine. Dueño de un estilo inclasificable, Hellman es de esos directores olvidados por las enciclopedias de cine a quienes Tarantino tanto admiraba. El destino quiso que Monte leyera Perros de la calle y mostrara un genuino interés por dirigirlo. Pero Quentin, orgulloso por el elogio pero celoso de su criatura, le dijo que él mismo pensaba realizarla. Hellman, convencido del potencial del proyecto, se sumó como productor y luego también se convirtió en coordinador de Tarantino para asesorarlo con las dudas que el joven realizador pudiera tener durante la filmación.

El procesó de casting comenzó y rápidamente nació el resto de la banda. Steve Buscemi apareció en escena y fue elegido para interpretar al señor Rosa, un personaje que Tarantino se había reservado para él mismo, pero al que renunció cuando vio el talento de Buscemi. Michael Madsen también llegó, pero solo interesado en interpretar al señor Blanco. Quentin, decido a no dejar escapar a ese actor, le dijo: "O sos el señor Amarillo o no sos nada en la película". A medida que el casting avanzaba, la lista de interesados en trabajar aumentaba e incluía a nombres como George Clooney, Matt Dillon, Viggo Mortensen y Samuel L. Jackson. Pero de todos los aspirantes, uno de los que más llamó la atención de Quentin fue Tom Waits, que luego de leer la historia le aseguró al director que su trabajo "era poético". Años más tarde, Tarantino reveló que ese elogio fue uno de los primeros que recibió cuando Perros de la calle no era más que una idea escrita en Courier.

Filmando a los Perros

Primer avance de Perros de la calle - Fuente: YouTube

2:03
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Al igual que la escritura del guion, el rodaje de Perros de la calle fue un proceso muy veloz. Tarantino sabía que debía economizar el tiempo porque el presupuesto no sobraba, aunque su meticulosidad muchas veces enloquecía al productor Lawrence Bender. Finalmente, la filmación concluyó al cabo de apenas 35 días, un tiempo récord.

El principal obstáculo que enfrentó Tarantino durante el rodaje era aceptar que por falta de presupuesto, el famoso robo no iba a poder mostrarse. Pero esa ausencia, el director la convirtió en su principal ventaja. Toda la historia gira alrededor de un fuera de campo gigantesco y la idea de centrar el relato a través del recuerdo que los protagonistas tienen de ese robo y no a partir de actos concretos, le da al film no solo una suerte de narrativa tipo Rashomon, sino también un inesperado aspecto lovecraftiano en el cual el monstruo no se ve, pero se lo describe meticulosamente convirtiéndolo en un acto absolutamente terrorífico.

Tim Roth, que durante buena parte de la película se encuentra tirado en un charco de sangre, fue uno de los actores que más sufrió el rodaje.
Tim Roth, que durante buena parte de la película se encuentra tirado en un charco de sangre, fue uno de los actores que más sufrió el rodaje.

Con el correr de los días, hubo pequeños desacuerdos entre Tarantino y Hellman. El veterano realizador consideraba que algunas escenas debían ser más prolijas desde lo técnico, pero a Tarantino la prolijidad le interesaba mucho menos que el impulso por inyectarle adrenalina al relato. Pero más allá de estas diferencias, el mayor problema del director durante el rodaje fue enfrentar una y otra vez a Lawrence Tierney, el veterano actor que interpretaba a Joe Cabot. Tierney desde el día uno pretendió convertirse en el dueño de la filmación y Tarantino tuvo que mantenerse firme en su postura por no ceder poder. A los tres días del rodaje y luego de discutir en reiteradas oportunidades e incluso soportar que el actor llegara borracho al set y con sus parlamentos sin aprender, Quentin lo echó, aunque al poco tiempo lo volvió a contratar. Sin embargo, Tierney no modificó demasiado su actitud. El punto más álgido entre ambos fue cuando el director debió sacarlo de prisión porque éste había amenazado con un arma de fuego a su propio sobrino.

La oreja maldita del cine

El señor Rubio se divierte mutilando al policía interpretado por Kirk Baltz.
El señor Rubio se divierte mutilando al policía interpretado por Kirk Baltz.

En su libro sobre Perros de la calle, el ensayista Francisco Plaza dice que hay dos orejas que redefinieron al cine moderno: la que aparece tirada en un jardín al comienzo de Terciopelo Azul, y la que el señor Rubio le arranca al policía en la famosa escena de la tortura. Muchísimo se habló sobre el impacto de ese momento en las primeras proyecciones de la película, y lo mucho que le insistieron a Tarantino para que quitara esa escena.

Stuck In The Middle With You - Stealers Wheel - Fuente: Youtube

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Michael Madsen, el actor encargado de dicha carnicería, varios años más tarde recordó que hubo mucho de improvisación. Según reveló Madsen, el guión solo decía que su personaje "se ponía a bailar como un maníaco", y él no sabía bien qué significaba eso. Pero cuando la música sonó, no pudo más que rendirle homenaje a uno de sus grandes ídolos: "Me acordé de ese bailecito demente que hizo James Cagney en una película, y se me ocurrió en ese momento hacer eso". Otro aspecto clave en la construcción de esa escena, es la recordada "Stuck in the Middle With You", una canción ganchera y poco conocida de esas que a Tarantino tanto le gusta popularizar (el registro musical de su obra es otra de las firmas del autor). En una entrevista de 2014, Quentin reconoció que prácticamente todo el presupuesto que tenía destinado para la compra de canciones, lo gastó en asegurarse los derechos de ese tema. Tarantino sabía que el sadismo de esa escena convertía a esa oreja cercenada en el corazón de la historia, y que por ese motivo el registro musical debía ser perfecto.

Mi amigo Harvey

La ganchera presentación del film - Fuente: YouTube

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Perros de la calle fue la gran protagonista en dos festivales de renombre: Sitges y Sundance. En ambos eventos el largometraje obtuvo un enorme reconociendo. En el primero, Tarantino se labró un nombre, aunque perdiera el premio principal en manos del film francés Sucedió cerca de su casa (una hipnótica película grabada en tono de falso documental acerca de un asesino serial). En Sundance, la historia fue similar, pero con una diferencia clave: Perros de la calle fue comprada para su distribución, momento en el que entra en escena Harvey Weinstein .

Weinstein en el Sundance de 1992 comprendió rápidamente que Tarantino era una joven promesa y que debía capitalizar el talento del realizador. Pero la escena de la oreja le parecía que podía jugar en contra. Mientras en funciones festivaleras algunos realizadores como Wes Craven se habían levantado de la sala por la violencia de ese momento (una anécdota que Tarantino se colgó como una de sus grandes medallas, el haber espantado al mismísimo padre de Freddy Krueger), Weinstein buscó una segunda opinión en Eve Chilton, su esposa de aquel momento. Ella vio el film y le dijo a Weinstein que esa escena era totalmente inadmisible. El productor le comunicó esa opinión a Tarantino y él fuera de sus cabales respondió: "¡Es que no hice la película para tu mujer!". Harvey entonces apostó por Quentin y distribuyó el film sin ningún tipo de corte, pero dejando muy en claro quién era el dueño de la pelota: "Quentin, nunca te olvides que fue Miramax la que permitió que estrenes tu película exactamente como querías".

El productor que hoy protagoniza el escándalo de abusos sexuales más grave en la industria de Hollywood, en los noventas se encargó de darle difusión al cine independiente a través de su sello Miramax. Y que Weinstein comprara Perros de la calle para distribuirla, le permitió a Tarantino dar un paso vital en su carrera como director. A partir de allí hubo entre ambos un vínculo de amistad y negocios que se extendió hasta el año pasado y que a la luz de los abusos perpetrados por el productor, se convirtió para el director en una incómoda sociedad que prefirió dejar en el olvido.

La película independiente que hizo historia

Cuando el film cumplió 25 años, el equipo se reunió para festejar el aniversario.
Cuando el film cumplió 25 años, el equipo se reunió para festejar el aniversario.

Perros de la calle tuvo un limitado estreno en los Estados Unidos y a duras penas logró recaudar el capital invertido. Pero para Tarantino, la victoria había sido fulminante. La película se convirtió en el debut de un realizador con el que todos querían trabajar. Su forma de retratar la violencia, su rabioso mundo de diálogos pop y la licuadora de géneros y estilos en los que armoniosamente podían convivir nombres tan opuestos como Howard Hawks o Jean-Luc Godard, lo llevaron a ser el nuevo autor de moda. Tras el buen recibimiento por parte de la crítica, Quentin se instaló en Ámsterdam para terminar de darle forma a Tiempos Violentos, una carta de amor a los relatos pulp que tantas alegrías le habían dado en su adolescencia. Nueve largometrajes más tarde y con un nuevo proyecto centrado en el Hollywood más oscuro de los sesentas , Quentin aún es el gran transgresor del cine norteamericano. Y todo comenzó con una oreja.

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