Un traspié para el ala política de Cambiemos que acotó el disenso

Damián Nabot
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6 de mayo de 2018  

Marcos Peña, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta resultaron derrotados. Y no fue el peronismo unido y vociferante el promotor de la capitulación, sino los mercados financieros, que mostraron un poder de daño muy superior a la oposición unida. El ala política de la coalición gobernante había convencido en diciembre al titular del Banco Central, Federico Sturzenegger, de reducir las tasas para aliviar la cuerda en torno a la actividad económica. En pocos días, la corrida financiera contra el peso alcanzó para esparcir el miedo en la columna vertebral del Gobierno y convencer a Mauricio Macri de tirar por la borda la reducción de tasas y prometerles a los mercados que estaba dispuesto a sacrificar obras públicas y crecimiento para aplacar la tormenta.

Por las dudas, desde la gobernación y la Jefatura porteña transmitieron enseguida que coincidían con las medidas que había tomado el Presidente. El temor disciplina. Los anhelos quedaron relegados para tiempos más seguros. Precavidos, tanto la provincia como la ciudad también suscribieron en los últimos meses más de 100.000 millones de pesos en letras del Tesoro y del Banco Central: una apuesta a las tasas de Sturzenegger para compensar los retrocesos políticos.

El anuncio de reducción de obras de Nicolás Dujovne fue general. Ya llegará el momento de ponerles nombre y apellido a las inversiones que se demorarán por falta de financiamiento. En la provincia, si se cerrara la canilla nacional la escasez podría afectar las mejoras en las rutas nacionales o las obras de soterramiento del ferrocarril Sarmiento. De todas formas, la desaceleración ya había comenzado a notarse en obras de cloacas.

La proximidad de Vidal y Rodríguez Larreta con los votantes es mucho más estrecha que las fronteras que se interponen hasta llegar a Macri. De ahí las motivaciones que los llevaron a expresar sus preocupaciones sobre el nivel de actividad y los picos en los aumentos de tarifas. Rodríguez Larreta tiene en su agenda recorridas cotidianas por los barrios, una suerte de encuesta personal sobre el humor social; como el jueves, cuando caminó por la avenida Santa Fe mientras las pantallas de la City mostraban los resultados de la pulseada entre Sturzenegger y los inversores. En el roce vecinal, los temblores se perciben antes.

El Gobierno intenta que el proyecto sobre tarifas del peronismo languidezca en el Senado con el apoyo de los gobernadores. Los impulsores de la oposición llamaron insistentemente el jueves para frenar las fugas de votos, y les prometieron a los jefes provinciales que mantendrían el IVA y sus arcas tributarias indemnes. El temor de Rogelio Frigerio es una realidad: así como la Casa Rosada jugó con las demoras de los fondos provinciales, los gobernadores pueden quitarles entusiasmo a las gestiones para convencer a sus diputados de votar en contra.

"El peronismo olió sangre", reconstruyó con crudeza el asesor de un gobernador norteño. Los llamados a los economistas arreciaron, hasta que el viernes la tempestad amainó. Sergio Massa se pasó el jueves en contacto con su equipo económico: Roberto Lavagna, José Ignacio de Mendiguren, hasta llegó a consultar al pintoresco Javier Milei. Allí, una pregunta se repite con sustento de sensatez: ¿por qué el Gobierno insiste en restarle importancia a la sangría de dólares del déficit comercial? En el primer bimestre creció un 600% y la Universidad Austral estima que será récord en 2018.

En el oficialismo, el temblor ahogó las tibias disidencias que insinuaron. Puertas adentro de la Casa Rosada, las valentonadas se transformaron en timidez. No debió esforzarse Juan José Aranguren para ratificar su plan tarifario ante radicales y emisarios de Carrió. Solo resignó una bandera: cree que al aplanar las subas los usuarios perderán motivación para ahorrar energía en períodos de alto consumo.

Ningún dirigente oficialista cuestionó el objetivo de llevar el déficit al 3,2%. Ahora se achicó al 2,7% sin que nadie los consultara. El mercado financiero resultó más efectivo para modificar metas que los disidentes. A partir de mañana, el objetivo del Gobierno será comunicar que tiene la situación bajo control. Pero como el recuerdo de un mal sueño, en el equipo económico permanece la inquietud del dato que el miércoles despertó la zozobra: un solo operador del mercado compró un millón de dólares y empujó el precio mayorista del dólar de 22 a 23 pesos minutos antes de que cerraran las operaciones. Le resultó demasiado fácil. El macrismo deberá demostrar que puede aprender de las crisis.

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