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La serie que muestra las casas más extraordinarias del mundo

Marcelo Pavazza
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7 de mayo de 2018  

Después de ver la primera temporada de no queda otra que coincidir con el amargo chiste que la crítica de TV Lucy Mangan deslizó en su reseña del show para The Guardian: "Queda claro que no estoy viviendo mi mejor vida". Pero el programa que desde principios de año se esconde en la sección Documentales de Netflix no solo deja una sensación de impotencia dados nuestros pobres destinos, también nos cuenta que existen millonarios que se escapan del cliché y ven más allá de sus caprichos. Entendámonos: una casa cuyo techo son las alas de un 747 -como la que inaugura la serie- suena a priori como una extravagancia, pero la explicación de por qué su propietaria gastó $50.000 en un avión en desuso y el lugar del mundo donde está emplazada -la zona montañosa de Santa Mónica- disuelven toda pretensión de notoriedad en favor de un concepto de paisajismo tan exacto como lúdico. O mejor aún: del más puro y simple bienestar.

El programa expande esa premisa a lo largo de sus cuatro episodios. Cada uno tiene un eje temático: montaña, bosque, costa y bajo tierra. Dentro de esos marcos fijos, y apelando a la diversidad arquitectónica, subyace una idea fuerza: las casas erigidas en esos ámbitos son tan lujosas y perfectas como respetuosas del medio ambiente que las rodea; y a pesar de que satisfacen hasta el más extremo de los deseos de confort, están inmersas en él y jamás suenan antojadizas ni con ambiciones de aparecer en Architectural Digest (aunque de hecho muchas lo hayan hecho).

Original de BBC Two, TWMEH le debe bastante de su encanto al mix de academicismo y diversión logrado por sus anfitriones. La reconocida actriz y entusiasta de los bienes raíces Caroline Quentin y el premiado arquitecto Piers Taylor conforman un binomio de indudable química. Un detalle no menor ya que no se conocían en persona. El dúo de británicos viaja de país en país, y a su manera (ella, más expeditivamente; él, con el moderado entusiasmo que da el conocer el paño) ambos se maravillan con las espectaculares casas con las que se topan. Ya sea en dupla, combinando sus propias voces en off o en los momentos donde por separado muestran diferentes aspectos de las moradas, conducen cada segmento -se ven cuatro casas por episodio- con aplomo y gracia, aunque a veces empalague un poco el aparatoso acento inglés. En el final del recorrido siempre charlan con los arquitectos encargados del diseño o con los propietarios -y a veces con ambos- para saber de dónde provino la inspiración y cómo se llevó a cabo el trabajo de plasmarla. No faltan las fotos del proceso de edificación ni las anécdotas personales que enriquecen la narración, como la de esa pareja que cuenta que la tremenda y estresante tarea de construir el hogar de sus sueños los puso al borde del divorcio.

Aunque las verdaderas estrellas del programa son, por supuesto, las casas. En las de montaña sobresalen la extraordinaria Te Kaitaka, en Nueva Zelanda, o la sorprendente House on the Rigi, que incrustada en una ladera de los Alpes Suizos da la impresión de estar flotando entre las nubes. El episodio siguiente exhibe cómo el bosque se aprovecha -y se respeta- como nunca en Casa Levene (a una hora de Madrid), o en Piha -otra vez Nueva Zelanda-, donde la morada está rodeada de árboles pohutukawa. El capítulo dedicado a la costa revela una simétrica construcción doble en Canadá que se asemeja a dos barcos encallados, y el último, el de las edificaciones subterráneas, impacta con una villa frente al mar en Grecia y una preciosa casa escondida en los Alpes Suizos.

En fin, deseos cumplidos de gente a la que se le adivina una abultada cuenta bancaria. Un aspecto que el programa toca tangencialmente: aquí no se habla de cantidades específicas de dinero. Sí de anhelos, sueños realizados y futuros tan maravillosos como las casas que habrán de albergarlos.

Más que comida

¿Habrá un chef más irreverenteque Anthony Bourdain? Sí, David Chang. Pero que el norteamericano de raíces coreanas que revolucionó Nueva York cuando en 2004 abrió Momofuku esta vez no se traicione, es motivo de agradecimiento. Es que sin esa altanería no existiría Ugly Delicious, la docuserie de Netflix donde Chang, junto con una serie de celebridades, indaga a lo largo de ocho capítulos en las raíces de platos tradicionales, sus derivaciones y en sus alcances. Una fiesta inconoclasta y gourmet.

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