Madres adolescentes: de la falta de contención del Estado a la postergación de proyectos personales

Camila Castillo, de 23 junto a su hijo Agusto Gael, de 4
Camila Castillo, de 23 junto a su hijo Agusto Gael, de 4
Pedro Colcombet
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7 de mayo de 2018  • 14:55

En la puerta de un jardín de infantes del barrio Mariló, partido de Moreno, un grupo de madres charla luego de asegurarse que sus hijos entraron al edificio. La gran mayoría supera los 30 años. En el medio de la conversación, se genera un breve silencio cuando llega Camila Castillo, de 23, con su hijo Agusto Gael, de 4. "Hay varias madres en el jardín que me miran mal, porque me llevan varios años y porque yo fui madre adolescente", cuenta Camila.

Su historia, que comenzó con miedos e incertidumbres, se repite en miles de casos en todo el país: solo en el último año, hubo más de 100.000 partos de chicas de entre 15 y 19 años. Según datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), de los 700.000 nacimientos al año que hay en Argentina, el 16% corresponde a adolescentes. Este porcentaje aumenta en algunas provincias, como Chaco y Formosa, donde llega al 25%.

¿Por qué sucede? No hay una única explicación, señalan los expertos: padres que desatienden a sus hijos, poca o mala información sexual, tanto en la escuela como en el hogar; un despertar sexual cada vez más prematuro o, incluso, el embarazo cómo proyecto de vida.

Camila recién había cumplido 18 años cuando se enteró que estaba embarazada de Gael. Si bien ya no asistía a la escuela con regularidad, tenía la vida de cualquier joven. "En ese momento mis preocupaciones eran las de una adolescente: a qué boliche íbamos a ir con mis amigas o qué día iba a ver al chico con el que salía", confiesa.

La joven afirma que, si bien no siempre tomaba las precauciones necesarias, en ese momento recibió bien la noticia de su embarazo. "No me lo esperaba, pero tampoco lo tomé mal. De hecho, me puse contenta, tanto que mi familia se enojó conmigo. Ahora me doy cuenta que no era consciente de las responsabilidades que conllevaba ser madre", recuerda.

Desde Unfpa sostienen que más de la mitad de las adolescentes que quedaron embarazadas afirman no haberlo buscado. Sobre este dato, Camila opina: "Es una combinación de cosas, pero el principal problema es que los más jóvenes no se cuidan bien y muchas veces no saben cómo hacerlo. Es ridículo si lo pensás, pero no se habla de forma clara de este tema en las familias e incluso en las escuelas, a pesar de tener materias de educación sexual".

Educación sexual y proyecto de vida

Si bien pasaron más de once años desde la sanción de la ley 26.510 de Educación Sexual Integral, la presidente de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer ( FEIM), Mabel Bianco, advierte sobre su falta de implementación por parte del Estado y las escuelas, tanto públicas como privadas. Bianco detalla: "Esta ley es integral y debería abarcar desde el nivel primario hasta el secundario, ya que contempla una formación total sobre la prevención de enfermedades de transmisión sexual y de métodos anticonceptivos para evitar embarazos no deseados".

"Claramente gran parte de la política tiene miedo de respaldar la implementación ley por las quejas que pueden recibir de los sectores conservadores, como ocurre en la provincia de Buenos Aires. De esta forma no se trata ni el problema ni la solución", declara la presidenta del FEIM.

Respecto a esta temática, Felicitas Jordán, psicóloga y encargada del Grupo de Mujeres de la Fundación Franciscana, explica que los embarazos adolescentes no solo se relacionan con la falta de educación sexual, sino también con la construcción de un proyecto de vida. "Para muchas chicas en contextos de vulnerabilidad social, un embarazo no buscado viene a resignificar una identidad: soy alguien para alguien", comenta.

Otra vecina de Mariló, Rocío, de 22 años y madre de Brisa, de 5, coincide con este pensamiento. "Me sorprendió la noticia. Yo quería quedar embarazada, pero más adelante", asegura Rocío, quien luego tuvo dos hijas más y formó una familia.

Tanto Rocío como Camila, al quedar embarazadas se vieron obligadas a abandonar sus estudios secundarios por falta de tiempo. Felicitas Jordán agrega: "La llegada de un hijo es de tal importancia que muchas madres quedan totalmente postergadas en su proyecto de ser mujeres. Olvidan sus propios deseos y necesidades".

Rocío, de 22, junto a su hija mayor Brisa, de 5. Luego tuvo dos hijas más y formó una familia
Rocío, de 22, junto a su hija mayor Brisa, de 5. Luego tuvo dos hijas más y formó una familia

Por su parte, Camila vio cómo la responsabilidad de ser madre no le permitió vivir con normalidad la última etapa de su adolescencia. Pero ella cree que fue por un buen motivo. "Yo podría haberlo tenido y seguir saliendo como antes. Pero no quería ser la típica madre adolescente que no se hace cargo ni que a Gael lo terminaran criando sus abuelos o tías", explica.

Al poco tiempo de ser madre, Camila comenzó a trabajar en un local de comida rápida. Si bien Gael y ella viven con sus padres, quería tener el dinero para pagar el alimento, la ropa y los remedios de su hijo. Actualmente trabaja como depiladora a domicilio y está terminando un curso de maquillaje profesional.

"Cuando sos una madre adolescente lo importante es encontrar el equilibrio. Yo trabajo, crío a mi hijo y hasta a veces me junto con amigas. No es necesario privarte de todo para ser una buena madre", afirma. De todas formas, advierte: "Inevitablemente me distancie de algunas amigas, porque nos preocupaban distintas cosas. A ellas les indignaba el precio de los boliches y a mí me indigna el precio de los pañales".

¿Qué tan complicado es ser madre adolescente? Camila advierta que existe una gran falta de contención de parte del Estado, pero que la sociedad también juzga. "Sentís la mirada de la gente del barrio, la sociedad en general te sentencia, te hacen sentir la carga de ser madre adolescente, como si fuese un crimen", destaca. Para que estas niñas madres se sientan acompañadas y puedan salir adelante,en especial, cuando no tienen el apoyo de su familia, hay muchas organizaciones civiles -como Fundación Franciscana- que abordan la problemática de la maternidad precoz y brindan contención a las jóvenes.

"Inevitablemente me distancie de algunas amigas, porque nos preocupaban distintas cosas. A ellas les indignaba el precio de los boliches y a mí me indigna el precio de los pañales", cuenta Camila
"Inevitablemente me distancie de algunas amigas, porque nos preocupaban distintas cosas. A ellas les indignaba el precio de los boliches y a mí me indigna el precio de los pañales", cuenta Camila

Una vez que pudieron acomodarse a su nueva realidad, para Rocío y Camila la maternidad no fue un impedimento para retomar sus estudios. La primera sueña con ser enfermera y la segunda quiere estudiar comunicación y convertirse en periodista.

"La adolescente que queda embarazada y decide tener a su hijo debe entender que para ser una buena madre no alcanza con dar a luz y decir: amo a mi hijo. Va más allá, tenés que asegurarle un techo, comida, educación y, esencialmente, una vida digna", concluye Camila.

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