Sofía Gala Castiglione: la mujer irreverente que no teme alzar la voz

Así recibía Sofía Gala el premio Concha de Plata en el Festival de San Sebastián por Alanis
Así recibía Sofía Gala el premio Concha de Plata en el Festival de San Sebastián por Alanis
Silvina Ajmat
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9 de mayo de 2018  • 18:57

PLAYA DEL CARMEN.- "¿Me dejás mostrar tus moretones, tu papada, tu cuerpo bellamente real, por favor?". Anahí Berneri ahora lo admite: quería chuparle la sangre como un vampiro a la musa de su última película, Sofía Gala Castiglione. El trabajo que directora y actriz hicieron juntas en Alanis fue así, vampírico. Ambas pusieron el cuerpo, le sacaron toda la energía creativa a la otra y se comieron el mundo. Alanis, una película argentina de producción independiente, filmada en tres semanas, sin extras, sin adelantos de subsidios y con un presupuesto ajustadísimo, viajó por festivales, y les dio a ambas reconocimiento internacional de la mano de premios como la Concha de Plata a la mejor directora y actriz respectivamente en San Sebastián. Y sigue haciendo su recorrido. La semana pasada, en México, Sofía Gala compitió con Daniela Vega, la protagonista de la película que este año se llevó el Oscar a mejor film extranjero, Una mujer fantástica, en la categoría mejor actriz de los Premios Platino, que celebran lo mejor de la producción audiovisual iberoamericana. No ganó, pero eso no hizo menos relevante su paso por la Riviera Maya -destino anfitrión de los Premios Platino en su quinta edición-: los medios españoles y latinos querían saber más de esa chica algo andrógina, de ceño fruncido y repentina carcajada, de labios pintados con ganas y piel blanquísima. Impune. Irreverente. No va a hacer ni decir ni posar si no quiere. No va a dar entrevistas de cinco minutos, va a cancelarlas. La prensa internacional verá entonces cuán deliberadamente espontánea y verdadera es.

Sofía Gala con su hijo, en Alanis
Sofía Gala con su hijo, en Alanis

"No voy a pedir disculpas por algo que pienso porque me parece peligroso", dijo una vez que podría reproducirse al infinito cuando de Sofía Gala se trata. Fue a propósito de la polémica desatada en los medios después de que dijera en un programa de televisión que si tuviera que elegir entre ser moza o prostituta, preferiría ser prostituta. Lo dijo ante una audiencia todavía muy pacata en cuestiones de género y ante un panelismo sordo, meses antes de que explotara la ola feminista de pañuelos verde que hoy acapara la atención televisiva y hace posible que las mujeres hablen fuerte en defensa de las decisiones que deberían poder tomar sobre sus propios cuerpos. A la distancia, temporal y física, desde un hotel con vista al mar Caribe donde fue invitada para celebrar y difundir su trabajo a nivel internacional, Sofía vuelve sobre esos pasos con algunas reflexiones y admite que quizás hay momentos y momentos para lanzar ciertas opiniones. Aun contra su impune voluntad. "A mí me parece que cada vez que saltan temas conflictivos, siempre la sociedad va a mostrar ese lado en el que todavía no evolucionó. Es muy fácil decir, cuando no hay conflicto, soy feminista, creo en esto, o soy progresista. Lo que es difícil es decirlo cuando determinados pensamientos se interponen", reconoce en una charla con LA NACION, justo antes de tirar la toalla y cancelar sus notas. "Odio la idea de 'no podés decir eso', porque uno puede decir lo que se le canta. Pero antes, yo me acuerdo de Lita de Lázzari diciendo no fueron 30 mil los desaparecidos y no pasaba lo que pasa ahora cuando alguien lo dice. Y eso es muy importante. Que globalmente la sociedad sepa que hay algo que está bien y algo que está mal. No es muy difícil de ver eso: ¿La mujer tiene que tener los mismos derechos que el hombre? Sí. ¿Vos no podés definir a alguien según su orientación sexual? No. No es ilógico lo que se pide".

Sofía Gala con su hijo y Anahí Berneri, en el rodaje de Alanis
Sofía Gala con su hijo y Anahí Berneri, en el rodaje de Alanis

Llegó a Playa del Carmen un jueves por la mañana con su pareja en un plan inmejorable: recorrida por los cenotes, playa, excursiones a los parques del complejo Xcaret, y hasta una gala exclusiva a cargo del espectáculo del Cirque du Soleil Joyà. Un lujo de los muchos que ya le dio el recorrido de premios de Alanis. Por delante queda su nominación a los premios Sur y Cóndor. ¿Y después? "Siempre hay un antes y un después en este tipo de papeles, no solo por el reconocimiento, en mi caso es muy personal Alanis, lo hice con mi bebé, es una película en la que estoy en la mayoría de los planos, por supuesto son grandes papeles que a uno le llegan que se conectan con el público y donde nada, cambian las cosas. Pero pensar en el antes y un después, en lo que viene, me parece que es cruel para con uno mismo, me parece que uno va teniendo distintas cosas en su trabajo que te van dando satisfacciones y después sí, sigo trabajando. Es hermoso, pero todo sigue igual en algún punto. Sí, tenés más trabajo, tenés otro lucimiento. Pero uno no se puede quedar estancada en qué viene después de esto que hice. Porque ahí es cuando te volvés loco, es Sunset Boulevard, quedás enganchado en algo del pasado y no podés seguir para adelante". Por eso, no se durmió en los laureles. Después de San Sebastián se subió a escena en dos obras de teatro, terminó el rodaje de una película, estrenó otra - 27, el club de los malditos, con Diego Capusotto a la cabeza- y anoche debutó al frente de En calzas, su programa junto a Julián Della Paolera, su marido, en FM Blue. Aunque el programa estará orientado a ser un espacio principalmente musical, en el que ambos conductores darán rienda suelta a su melomanía, sabemos que Sofía Gala con un micrófono por delante es una voz relevante. Ella también lo sabe. "Me parece que alzar la voz por ciertos temas es una decisión muy personal. Cuando hablo, no hablo como actriz, hablo como ciudadana de este planeta. Aprovecho mi lugar de actriz para manifestarme. Manifestarse es un símbolo de unión, cuando vos demostrás tu pensamiento entendés quiénes están al lado tuyo, te sentís unida a las personas y la unión es la lucha. No por actriz. Ser actriz es la condición que hace que se sepa lo que pienso".

-En los Premios Platino se vio cómo la producción audiovisual argentina se para con altura frente a tanques de una industria mucho más desarrollada como lo es la española. ¿Qué te parece que le falta al cine nacional para alcanzar ese estatus de industria?

-Es una situación complicada para el cine nacional. Me parece que la Argentina es un país que produce un cine increíble, y que es fundamental darle importancia a los pequeños proyectos. Si de golpe toda la plata se vierte en cinco monstruos que son los que podrían pagar sus propias películas, se va a acabar esto que es el cine independiente, experimental y creciente, que son los jóvenes tratando de hacer un cine nuevo. Me parece que justamente en el cine y en el arte, y más allá que lo comercial es importante, para que crezca hay que darle bola a lo que está fuera de las estructuras, oportunidades de lucimiento a los cineastas nuevos. También creo que deberíamos consumir más de nuestro cine. Tenemos proyectos que viajan por todo el mundo, nuestras películas son premiadas internacionalmente, tenemos el Bafici y el Festival de Mar del Plata, creo que va a tomar el lugar que se merece nuestro cine.

-¿Creés que faltan políticas que lo impulsen?

-Sí, es lo que digo. La cultura y el arte son muy importantes para un país. Hacen que el pueblo la pase bien, se relaje, se olvide de sus problemas, hay que darles lugar. Porque nuestro arte es buenísimo. No lo comparo con la industria gigante española en cuanto a lo monetario, pero tenemos un cine muy digno. Tenemos muchas satisfacciones, actores que triunfan en todo el mundo. A nuestro cine se lo valora afuera.

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